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En EL NUEVO DIARIO del jueves 19 de agosto se publicó artículo firmado por el abogado Camilo Bermúdez, titulado “Del matrimonio entre homosexuales y la adopción de niños”, que refleja el punto de vista de un santo inquisidor. En su artículo el escribiente desprecia dos derechos ya ganados por la comunidad homosexual en los países más desarrollados, el matrimonio y la adopción de menores.

En primer lugar, ser homosexual no es ir contra la naturaleza humana, es asumir una opción sexual contra la que no se puede batallar, por tratarse de una condición adquirida dentro del marco de esa forma natural de haber nacido como tal. Hay quienes la consideran una deformación cultural, lo que no es correcto, por tratarse de un reflejo del gen con el que se ha nacido y al que se debe adaptar. Los que nacen con el Síndrome de Down tampoco lo eligen. Resulta irónico admitir que lo natural es que un niño reciba crianza de sus progenitores, aunque lo maltraten en extremo.

Dos homosexuales que se casan, gay o lesbianas, son dos personas que asumen el compromiso de enfrentar la vida como pareja, igual que lo hacen un hombre y una mujer. Legalizar esa relación de parte del Estado es lo más sabio y responsable. Que la iglesia católica, de la cual la especie humana sólo puede avergonzarse al revisar su historia, maldiga el matrimonio y la adopción entre homosexuales, no es de extrañar, pues la iglesia católica es el peor instrumento para imponer la creencia en un ser inexistente y falso como es Dios, que a su vez es el peor de todos los tiranos creados por la humanidad, un dictador que disfrutó la paciente fidelidad del buen Job, puesto en manos de Satán por él para que lo atormentara y asesinara a sus criados, mujeres e hijos, como si estas vidas no tuvieran valor alguno. El representante de tal tirano en la tierra, el Papa, no tiene nada de santo. Juan Pablo Segundo y hoy Benedicto XVI son la sucesión de los BORGIA, una plaga que la humanidad debe extinguir.

La adopción, más que un derecho del adoptante es un derecho del adoptado. Es fácil ir a los barrios marginados de Managua para vivir la extrema pobreza de miles de niños que, en número alarmante, son maltratados y agredidos sexualmente por sus padres, padrastros, tíos o tutores, a quienes sería bueno presentar la opción de continuar con su natural agresor o ser adoptado por una pareja homosexual que lo va respetar, educar y alimentar. En lo personal para nada me agrada una relación homosexual, lo mismo que a un homosexual no le gusta la relación con sexo opuesto, pero les respeto sus derechos, que son iguales a los míos, como también comprendo lo que es mejor para un niño. Qué alivio que la soberbia de la iglesia católica no puede decidir, sólo maldecir, y ya sabemos que las maldiciones no matan. Ni hablar de las excomulgaciones, hoy no son más que un chiste que motiva risa.

La iglesia católica debe preocuparse más por sus curas pederastas y homosexuales solapados que por los derechos de los homosexuales que asumen su opción de pareja con orgullo y valentía. No sé que santo de los “Santos Papas”, o el más ferviente de los católicos, pude igualar el aporte filosófico de Sócrates, el genio militar de Alejandro Magno, o el legado artístico y científico de Leonardo Da Vinci. ¡¡Y los tres eran homosexuales!!

panfiloorozco@gmail.com.ni