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El martes 3 de agosto asistí a la presentación oficial en la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires, del Diccionario de Americanismos (Asociación de Academias de la Lengua Española, Santillana Ediciones, 2010). Luego, el miércoles 25, la Academia Nicaragüense de la Lengua también lo presentó, acto en el cual señalé sus rasgos generales, referí sus antecedentes históricos y ejemplifiqué algunas de sus entradas —entre voces, frases y locuciones— que suman más de 70,000 y contienen, aproximadamente, unas 120,000 acepciones. ¡Todo un repertorio monumental del léxico español de América!
Es decir, un léxico —el más completo hasta hoy, registrado en 2,333 páginas— que no se comparte con el español general, o sea, con los términos comunes a todos los hispano hablantes: árbol, casa, vestido, desayuno, sangre, etc. En consecuencia, han quedado fuera del Diccionario de Americanismos (DA) los vocablos que, originarios del continente, se usan habitualmente en el español general, por ejemplo chocolate, cacique, canoa, tomate, coca.

El DA pues, no establece contrastividad con el llamado “español de España”: aquellos peninsulares o vocablos restringidos a los cuarenta y tanto hablantes de la Madre patria como cojonudo (formidable, estupendo), hostiar (pegar o abofetear a alguien), gilipollas (bobo, estúpido, jactancioso), pucherazo (fraude) y tenerla en el bote (ir a la fija). Su carácter diferencial no es el del Proyecto de Augsburgo, cuyo Nuevo Diccionario de Americanismos tiene en su haber los volúmenes consagrados a Colombia, Argentina, Uruguay, Cuba y Bolivia.

EL DA o Diccionario de Americanismos recibió su título definitivo el 2 de marzo de 2009 en Sevilla, cuando su texto básico fue aprobado por el pleno de la Asociación de Academias, tras un intenso proceso de preparación coordinado por el doctor Humberto López Morales —Secretario General desde 1994—, quien concibió y elaboró su planta, depurándose definitivamente en la reunión de la comisión interacadémica convocada en El Puerto de Santa María. Pues bien, en el preámbulo a la edición inicial de la planta, o diseño regulador de la macro y la microestructura (Buenos Aires, Academia Argentina de las Letras, 2005), López Morales explicó que el proyecto se realizaba porque hasta ahora se disponía de cuatro elementos:

1. Los medios suficientes para dedicarse en firme a la tarea; 2. Lexicógrafos de reconocida solvencia científica y con amplia experiencia diccionarista en la gran mayoría de las 22 corporaciones que integran la Asociación; 3. Una tupida red electrónica de comunicación, facilitadora de los intercambios transoceánicos de manera inmediata; y 4. La conciencia real y efectiva de que el proyecto se ejecutaba con la colaboración entusiasta de todas ellas, impulsadas por la política panhispánica de la Real Academia Española.

Desde hace rato, la RAE “se ha negado a seguir firmando en solitario, los pilares más importantes de la unidad de nuestra lengua”. Y, en este caso, a contribuir eficazmente a la realización del DA; más aún, como lo indica en el prólogo el Director de la RAE, Víctor García de la Concha, fue voluntad decidida de la Asociación ofrecer el DA a la comunidad hispanohablante “como su más importante aportación a la conmemoración del Bicentenario de las Repúblicas Iberoamericanas”. Oficialmente, el DA se presentaría en el V Congreso Internacional de la Lengua Española, a celebrarse en la ciudad-puerto de Valparaíso en marzo del 2010. Pero, lamentablemente, el terremoto de Chile lo impidió.

La obra, sin embargo, había entrado en la imprenta a mediados de enero de 2010. Así consta en carta, suscrita en Madrid el 27 de enero de ese año y enviada por López Morales a Gerardo Piña Rosales, Director de la Academia Norteamericana de la Lengua y uno de sus más valiosos colaboradores. (Los Estados Unidos es el país, después de México, que posee más hispanohablantes: 42 millones). Dice:
“Estimadísimo amigo: Cumplo con el muy grato deber de informarle de que el manuscrito final de nuestro Diccionario de americanismos, después de la revisión complicada y exhaustiva de dos conjuntos de pruebas, acaba de ser entregado a las prensas de la Editorial Santillana. Lo tendremos en el V Congreso Internacional de la Lengua Española de Valparaíso, que será celebrado a principios de marzo de 2010. Allí será también su primera presentación oficial, a la que seguirán otras, tanto en España como en América.”

“Se trata de un hermoso volumen de 2.5000 páginas, elegantemente diseñado y encuadernado, que consta —a falta de recuentos definitivos— de unas 60.000 entradas, que superarán las 200.000 acepciones (simples y compuestas, complejas, fórmulas, locuciones y frases proverbiales), un diccionario dialectal absolutamente original y novedoso en su concepción lexicográfica, que sin duda hará época. A todos les consta, porque de una manera o de otra todos hemos sido miembros de este colosal equipo de trabajo, el gigantesco esfuerzo, dedicación e ilusión que ha significado la realización de esta ambiciosa empresa en relativamente poco tiempo. Ahora llega el momento de que nos alegremos —¡y mucho!— de haber puesto punto final a un proyecto soñado desde finales del siglo XIX y vuelto a revivir en 1951, con la fundación en México de nuestra Asociación de Academias de la Lengua Española.”

