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Pensemos en los ciclos políticos viciados por los que ha pasado Nicaragua a partir de 1821, sin corregirse una forma de actuar equivocada consistentemente repetitiva. Veamos como, en vez de ponernos de acuerdo de una vez por todas para cambiar una tradición de vicios y malas costumbres políticas, volvemos nuevamente a buscar nombres y personas. Históricamente nunca han existido partidos políticos que compitan por ideas o programas, lo que hemos tenido son ciclos de facciones opositoras improvisadas contra gobernantes abusivos instaurados. Como expresó José Coronel Urtecho, el presente nicaragüense es un presente largo, que se extiende desde 1821 a la fecha. Nada cambia, los errores prevalecen.

Como se trata de política y del destino de un país y de sus millones de habitantes cuyo destino está en manos de los protagonistas políticos, creemos que es responsabilidad cívica decir las cosas con claridad. El destino de la ciudadanía no es justo que quede en manos de incapaces, fracasados o improvisados, porque si vemos los debates que se producen actualmente, la primera pregunta que surge es ¿qué han estado haciendo para consolidar un proceso democrático a partir de 1990 cuando tomó posesión Violeta de Chamorro?

Por ejemplo, no nos explicamos qué bueno puede salir de un proceso donde anda metido Eduardo Montealegre, que circula de Judas a Pilatos como bola de ping pong y maneja la batuta de un sector de la oposición que le para bolas y trajina con pito y tambor, queriendo imponer sus puntos de vista cuando nunca jamás, que sepamos, ha acertado en política. No creemos que pueda aportar ninguna experiencia política exitosa, pues empezó como parte de la solución pero se ha reducido a ser parte del problema.

Apareció en política gracias al dedo de Arnoldo Alemán. Siendo canciller surgió el problema del territorio marítimo con Honduras y Colombia del que no se dio cuenta hasta que salió en los medios de información. Ha tomado repetidamente decisiones políticas equivocadas que lo han llevado al fracaso siempre que ha lanzado su candidatura en lo personal para cargos electivos, como no sea ir en alguna plancha para la diputación y ha desperdiciado incontables oportunidades que se le han presentado sin verlas pasar. Seamos honestos, si Montealegre se hubiera arreglado con Rizo, cuando este fue candidato liberal, en las pasadas elecciones, indiscutiblemente el candidato en este momento sería Montealegre, con pleno derecho. Esa experiencia con Rizo, demuestra una vez más, su inhabilidad para alcanzar con éxito objetivos políticos negociados.

Qué credibilidad puede tener Montealegre, quien hasta hace muy poco andaba públicamente en conciliábulos privados con Arnoldo Alemán, los cuales ha hecho en diferentes ocasiones, cuando acompañados solo de sus esposas se reunían en restaurantes para arreglarse políticamente. Si Montealegre ha considerado a Alemán un interlocutor válido hasta hace muy poco, ¿entonces, ahora por qué dice que Alemán es un obstáculo? Da la impresión de que si Alemán le hubiera dicho a Montealegre que lo apoyaba sin condiciones como candidato único, entonces, ahora Alemán no sería obstáculo.

No ponemos en duda la incapacidad política de Montealegre, nunca ha demostrado ser políticamente hábil, por ejemplo, antes aceptó unas primarias interpartidarias, pero ahora dice que no son buenas como están planteándose. Si Montealegre hubiera tenido alguna preparación política, cuando aceptó las elecciones primarias interpartidarias se hubiera dado cuánta que no existen experiencias de elecciones primarias interpartidarias en América Latina, y que, si de todas formas las aceptaba, hubiera previsto en el acuerdo una serie de condiciones, que no previó entonces, pero que las está sacando a relucir ahora, extemporáneamente contribuyendo de esa forma al caos político existente.

Y no solo Montealegre, sino una serie de opinantes políticos que defienden “elecciones primarias”, pero sin haber definido en el momento oportuno en qué consistían esas “elecciones primarias”.

Hablando de primarias, las que sucedieron recientemente en el Estado de la Florida. Rick Scott se enfrentó para el cargo de gobernador por los republicanos a Bill McCollum. Scott derrotó a McCollum y ahora el candidato republicano para enfrentar al demócrata es Scott. Lo peculiar es que cuando Scott lanzó su candidatura como republicano, ni el partido republicano lo apoyó, ni los republicanos con influencia política lo apoyaron, se le alejaban como leproso, porque pesan sobre Scott acusaciones de corrupción. Pero Scott ganó las primarias y es el candidato republicano, y ahora como republicano ganador, el partido republicano y los republicanos de influencia política que antes lo repudiaron, se le acercan y andan loquitos buscando apoyarlo. Así es la políticas, así son las elecciones primarias.

Hemos defendido el proceso de elecciones primarias y siempre tomamos como modelo el proceso de Honduras, pero en Honduras, como en Estados Unidos de América, las elecciones primarias son internas de cada partido.

Por esa permanente confusión, incapacidad y errores políticos de Montealegre, es que no nos explicamos porqué es él, y otros como él, quien dirige la batuta de un sector de la oposición. La única explicación es que la oposición, como Montealegre, carece también de habilidad y visión política.

Hay demasiado cinismo y falso patriotismo en la política nicaragüense.

Encontré un pensamiento de Ortega y Gasset que nos calza como guante a la medida: “No lamento que los antepasados no nos hayan dejado riquezas, sino que no nos dejaron en herencia, ni ideales, ni virtudes políticas”.