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Quedan pocos que distinguen entre la verdad y la mentira política.

Con la mayor frescura improvisamos la política, la democracia, las alianzas, los proyectos de nación, los candidatos providenciales que confían en que Dios tiene dispuesto el arreglo de los problemas de Nicaragua, y además para coronar la improvisación, conversamos con el embajador americano, como garantía de que estamos haciendo lo correcto y poder campear con la conciencia tranquila, pero nunca vamos a la raíz del problema, ni pensamos en serio en proyectos cívicos, factibles, consistentes y a largo plazo.

Me llamó la atención el escrito de un periodista atento a los detalles, como Francisco Chamorro, que dijo: “el llamado Proyecto de Salvación Nacional de la Alianza Patriótica, así como “El Manifiesto” de la Coalición Democrática… están bien elaborados, sin embargo, les falta algo vital: cómo lograrlo. Se mira que están bien intencionados, pero parecen más una carta al Niño Dios que un programa político.”

Y me llamó la atención por lo cierto de su aseveración, y porque también de otros escuché opiniones parecidas. Es decir, existe una percepción ciudadana sobre la superficialidad de la oposición purista.

Para lograr acercarnos al concepto de democracia y salir de los problemas actuales se necesita un candidato, futuro gobernante, que republicanamente, pero con mano firme y acompañado de un equipo experto y sólido que lo respalde y apoye en una unidad básica de criterios y metas fundamentales, maneje el timón de la nave en la dirección correcta siguiendo la ruta en el mapa de un proyecto real, pero que a la fecha, fuera de la carta al niño Dios, no existe. La unidad, endeble y de consenso como la plantean actualmente, o una tercera vía a pesar de las fallidas experiencias, no es lo que Nicaragua necesita y es fórmula de fracaso anunciado.

La democracia está fundamentada en tensión y elasticidad. Su escalada no depende únicamente de la aceptación de los principios democráticos, sino, además, en la forma para canalizar y procesar las discrepancias. En este sentido estamos lejos de acercarnos al concepto democracia.

Raymond Aron, en filosofía política, ha precisado que no sólo se defiende la democracia desde el consenso, pues no hay que olvidar que el consenso implica en alguna medida exclusión, y que el consenso absoluto puede significar la clausura del espacio democrático.

No entendemos que no son personas individuales como candidatos ni consensos lo que necesita la actual circunstancia por la que pasa Nicaragua, lo que falta son unidad de criterios, objetivos comunes, programas, valores, principios, solidaridad, equipos y fines comunes. Sinceramente no me explico cómo un sector de las elites anda buscando unidad política donde no existe unidad ni solidaridad social.

Como lo he dicho antes, las uniones políticas en Nicaragua sin un compromiso serio que las fusione son un fracaso. Así pasó después de las elecciones de 1989, cuando ganó la UNO: al día siguiente de haber ganado, empezó a desintegrarse la coalición electoral y resultó peor el remedio que la enfermedad. Y de las terceras vías ni se diga, fracaso seguro, aun con la bendición del embajador americano.

No veo en los precandidatos puristas, ni en las vías, propuestos como salvadores a ninguno con las cualidades, ni con el perfil político, el carácter o el equipo, para mantener cohesionadas y satisfechas las diferentes fuerzas de la posible unidad ni siquiera a mediano plazo.

Según Raymond Aron, en filosofía política: “La democracia es una realidad humana y por lo tanto imperfecta. Es también una realidad irracional, porque si fuera racional, sería cosa de seleccionar a los mejores hombres y decirles vengan a gobernarnos, pero desgraciadamente los humanos nunca hemos encontrado el medio para saber cuáles son los mejores entre nosotros y conocer cuál es el interés de cada uno de ellos.”

Mientras en otras partes se preocupan de la definición de la función de gobierno, en Nicaragua andamos preocupados buscando un candidato de consenso, lo que demuestra precariedad política en cuanto a los fines fundamentales que nos proponemos, porque consenso, entre nosotros, es buscar algo imposible en política, y que además de por sí, carece de durabilidad y permanencia.