Ary Pantoja
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“Yo soy el martillo del mundo…donde mi caballo pisa no crece hierba”. Esta frase atribuida a Atila, rey de los Hunos, también conocido como “El azote de Dios”, nos da una idea de la crueldad con que actuaba este líder tribal de los años 400 d.C. en lo que entonces era Europa Occidental y Asia Central. Ni los romanos, cuyo imperio por aquella época ya iba en decadencia, se salvaron de la furia de Atila.

Tan joven como empezó en el arte de la guerra, así también la muerte le llegó a uno de los grandes conquistadores. Quizás la ausencia de la escritura entre los Hunos hace que se sepa muy poco de esta tribu y de su último rey, recordado precisamente por su brutalidad para subyugar a todo pueblo que conquistaba y por arrasar sin piedad a quien se le opusiera.

Mucho tiempo ha pasado y las espadas para someter a los pueblos se han convertido en leyes, escritas por los hombres. Pero cuando no es suficiente cambiar las leyes al antojo del “conquistador” de turno, de vez en cuando “es necesario” recurrir a las hordas para recordarle a quienes se oponen, quién es “el martillo del mundo”.

De vez en cuando, algún servidor de Atila sale oficiosamente haciendo gala de la soberbia y de una serie de amenazas públicas para quedar bien con “El azote de Dios”. Otros, como Teodosio II, Rey del Imperio Romano de Oriente, prefieren negociar o pactar con Atila para ganarse algunos
favores del Huno y evitar sus ataques destructivos.

No es casualidad, entonces, que algunos servidores de Teodosio, “traicionando” a su monarca, se pasen al bando de Atila tratando de evitar la embestida del “martillo”, o simplemente, sucumbiendo a los halagos del Huno y garantizando, de paso, las migajas que recibe Teodosio.

El problema es que Atila, en algún momento, quiere “todo o nada” y de nuevo ataca por todos los frentes -incluso a su socio ocasional Teodosio-, con la furia que le caracteriza hasta lograr su objetivo. En esta situación, el ciudadano común es el que paga las consecuencias, mientras “el martillo” reclama, a punta de golpes ilegales, las “350 libras romanas” de tributo a Teodosio.

¿Cómo pagará Teodosio a Atila de manera que “el Huno” quede totalmente satisfecho con el poder ganado? Eso es lo que está por verse en los próximos meses en este pequeño y desventurado país.