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Crecí en la calle el Pochotillo, Masaya, rebautizada por la comunidad como Arturo Velásquez, en homenaje a ese inmenso caballero asesinado frente a su casa por esbirros de la guardia de los Somoza, vecino querido por mi familia, Presidente de UDEL Departamental Masaya al fallecer.

Tenía 18 años cuando nos fuimos a Río San Juan, comarca Gordiano, súper montaña adentro, de Boca de Sábalo 1 día de camino a dicha comunidad, ríos espectaculares, vegetación mágica, mucho verde, muchisísimas serpientes, dantos, wiyas (guardatinajas), armadillos, monos congos, ganado, bestias.

Viví con los López, alfabeticé a 16 de ellos y vecinos, dormía en la hamaca que nos dieron, me dolía mucho la espalda, comía frijoles con arroz y huevo de amor todos los días, chupaba mucha caña de azúcar, no sé porque abundaban como medio alimenticio, riquísimo manjar.

En el día sembrábamos con espeque el maíz y la pinta de frijoles para alimentarnos, por la tarde a clase, por la noche a conversar casi en oscuridad, mucha desconfianza al comienzo, total hermandad al final, siempre Dios Padre era el centro y eje del enlace y trajín diario.

Salvé a un herido de bala surgido en una fiesta del día de San Pedro, me lo traje en canoa hasta Boca de Sábalo, esperaba un helicóptero y se lo llevaron al Hospital Militar, está vivo, Chevo se llama, se fue con Pastora a ARDE y no supe más de él.

Fue una experiencia descomunal, todo era mística, solidaridad, fraternidad, entrega, humor, voluntariado, eran momentos de mucha luz, de mucha fibra humana, era el camino a seguir pero se desperdició, se oscureció, se emborrachó, ni modo, aquí estoy reviviendo esa época. De un hogar clase media alta del pueblo a encontrarme con la realidad. Me marcó para siempre. Al final qué queda, haber cumplido en ese momento histórico y seguro lo volvería a hacer.


*Licenciado en Derecho y Relaciones Internacionales.