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Un recuerdo en su 30 aniversario.

La Cruzada Nacional de Alfabetización es el hecho cultural y nacional más significativo, profundo y trascendente de nuestra historia moderna, y la experiencia humana más profunda, penetrante y permanente de quienes participaron en ella, dejando un gozo silencioso, imperecedero, en nuestras vidas.

La Cruzada se da en un momento de cambio que sacudió todas las esferas del quehacer nacional, las transformó y a la vez generó una extraordinaria unidad. Pocas veces en la historia de los pueblos se transforman los fundamentos sociales, culturales, económicos y políticos de un país a la par que se genera una auténtica unidad nacional.

La Revolución Popular Sandinista fue insurrección y fue innovación, fue ruptura y fue construcción, fue lucha y fue unión, algo difícil de armonizar. ¿Por qué?
Porque la revolución traía en sus entrañas la potencia que da sentido y explica todos los cambios, la base humana y cultural hechos realidad en la alfabetización.

La alfabetización de los ochenta activó todos los resortes del ser humano como su buena nueva profundamente esperada. El pueblo sintió la alfabetización como la puerta abierta de su libertad, de su apropiación, de su realización como ser humano porque el pueblo se vio a sí mismo como el sujeto de su nueva vida. La alfabetización no fue sólo aprender a leer y escribir, fue la apertura de un nuevo espacio para que los nicaragüenses fuéramos, además de nación, patria, país, un pueblo, una comunidad nacional.

Con la alfabetización se realizó el encuentro histórico más asombroso, único, irrepetible de nuestra historia en su magnitud y trascendencia. Por una parte, el 52% de nuestros ciudadanos, excluidos en la ignorancia de los códigos básicos de la modernidad, analfabetas, vieron en la alfabetización una gran luz iluminando su oportunidad de ser y tener los componentes propios de todo ser humano: dignidad, libertad, igualdad para la convivencia y el ejercicio ciudadano. Por otra parte, una ciudadanía plena, total, de miles y miles que se comprometen y se entregan a alfabetizar, a educar a sus conciudadanos. Este encuentro generó la gran unidad nacional. La educación lo llenó todo, nadie pensó ni tuvo un proyecto de vida a corto plazo que no fuese la alfabetización, la educación de toda la población.

Más de 60,000 jóvenes desplegados en el territorio nacional enseñando letras y aprendiendo vida desconocida y real del campo rural, campesino, productor.

Arriba de 90,000 dando a la alfabetización su tiempo, recursos, el sentido de su vida y su propia vida en un trabajo creativo, humanizador. En Nicaragua cambió todo porque el espíritu de la gente se apoderó del país. Fue la insurrección y el poder del espíritu cristiano y solidario el que dominó. Por eso la alfabetización fue un hecho social, cultural, pedagógico, político, económico, productivo, el fundamento del potencial humano y el fundamento de la Unidad Nacional.

La alfabetización tomó al país en su gente para que en este se crearan mejores condiciones de vida y desarrollo. Esto en cifras significó que se redujo la tasa nacional de analfabetismo al 12.9% de la población mayor de 15 años.

Durante cinco meses, Nicaragua estuvo en estado de educación por eso estuvo plenamente unida. Más aún la Cruzada echó semillas de alfabetización que a lo largo de los años irían fructificando. Porque si en la CNA se alfabetizaron unos 450 mil nicaragüenses, en los años posteriores hubo esfuerzos sostenidos de alfabetización, como el asombroso accionar de la Asociación Popular de Alfabetización Carlos Fonseca Amador, que alfabetizó a unos 200,000, de tal forma que la tasa nacional de analfabetismo no subiera a más del 20%, aproximadamente según el Censo Nacional de Población 2005. Este nos confirmó que el número de analfabetas en Nicaragua rondaba en algo más del medio millón. Se siguió alfabetizando hasta que el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional retomó con decisión inalterable enfrentar el analfabetismo hasta reducirlo a un remanente mínimo.

Es cuando se emprende la Campaña de Martí a Fidel que contó con varios métodos didácticos, pedagógicos pero en especial el Yo, Sí puedo. De esta manera nuestra juventud tomó la estafeta alfabetizadora de tal forma que el día de hoy la tasa nacional de analfabetismo se mueve por debajo del 5% en la población mayor de 15 años, lo que el Gobierno proclama como territorio libre de analfabetismo. Todavía quedan remanentes. Por tanto la decisión es continuar alfabetizando a fin de reducirlo a su mínima expresión.

La Cruzada de Alfabetización y su continuidad en diferentes formas dejó en la historia de nuestro país dos grandes tesoros; el primero los seis premios y reconocimientos por parte de la Unesco, y el segundo la declaración de toda la documentación escrita, grabada, fotos, etc. de la Cruzada como parte de la Memoria del Mundo.

La gestión de esta declaración de la Memoria del Mundo y la preservación de los archivos de la alfabetización, es obra del Instituto histórico de la UCA que los proyecta a las nuevas generaciones a través del Tren Cultural de la Alfabetización, visitado los cinco años de su acción por 64,000 jóvenes de todo el país. Se dio la unidad nacional luego se puede dar la unidad nacional.