“Aunque siempre he entendido que se trataba de un trabajo colectivo, de absolutamente todos nosotros, quiero agradecer con mucha emoción a todos, y a usted en particular, el entusiasmo que ha puesto en ayudarnos en esta gran empresa, hoy convertida en hermosa realidad”.

En cuanto al aporte de Nicaragua, virtualmente fue incorporado en el programa informático ARU (“lengua” en aymará), preparado para el proyecto, que reúne los casi 150 diccionarios de americanismos (generales y nacionales) editados desde 1975 hasta la fecha, incluyendo el Diccionario de uso del Español en Nicaragua (2001), pionero en más de un sentido, conocido por DUEN. Mas la Academia Nicaragüense tuvo en su Secretario, y autor del DEN (Diccionario del Español de Nicaragua, 2007), su responsable constante y ejemplar, auxiliado por la becaria y egresada de Escuela de Lexicográfica Hispánica, Hilda María Baltodano Reyes.

El Diccionario de Americanismos (DA) se llamaba, en realidad, Diccionario Académico de Americanismos; pero en la segunda sesión de trabajo del 2 de marzo de 2009, ese título se abrevió de acuerdo con la propuesta sustentada por la Academia Nicaragüense. En el Congreso fundacional de 1951 fue bautizado como Diccionario de Americanismos (DA); a continuación, recibió el nombre de Diccionario Hispanoamericano de la Lengua (DAH), según ponencia del uruguayo Adolfo Berro García leída en el II Congreso de Madrid (1956); y más tarde fue designado como Diccionario Académico de Hispanoamericanos (DAH) en el Congreso de 1994 también celebrado en Madrid, tarea encomendada a la Academia Puertorriqueña para su inicial ejecución. Poco después se le denominó Gran Diccionario de Americanismos (GDA) en octubre de 1996, durante el Encuentro de Lexicógrafos en Montevideo —al que fui invitado con el colega Róger Matus Lazo— para estructurar su primera planta y en 1998, cuando el proyecto comenzó a tener vida, recibió el nombre de Diccionario Académico de Americanismos (DAA).

Pero ese título era redundante —planteó la Academia Nicaragüense a través de su Director. Al ser autora del Diccionario, la Asociación de las Academias de la Lengua, el adjetivo “Académico” resultaba superfluo; por tanto, habría que omitirlo. Gonzalo Celorio, Secretario de la Academia Mexicana y Pedro Luis Barcia, Presidente de la Academia Argentina, secundaron la propuesta. Sometida a votación, se aprobó unánimemente. Además, la Nicaragüense, en aras de una mayor claridad y precisión, sugirió que “Académico” podría sustituirse por Actual, adjetivo que refleja su carácter sincrónico y de uso no normativo del contenido de la obra, aparte de conservar el acrónico con el cual el Diccionario había circulado desde hace diez años: DAA. Sin embargo, no se consideró necesaria esta especificación, modificándose el título al escueto: Diccionario de Americanismos (DA), inicialmente recomendado en 1951. Por cierto, uno de los promotores del proyecto entonces fue el nicaragüense Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, fallecido al año siguiente.

Aparte de su riqueza inagotable, el DA contiene un índice sinonímico de 134 palabras, algunas de ellas consideradas malsonantes o tabú por el criterio pudoris causa; pero el DA es un diccionario usual (no normativo): recoge el léxico creado y empleado en la lengua, como el sexual; de aquí que, entre esas palabras, figuran incontables sinónimos de ano, coito, afeminado, homosexual, lesbiana, nalgas, pene, periodo (menstrual), prostitutas, realizar el coito, testículo (s) y vulva, aunque sin marcas geográficas.

Por eso diré que en Colombia el órgano femenino recibe los nombres de arepa, biscocho, cosa, cuca, chimba, chocha, chucha, pan, panela, panocha, papo, sapo y tórtola. En Venezuela se le llama también cuca, cuchara, cotorra, chuta, cuchumina (en el ámbito rural) y peluda. En Panamá se le dice micha, sinónimo de pan (“Subió la michita” informan, de vez en cuando, los diarios), mota, pía, terrón, conejo y refiriéndose al de las niñas, cucuchita.

En El Salvador se impone el vocablo pupusa, al igual que pan, hoyo y rajadura. A su vez el vocablo más vulgar es metedero; otros corresponden a campo, horqueta y guanábana. En Costa Rica la designación más popular es mico. Pero también se recurre a empanada, mano y panocho. En Honduras predomina cuca (como en Venezuela y Cuba), peluche, pupusa, cosa, pan, chimadero (el más vulgar), hoyo, mico y guanábana. Y en Guatemala el nombre de mayor uso es pusa (las dos últimas sílabas de pupusa).

¿Y entre nosotros? Basta citar que en mi Léxico sexual de Nicaragua (1998) estudio el tema, afirmando que se destacan las voces relacionadas metafóricamente con frutas (anona, mamey, mango, mango mechudo y especialmente papaya) y con animales (araña, lora, mono, punche y sapo), entre casi un centenar de denominaciones.