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África, continente olvidado, recientemente acaparó las miradas del mundo por haber sido, por primera vez, sede de la celebración del Mundial de Fútbol, lo que parece llevar signos de cambios y vientos de progreso al continente negro.

Tal acontecimiento internacional ha suscitado nuevas señales de desembarco del gigante asiático (China), y de otros poderes emergentes. El arribo de los chinos se remonta a los años 70, cuando construyeron el ferrocarril Tanzania-Zambia, un tramo de casi 2.000 kilómetros considerado la primera gran obra de infraestructura del Continente. En ese entonces se marcharon, pero en los últimos años su presencia ha sido impresionante.

El dragón chino ha encontrado en África una tierra fértil con las materias primas y recursos energéticos, de la cual necesita para mantener su acelerado ritmo de crecimiento. Los chinos se benefician del petróleo de Sudán y Angola, de las minas de Zambia y de los productos agrícolas de Kenia. Al mismo tiempo, Beijing centra su interés en un mercado con millones de potenciales consumidores.

A su vez, los africanos, experimentan un despegue económico sin precedentes desde la época de la descolonización. Se calcula que el comercio ha pasado de 10.000 millones de dólares en 2000 a 90.000 en 2009, lo que convirtió a China en el principal socio comercial de África, por delante de Estados Unidos, que llegó a 86.000 millones. Ya hay unas 900 empresas chinas en suelo africano y unos 750.000 inmigrantes chinos en todo el Continente.

La huella china es cada vez más patente en los países africanos, donde construyen aeropuertos, represas, autopistas, vías de tren, hospitales, escuelas y estadios. Sólo en la República Democrática del Congo, en pleno corazón del Continente, los chinos planean construir miles de kilómetros de carreteras, 32 hospitales, 145 centros de salud y dos universidades. La inversión suma 6.000 millones de dólares, en contraprestación China obtendrá 3.000 millones de dólares en concesiones mineras de cobalto y cobre.

En definitiva: es otro modelo de desarrollo, menos condicionado a reformas políticas, con un sistema más expedito de préstamos y créditos. Mientras las potencias occidentales exhortan a los gobiernos africanos sobre democracia y buen gobierno, los ingenieros chinos construyen grandes obras. Ese empuje ha ayudado a cambiar la imagen de África de receptor de caridad a un lugar para hacer negocios, tan es así que en 2006, por vez primera la inversión extranjera directa superó la ayuda internacional.

Según los chinos, ese encuentro entre dos mundos es un “gana-gana”, que implica beneficios mutuos. Beijing se considera un socio en el desarrollo africano, pero no todos tienen una visión tan positiva. China es fiel a su política de no injerencia y no se desanima por la corrupción o la falta de democracia. Las potencias occidentales temen un contagio del autoritarismo chino y muchos observadores culpan a Beijing de ayudar a dictadores como el zimbabuense Robert Mugabe o el sudanés Omar al Bashir, quien fue solicitado por la Corte Penal Internacional.

También aseguran que Beijing está explotando el afro-recurso sin que le importen los bajos salarios, los derechos humanos o las repercusiones ambientales. Algunas voces, como la del ex presidente sudafricano Thabo Mbeki, han advertido sobre los peligros de una nueva “relación colonial”, algo que parece desproporcionado al considerar la avaricia de las antiguas metrópolis.

Dado el récord histórico de Occidente en África, los chinos han demostrado una mayor y más sostenida preocupación por el impacto en términos de desarrollo, de su papel en la búsqueda de recursos. Esto sin embargo, no significa, que tengan un récord intachable de conducta, dijo: Christopher Alden, autor del libro: “China en África” y profesor de la London School of Economics.

Como se sabe, China se ha erigido en uno de los principales destinos de las inversiones extranjeras de muchas empresas de diversos países. No obstante, lo más reciente y novedoso son las inversiones chinas, comprando y creando empresas en el exterior. Las importaciones han aumentado más rápidamente que las exportaciones en los últimos años; muchas regiones y países del mundo están en creciente dependencia de sus importaciones.

China superó a Alemania como el más grande país exportador del mundo, según las últimas cifras de ventas chinas al extranjero. Informaciones del diario “The Wall Street Journal”, citan datos del Instituto Suizo “Global Trade Information Services”, develando que China exportó mercancías por valor de US$ 957,000 millones de dólares en sólo los primeros diez meses de 2009, mientras Alemania ingresó unos US$ 917,000 millones de dólares por sus ventas al exterior.

Con tales cantidades, China arrebató el “título” de primer exportador mundial a Alemania desde octubre de 2009. “Las cifras demuestran que China fue con una ligera ventaja el mayor exportador”, señaló el analista Ben Simpfendorfer, del Royal Bank of Scotland.

China no es el único país que ha puesto la mira en el Continente. En la feroz pugna por hacerse con las riquezas africanas, las potencias tradicionales pierden terreno frente a los poderes emergentes, especialmente los famosos Bric (acrónimo que agrupa Brasil, Rusia, India y China); empero, el mismo Christopher Alden en su análisis al papel de China, deja entrever como los posibles roles que juega en el Continente: socio en el desarrollo, competidor económico o nuevo dominador; el tiempo lo confirmará o el devenir del tiempo se encargará de confirmar el verdadero papel del dragón chino en el Continente negro.


*Diplomático, Jurista y Politólogo