Jorge Eduardo Arellano
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Mucho revuelo ha causado el caso de la condena impuesta a las médicas acusadas de perforarle intestino y de provocarle la muerte a Blanca Flores, al realizarle una esterilización.

A partir del dictamen del juez, en el cual condena a las implicadas a un año de cárcel, diferentes opiniones se han pronunciado al respecto; unos a favor y otros en contra de dicho fallo.

La mayoría de la población está enardecida no solamente por la medida del fallo, sino por el descaro de las médicas, de no aceptar ni siquiera su fallo o error humano que le costó la vida a una pobre mujer que dejó en el desamparo a sus ocho hijitos, y la posición de muchos médicos de los hospitales Vélez Paiz y Lenín Fonseca, de no aceptar la condena impuesta a las implicadas.

El pueblo se pregunta: ¿por qué los médicos del Lenín Fonseca operaron dos veces seguidas a la paciente?, ¿qué fue si no líquido o materia fecal lo que encontraron en el estómago y las vísceras de la mujer?, ¿quién está manejando esa huelga que afecta una vez más a los miles de pobres que no pueden pagar por una atención médica privada?, ¿quién maneja los hilos políticos --de haberlos-- en esta huelga? (porque aquí ya todo lamentablemente se volvió político en este país), ¿quién ayudará al padre de esas criaturas para mantenerlas?, ¿por qué solamente un año de cárcel cuando anticipadamente habían dicho que al menos serían tres?, ¿cumplirán su condena igual que Volz y otros tantos que son condenados “injustamente” y que al final alzan vuelo con o sin padrinos?, ¿quién?, ¿quién, quién… por qué?, ¿cómo?.

Hasta el momento solo tenemos dos cosas claras; que nadie ha dicho esta boca es mía o al menos no se conoce de persona o institución alguna que se haga cargo de criar y mantener a los ocho hijos huérfanos que dejó la joven madre de El Crucero, de apenas 36 años, y que las médicas solamente saben decir que ellas no son culpables de esa muerte. Ni siquiera asumen su error humano, que bastante caro le costó a Blanca Azucena.

Se maneja en algunos círculos de información que los médicos están apoyando la huelga en rechazo al fallo judicial que condena a sus colegas, para que no les caigan como lluvia otras demandas y denuncias que tienen algunos médicos y hospitales por casos de muertes en circunstancias similares, es decir, “mala práctica”. Como quien dice; se están haciendo los bravos de no aceptar el fallo condenatorio “para no despertar el avispero”.

Si ellas no son culpables, ¿entonces quién?, ¿el Ministerio de Salud? Seguro que también tiene gran culpa de esta muerte, como de muchas otras más. Si Blanca Azucena fuera hermana de una de las doctoras, ¿qué pasaría?
Hace años, a una sobrina mía, en una cirugía de parto le “picaron” la vejiga y no se murió de puro milagro, pues la angustia y agonía tanto de ella como de sus familiares duró meses y si mal no recuerdo, se tuvo que traer hasta placenta humana de un país vecino.

Con este caso de Blanca Azucena Flores, todos los temas o reflexiones que han salido a relucir son dignos de ser atendidos de una vez, por el bien de la población y por el crédito o el prestigio de profesionales e instituciones implicadas. Hay quienes opinan que hay vacíos en el Código Penal para estos casos de negligencia médica, que deben ser llevados en juicios civiles, que deben de pagar indemnizaciones en vez de ir a la cárcel, que ningún médico “quiere” matar a su paciente, que las “contingencias” existen, pero también no es menos cierto que bajo esta excusa, muchas malas prácticas e inexperiencias se cobijan constantemente, echándole un velo a las muertes de pacientes que entran por alguna enfermedad de menor riesgo y salen impedidos, discapacitados, ciegos, contaminados o muertos.

Para nadie son secreto las grandes deficiencias, carencias y debilidad del sistema de salud de Nicaragua, el desaire y grosería con que personal médico y auxiliar atiende a los usuarios-pacientes, que la salud se ha vuelto un negocio inhumano. Pero nada más debe ser excusa, por muy lógica que sea en un país miseriento y arrasado como el nuestro, para seguir permitiendo como normal el hecho de que a menudo se mueran pacientes, porque los salones quirúrgicos estén contaminados más de la cuenta, o porque el equipo instrumental no es el adecuado para las distintas cirugías que se realizan, o porque las enfermeras y personal médico encargados se descuidan de subir la baranda de la cama y evitar con ello que los pacientes, niños o ancianos se caigan y ello les provoque la muerte. Es hora de que el Minsa revise a conciencia los casos que llegan a auditoría médica y deje de apañar errores bajo el criterio, de que “ningún médico quiere matar a nadie”. Ya estuvo bueno de grupos o personas privilegiadas que rechacen y escapen de las condenas judiciales impuestas. Ya estuvo bueno de que la mala fama de una institución o persona, la cargue el estado completo, el país completo, un gremio completo. Ya es hora que quienes se comprometieron un día con el juramento hipocrático atiendan a los pacientes, no sólo con la ciencia en la mano, sino además con el corazón.

Ya es hora de que se atienda la salud del pueblo como debe ser, sobre todo con dignidad. Ya está bueno de tanto relajo en el país.