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Las acciones a pecho abierto de los sandinistas durante la vela de Pedro Joaquín Chamorro, la masiva participación popular durante sus funerales, las expresiones de ira en el trayecto hacia el cementerio, síntomas de la efervescencia que vive el país, fueron leídas correctamente por la dirigencia Tercerista. En la UCA los estudiantes comienzan a abandonar las aulas y a enrolarse en las filas guerrilleras. Las demostraciones de apoyo a favor de los detenidos alcanzaron su máximo nivel en diciembre del año anterior. “Navidad sin reos políticos” fue la consigna lanzada por las organizaciones estudiantiles de la UCA y de la UNAN, pidiendo la liberación del legendario Tomás Borge y del joven Marcio Jaen. El curso en 1978 se inició bajo nuevos augurios. Los cuadros estudiantiles más destacados son movilizados por sus enlaces con la guerrilla hacia diferentes ciudades del país.

Luis Bárcenas mientras hacía proselitismo durante la procesión de varones escapa de ser detenido. En febrero Marissa Olivares es enviada a Jinotepe. La estudiante Norma Helena Gadea suma su voz para acompañar a los estudiantes en sus demandas. La lucha armada se precipita en cascada. Las diferencias estratégicas entre el Frente Amplio Opositor (FAO) y el Movimiento Pueblo Unido (MPU), resultan evidentes. Con la consolidación del MPU se pretende arrebatar la iniciativa al Frente Amplio Opositor (FAO). La dirigencia universitaria vinculada orgánicamente con las diferentes tendencias sandinistas, busca como radicalizar la lucha. La acción temeraria de los hermanos Chamorro Rapacciolli, Fernando y Edmundo, el 18 de julio contra el Bunker donde despachaba Somoza Debayle y las instalaciones de la EEBI, desde el Hotel Intercontinental, desatan una cacería en la que asesinan al joven Carlos Roberto Álvarez Guerra, hijo del dirigente conservador Emilio Álvarez Montalván. Mi padre escribió un artículo en La Prensa lamentando su muerte. Con sorna expresó, Los infantes de la EEBI juegan a la guerra, muestra el desquiciamiento y la esquizofrenia en que había caído el somocismo.

La modalidad insurreccional se impone sobre la marcha. El 22 de agosto escuadras sandinistas bajo la jefatura de Edén Pastora, asaltan el Palacio Nacional. A esa hora me encontraba en las oficinas de José Esteban Quezada, director de los noticieros de Radio Corporación. El periodista Roberto González Rocha lo llamó por teléfono desde las inmediaciones del Palacio para informarle lo ocurrido. José Esteban duda, no sabe si informar o callar, teme que la Jefatura de Radio y Televisión tome represalias. Como ya existía costumbre de monitorear las comunicaciones de la Guardia Nacional, le digo que antes que se adelanten otras emisoras, informe al país lo que acaba de ocurrir en el corazón del Palacio Nacional. Mientras la dirigencia Tercerista decidía realizar una acción que estremecería al mundo, la Tendencia Proletaria en la UCA se aprestaba a la toma de embajadas en Managua. José Román González se encargó de orientar esta acción. Con la magnitud del golpe tercerista, “lo nuestro se convierte en una acción preescolar”, recuerda Marissa Olivares.

En la UCA Arríen da otro paso adelante, decide fundar la Asociación de Profesores. En sus memorias evoca la decisión de organizar el movimiento estudiantil y ayudar a la creación del Sindicato de Profesores: “Como Rector hice un gran esfuerzo por armonizar mi mirada y acción al exterior. En este sentido, activé el movimiento estudiantil muy floreciente en los sesenta, pero que prácticamente había desaparecido de las huelgas y tomas de los años 70 y 71. El Rector Dibar inició un acercamiento sincero, aunque todavía pesaban la desconfianza y el resentimiento. Guillermo Rothschuh tuvo como interlocutor y puente a Luis Humberto Guzmán. Activar la participación en la vida de la UCA se constituyó en un empeño especial, muy personal. Mi mirada interior fue más a fondo. En la UCA no había asociación ni sindicato de profesores. Lo sentí como un contrasentido. Por eso, con la ayuda de Francisco Lacayo y Guillermo Rothschuh, empezamos a mover los resortes necesarios para interesar y movilizar al profesorado en esa dirección”. (P. 137).

Dos días después de organizada la Asociación de Profesores, recibí una llamada de mi suegro. Nunca antes se había comunicado conmigo por teléfono en la UCA. Me dijo que necesitaba verme con urgencia. Atendí de inmediato su llamado. Me expresó que el Coronel Adonis Porras, el principal ayudante de Somoza Debayle y su socio en SERNICSA, una agencia aduanera, deseaba hablar conmigo. Me preguntó un tanto intrigado si no andaba en algo. Con celeridad hice un repaso de toda mi actuación durante esos días y llegué a la conclusión de que no había hecho nada extraordinario. No tengo nada que hablar con él, respondí. Muy respetuoso, no insistió en pedirme que hablara con el Coronel Porras. Cavilando de regreso a la UCA concluí que había tenido la gentileza de enviarme un mensaje: siguen tus pasos, tenés que cuidarte. Un gesto similar tuve yo con él cuando advertí a mi mujer, que miembros de la Dirección de Operaciones de la Seguridad del Estado, me habían confiado que su papá andaba conspirando contra el sandinismo.

