•  |
  •  |
  • END

Hambre Cero
Combatir el hambre en un país requiere de la creación de una política nacional de seguridad alimentaria que debe concebirse de manera tal que integre y se articule con políticas estructurales (generación de empleo, crédito, educación, reformas tributarias, programas sociales coherentes, etc.) encaminadas a combatir las causas del círculo hambre-pobreza. En Nicaragua, un paliativo ha sido el programa Hambre Cero destinado a erradicar el hambre a unas 100 mil familias entre los más pobres en zonas rurales para 2012. Siendo el buque insignia del gobierno, ha causado asombro que pese a disponer de un respetable fondo para el bono productivo (vacas, cerdos, gallinas, semillas), en el primer semestre de este año solo se haya ejecutado el 0.07 por ciento de los mismos (unos 125 mil córdobas) y que a un año de terminar su mandato, el gobierno sólo ha cubierto menos de la mitad de la gente. Todo parece indicar que el fracaso de Hambre Cero está vinculado con el sectarismo político, la ineficiencia, la falta de capacitación, de asistencia técnica y transparencia en la compra de bienes, de monitoreo y seguimiento, las trabas burocráticas y la desarticulación de las políticas. Todo un símbolo del desorden, la incapacidad e ineficiencia de la administración socialista-cristiana-solidaria. Es que no se puede silbar y tragar pinol al mismo tiempo.

Tip de “género”

Hambre Cero fue una idea surgida del otrora ideólogo del orteguismo Orlando Núñez a partir de un experimento controlado de economía de patio realizado en la comunidad de Lechecuagos en años anteriores al gobierno. En el enfoque familista tradicional de Núñez, las mujeres se subordinan al servicio de la familia siendo vistas como piezas claves para mejorar su alimentación e ingresos, por lo cual son receptoras del paquete chancho-vaca-gallina. Como padre de la criatura y primer director del programa, no tuvo empacho en extrapolar el tubo de ensayo a nivel nacional, sin el debido control y soporte, aunque previó tener como paracaídas a organizaciones civiles con experiencia en desarrollo rural. Si no hubiera prevalecido el sectarismo y la arrogancia, a lo mejor se hubiera enterado que diversos grupos de mujeres ya habían descartado el “bono productivo” porque además de incrementar su carga de trabajo y el riesgo de endeudarse, obligaba a “compartir” su alimento con los animales. Como dijo una señora: “es que esta chanchita mucho come”, al explicar cómo había terminado el bono productivo en una olla de nacatamales.

Burocracia precaria

Tres meses duró el hoy “desaparecido” Núñez como Coordinador del flamante Consejo de Seguridad y Soberanía Alimentaria, siendo sustituido por cuatro directores en lo que va del programa. Igual pasa con los delegados en los territorios y con los técnicos y lo mismo sucede con ministros, viceministros, directores y subdirectores y empleados públicos en 51 instituciones del Estado. Es obvio que el Compañero-Ciudadano-Presidente no entiende la burocracia como modelo de organización del Estado en el sentido de Don Max Weber, es decir, una forma de resolver de manera eficiente y racional los problemas de la sociedad. Ortega ejerce una jefatura tribal a su real saber y entender, para quien los funcionarios públicos son medios, no personas. Son por lo tanto, descartables y sustituibles, toda vez que lo contraríen. Están pues en situación de servidumbre, sin normas ni leyes y por ende, sin autonomía. No hay política pública que funcione donde no hay organización, mérito o dignidad que valga y donde los funcionarios tienen que observar aquella advertencia de Truman Capote: “Antes de negar con la cabeza, asegúrate de que la tienes”.

Hambre creciente

Resulta tragicómico que el gobierno se haga lenguas con el tema de la lucha contra el hambre y la pobreza, cuando por un lado, hay un manifiesto fracaso de Hambre Cero y por el otro, sindicalistas del MTI y el Mitrab recurren a la huelga de hambre para protestar por sus despidos, en una saga que ya registra más de 18 mil corridos en el Estado. Freddy Antonio Velásquez puso fin a su ayuno de 30 días tras obligar al titular del MTI a que al menos reconociera el pago de salarios, ya que no el reintegro, al costo casi de su muerte por inanición. Lo único “espectacular” en las cuentas galanas del gobierno es la huelga de hambre forzada a la que están siendo sometidos gran parte de los nicas ante el creciente desempleo y donde el Estado se lleva las palmas. Pareciera que la filosofía oculta del gobierno con esto del hambre es que en vez de aumentar la comida a repartir, lo que busca es disminuir el número de comensales. El gobierno insiste en que hay menos pobres porque, como me dijo un amigo con un humor negro invencible, “y como no, si ya todos nos estamos muriendo de hambre”.