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En cualquier trabajo de documentación sobre el “desarrollo” de las potencias emergentes, el resultado de mayor interés es la singularidad de cada uno de estos procesos sociales y económicos. Pero los casos de Corea y Brasil tienen la particularidad de mostrar, con mayor evidencia que otros, una característica común a todas las formas de alto “desarrollo” conocidas en el siglo XX: la dirección y orientación de un programa predictivo (la predictividad es una función del conocimiento científico), mediante un acuerdo consensuado o por coincidencia de intereses (una planificación política), supuesta una coyuntura internacional favorable.

En la tradición cultural de los señoríos coreanos estaba el cultivo del conocimiento, no sólo de la voluntad guerrera; y durante la ocupación japonesa, que terminó en 1945, las familias señoriales pudieron ocuparse de la administración de empresas niponas que sentaron las bases de la industrialización. En 1953, al final de la “guerra de Corea” (después del conflicto por Berlín en 1948, la primera de las continuas confrontaciones bélicas durante la Guerra Fría), los señoríos surcoreanos se beneficiaron de un marco de alianza estratégica con Estados Unidos; y formaron corporaciones familiares, origen de los actuales conglomerados industriales y financieros, los “chaebol” (como Daewoo, Samsung, Hyundai, LG), cuyos directivos aún intervienen directamente en la Asamblea Nacional.

Pero la consolidación de los chaebol, además del apoyo de Estados Unidos, se debe a un programa de planificación estatal bajo la dictadura militar de 1961, en combinación con los intereses de estos grupos familiares. Por otra parte, la tradición ilustrada de estas familias explica el hecho de que uno de sus primeros objetivos en la alianza con EU fue enviar estudiantes a especializarse en los centros de Investigación y Desarrollo (I+D) norteamericanos. Con semejante infraestructura industrial y una generación capacitada tecnológicamente, más la apertura del mercado de Estados Unidos, la planificación militar combinada con la organización de grupos “chaebol” y su experiencia gerencial hicieron de Corea del Sur un destino privilegiado en las décadas de los años 70 y 80, durante el proceso de deslocalización de industrias de mano de obra intensiva en busca de bajos salarios. Una muestra de estas deslocalizaciones fue la mayor acería y los mayores astilleros del mundo situados en Sunderland, en el Reino Unido, que ahora están en Corea.

En cambio, en el caso del “desarrollo” de Brasil importa un factor cuantitativo, la escala de magnitudes del Estado brasileño; y por consiguiente, la importancia de la mayor y más poderosa organización del Estado, el ejército. Si todo ejército tiende a consumir la mayor partida del Gasto Público de los gobiernos, a tal extremo que el comercio y la industria de cualquier país dependen en un porcentaje significativo de su factura, en el caso de la provisión de equipos y tecnología (conocimientos) para el control territorial de Brasil, permitió a la cúpula militar la intervención en la planificación de una industria propia (siderúrgica, mecánica y electrónica) y una red de centros de I+D.

Brasil tenía un desarrollo económico comparable al resto de los grandes países latinoamericanos, aunque iba por delante en algunos programas tecnológicos, como fue la experimentación con un reactor atómico en la Universidad de Sao Paulo en 1957. En la primera década de la Guerra Fría osciló entre la alianza con los Estados Unidos (tratado de 1957) y los “no alineados” (acuerdo de Janio Quadros con el presidente argentino Frondizi, 1961). De 1961 a 1964 se sucedieron gobiernos respaldados por movimientos de izquierdas que causaron una división interna del ejército (apoyo a la revolución cubana, reforma agraria, nacionalización de petroleras, etc.).

En 1964, un golpe de Estado promovió a la presidencia al general Castelo Branco, de la cúpula alineada con Estados Unidos en la Guerra Fría. El 15 de marzo de 1967, el presidente mariscal Costa e Silva, expuso un programa de liderazgo del ejército en la industrialización y en la modernización de los sistemas de educación y salud. Esta es la fecha de inicio de una planificación económica en Brasil.

Una muestra de la potencia industrial alcanzada. En el campo aeronáutico, que hace 40 años se limitaba al ensamblado de pequeños modelos bajo licencia, ver la exportación de sus aviones de entrenamiento militar a Francia y Reino Unido, y el dominio actual de Embraer (Empresa Brasileira de Aeronáutica) en el mercado mundial de aviones a reacción de 40 a 100 plazas, compartido sólo con los aviones Canadair. Ya que Europa y Estados Unidos, los mayores usuarios de estos aviones commuter (de aporte regional de pasajeros a grandes aeropuertos), se han vuelto dependientes de estas importaciones por causa de la desindustrialización extrema a que los llevó la búsqueda insaciable de rentabilidad de sus sistemas financieros.

Por lo tanto, si damos por supuesto la existencia de apertura de mercados externos en ambos casos, el desarrollo de Corea del Sur y Brasil, pese a su diversidad, tienen en común una política de planificación (estrategia de predictividad). Lo que queda por ver es si a esta planificación se le puede llamar “desarrollo social”, o si esto ya es asunto de otras políticas de planificación.