Casi al año de haberse realizado las acciones de Octubre, el 7 de septiembre los Terceristas llaman a una insurrección general. En Managua, al atardecer del 9 atacan cuarteles de policía y desarrollan enfrentamientos en los barrios de San Judas, Las Américas y Open-3. Los guerrilleros se despliegan sobre la pista de circunvalación frente a Rubenia; atacan la Estación de la Centro América, toman y queman la Estación de Policía en la Carretera Sur. Entre los insurgentes se encuentra Nicho Marenco y su esposa Daysi Zamora. En Masaya los fuegos se rompen con la toma de Monimbó y el ataque al Cuartel de la G N. En la acción participa Adrián Meza, quien resulta herido. Los estudiantes de la UCA se trasladan a Masaya con la intención de involucrarse en los enfrentamientos. Al conocer la situación de Adrián, su compañero Luis Bárcenas, se comunicó con Arríen y le solicitó prestado su carro para trasladarlo a Granada. Igualmente se vieron compelidos a sacar el mimeógrafo del campus universitario. Una vez curado Adrián es enviado a reforzar militarmente San Judas.

Días antes Arríen se enteró de que la UCA formaba parte de la retaguardia sandinista. Los trabajadores le comunican que los estudiantes se dedican a la fabricación de bombas de contacto. Arríen me llamó por teléfono y me pidió que llegara a la universidad. Eran como las diez de la mañana de un domingo plácido, cuando Carmelo Palma sacó debajo de las escaleras del sector norte del Edificio A, más de una veintena de bombas. Ahí las tenían enguacadas; igual que bajo las graderías del Estadio de béisbol. Como todavía no creía en su efectividad, pedí a Carmelo que estrellara una contra una pared. El estallido debió escucharse a varios kilómetros, la tierra retumbó y el Edificio A se estremeció. Arríen me preguntó, “qué hago con las bombas”. No se me ocurrió más que decirle que se las regresara. El problema de su devolución quedó saldado cuando le propuse hablar con los estudiantes y que él mismo se encargara de regresárselas.

Como si se tratara de un acto delincuencial Arríen abrió la puerta de acceso de la rectoría que comunicaba con lo que es ahora el Bufete Popular y se las entregó a Luis Bárcenas, con la súplica que las hiciese desaparecer de inmediato de las instalaciones de la UCA. Todavía la G N no había decido realizar los cateos a los que se vio sometida la universidad todas las noches a partir de febrero de 1979. Con un manojo de llaves en mano, Carmelo era el encargado de abrir a las 12 de la noche, cada una de las puertas de aulas y oficinas, para que los infantes de la EEBI buscaran afanosos las supuestas armas escondidas en la UCA. Solo en una ocasión tragó gordo. En un cateo realizado en el Edifico A los estudiantes las tenían ocultas debajo de unas tarimas. Carmelo seguía cada uno de los movimientos de los militares y se hacía el desentendido. Se apostó sobre las tablas y con una enorme calma, esperó que realizaran su labor de rutina. Al mediodía las armas ya no estaban.

La UCA había entrado en otra dinámica. Los estudios se habían convertido en una cuestión menor frente a las tareas que había que realizar para lograr la derrota militar del somocismo. Estados Unidos buscaba un recambio acelerado que evitara el triunfo sandinista. Desde agosto de 1977 el Coronel Reserve, Agregado Militar de esa Embajada, había sugerido a Pedro Joaquín Chamorro hablar con militares jóvenes de la G N. Tratando de preservar el aparato militar, le plantean que en la guardia hay oficiales preparados, con los cuales pueden dialogar. Entre estos le menciona a “Pablo Emilio Salazar (Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales), Levy Sánchez, Sandino el del Tránsito, Armando Fernández y otros. El problema es que no creen que tengan envergadura para hacer algo. El Lic. es jefe de los boinas verdes. El que me saludó está en la policía pero no le gusta. ¿Será por Alesio? También se habló de este”. (Diario Político. P. 298). Cosas de la política o de la guerra, en la valentía y destreza del oficial con una licenciatura en Ciencia Política y Sociales, sugerido por los militares de la Embajada de Estados Unidos, para conspirar contra el régimen, el famoso Comandante Bravo, confió Somoza Debayle la defensa del Frente Sur, dirigida por el Comandante Cero, escenario de los más fieros y encarnizados combates librados en la ofensiva final contra la tiranía.