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La alfabetización, como derecho humano fundamental, como elemento de sensibilidad social, es patrimonio del sandinismo, el movimiento revolucionario nicaragüense.

Hablar de alfabetización es remontarnos a los años 1927-1933, cuando el General Sandino, a la par de la defensa de la soberanía nacional, en la lucha contra la intervención yanky imperialista y la alianza libero-conservadora, también orientada y ordenaba a los mandos del ejercito defensor de la soberanía nacional de Nicaragua (EDSNN), enseñarle a leer y escribir a los soldados, en su mayoría campesinos, defensores de la honra nicaragüense.

El general Pedro Altamirano (Pedrón) es el ejemplo más relevante de esta experiencia alfabetizadora. El Chipote, por lo tanto, además de cuartel militar, también se transformó en escuela de alfabetización. El Comandante Carlos Fonseca Amador, fundador del FSLN y comandante en jefe de la Revolución Popular Sandinista (RPS), cuando el amanecer era apenas una tentación, en los campamentos de entrenamiento militar de la guerrilla, en el corazón de la montaña, sentenció: también enséñenles a leer.

Estos 2 elementos histórico-políticos constituyen la base ideológica para que la DN del FSLN y la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) determinaran posteriormente llevar a cabo inmediatamente al triunfo de la Revolución, la gran Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA).

Los elementos históricos-políticos, más la motivación por la destrucción de la tiranía militar somocista, incentivaron la organización y movilización de la juventud en el Ejército Popular de Alfabetización (EPA). Paralelamente, y como complemento, se organizó en contingente pedagógico formado por centenares de miles de docentes, maestros, quienes, junto con los muchachos llevaron adelante durante 6 meses el pan de la enseñanza a centenares de miles de campesinos, obreros, jóvenes y adultos.

Personalmente, me tocó trabajar con brigadistas de Jinotepe, San Marcos, Diramba y Masatepe. Fuimos asignados en el municipio de Morrito, en la hacienda Área Propiedad del Pueblo, San Bartola, en el centro del municipio. Desde ahí se organizaba el desplazamiento hacia las diferentes comarcas: el propio Morrito. Mancha de Coyol, Hojachigual, los Cerritos, el Oyate.

En lo personal, no sabia todavía la transformación ideológica, humanista, revolucionaria que obtendría producto de mi trabajo en la cruzada nacional, cuando un 23 de marzo, viajando de San Carlos a Morrito en el antiguo y destartalado lanchón Río San Juan, escuché la noticia en mi inseparable radio receptor, del asesinato del líder espiritual de la lucha salvadoreña Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Esto me conmovió íntimamente dándome mayor decisión, convicción y coraje para llevar adelante la tarea asignada. La CNA me ayudó a consolidar aún más mi pensamiento de docente revolucionario.

Trabajar en función de la educación se convirtió en una tarea alegre, emotiva, motivadora. La CNA y, posteriormente, conocer el pensamiento pedagógico de Paulo Freire, fueron elementos políticos-culturales para el cambio mental. El trabajar palmo a palmo con los analfabetas, en su mayoría campistos de San Bartolo; ser testigo de su mano dura y tosca, quebrando lápices como palillos de fósforos; conocer su problema visual, la ceguera nocturna, producto de la falta de vitaminas de nuestros campesinos; el aprendizaje de las primeras vocales, silabas, los primeros balbuceos de lecto-escritura, constituyen una experiencia humanista y social indescriptible.

La Cruzada Nacional de Alfabetización constituyó un elemento no solamente de realización personal, sino que fue el principio, el eslabón fundamental para la transformación plena e integral del individuo. Constituyó el elemento motivador, de transformación, conocimiento y amor a la patria. Fue el elemento que motivó la participación posterior en la post-alfabetización, el levantamiento de la producción, la vigilancia revolucionaria, las milicias populares sandinistas y la defensa de la patria a los batallones de reserva.

Recuerdos e imágenes imborrables e imperecederas en mi mente constituyen el trabajo educativo y alfabetizador, de decenas de muchachas y muchachos docentes quienes con el fusil al hombro o en el escritorio, por lo general una mesa rústica, posterior a la jornada educativa se ponían (nos poníamos) la camisa chocolita manga larga, el pantalón y la gorra verde olivo, rumbo a las trincheras de combate para la defensa de la Revolución.

Educación y defensa de la revolución, profundizaron la ideología sandinista, el orgullo de ser sandinista y pertenecer al FSLN y en el caso de los muchachos y muchachas docentes que estuvieron bajo mi responsabilidad en las “Azucenas”, pertenecer a la Juventud Sandinista 19 de Julio. Educación y defensa de la revolución constituyen dos ejes motivadores para recorrer las comarcas del municipio de San Carlos para conocer in situ la labor educativa y de avance de la post alfabetización. Educación y defensa de la Revolución fueron ejes fundamentales para la participación en la movilización que permitió la evacuación de centenares de campesinos para salvarlos de la muerte y el secuestro de parte de la contrarevolución a quienes ubicamos en asentamientos como el Jacinto Hernández de la comarca “La Azucena” para permitir la concentración, aunque en condiciones sumamente difíciles, que facilitara el estudio, la alfabetización y post alfabetización de aquellos que todavía por estar en la profundidad de la montaña, no habían tenido acceso al pan de la enseñanza.

Me siento orgulloso que mis pequeños esfuerzos y aportes junto con el resto de jóvenes maestros y maestras de la Benicio Herrera Jerez, de la 50 Aniversario y del contingente de maestros cubanos bajo mi responsabilidad, hayan contribuido a declarar en 1987 a Río San Juan primer territorio libre de analfabetismo de Nicaragua. Obviamente que no puede faltar para el cumplimiento de tan magna epopeya, los consejos, la sabiduría, las orientaciones, la motivación, el trabajo sin desmayo, la abnegación y el espíritu de sacrificio del insigne combatiente contra la ignorancia Orlando Pineda Flores.

El orgullo de haber obtenido la medalla Nadiezda Krúpskaya, el más alto galardón que otorga la Unesco, debe constituirse en el leitmotiv para continuar en las actuales circunstancias el combate contra el analfabetismo, la post alfabetización y el combate por el sexto grado.

Forjar en nuestros estudiantes, en nuestros jóvenes la conciencia del sentido humanista y de sensibilidad social que significa la alfabetización, es una tarea que nos compete a todos los que laboramos en este ministerio grande, estratégico con cobertura nacional como lo es nuestro querido Mined. Pero también le compete al resto de la sociedad organizada, a los consejos del poder ciudadano, a los jóvenes organizados en su destacamento de vanguardia, a los gremios, iglesias, las mujeres, los campesinos, los obreros, los sindicatos.

Forjar la motivación y la sensibilidad social respecto a la alfabetización, es un trabajo político-ideológico, donde los docentes debemos estar en primera fila.

No se trata de utilizar la fuerza, la amenaza, la coerción para tener un diploma de bachillerato. Se trata de forjar una nueva conciencia cuyos componentes esenciales sean el cristianismo, la solidaridad y el socialismo. Esta nueva conciencia tiene que expresarse primero en nosotros. El apóstol cubano José Martí señaló que todo hombre es y debe ser hombre de su tiempo. En este sentido-¿Qué estamos haciendo como docentes, como sociedad en la lucha contra la pobreza, el atraso, la marginación el analfabetismo? Lograr ese cambio de conciencia en el magisterio, es una tarea estratégica para el desarrollo político-ideológico, cultural y social de nuestro pueblo.

*Periodista docente UPF, San Carlos, Graduado en Ciencias Sociales en la ex RDA*