Jorge Eduardo Arellano
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Colombia tiene en su haber político social muchas debilidades y pocas oportunidades para salir con el pie derecho. Su fortaleza como Nación, radica en el poder que endosa todos los años el imperio militar más grande del mundo, con el son de erradicar el narcotráfico. Sin embargo, ése no es un punto de apoyo real en el juego democrático entre las naciones, más bien es una estrategia para establecer especies de puntas de playas para poder agredir o intervenir a cualquier vecino.

¿A quién representa el Presidente Uribe? A una política oligárquica de dominio y represión, que enriquece y a la vez empobrece a ese pueblo hermano, a pesar de los tantos recursos que posee, pues si vemos la mera realidad, el inmenso capital que obtienen pertenece a las transnacionales estadounidenses.

El gobierno colombiano responde entonces a una política dirigida, financiada y aplicada a quienes son sus posibles contrincantes. Se han preguntado porqué tantas trabas para que las FARC no envíen a la señora Betancourt en libertad, es obvio, el temor de que llegados los próximos comicios para elegir al nuevo presidente, ella resulte arrolladoramente la nueva líder del país.

Eso complicaría los intereses y arrancaría las máscaras titerianas; para muestra un botón, Panamá, perteneció a la Gran Colombia, Estados Unidos, la sometió en el siglo antepasado para que el tiburón mayor estableciese el Canal de Panamá, que representó durante décadas fortaleza para las dictaduras militares de América. En 1928, intervenida Nicaragua, por los marines, hicieron firmar al gobierno solícito el Tratado Bárcenas Meneses Guerra, que de un solo zarpazo quitaba a la Isla San Andrés y alrededores de nuestro patrimonio continental.

El meridiano 82 es la punta de lanza para cercenar nuestros mares Atlántico y Caribe, los cuales representan centenares de miles de kilómetros, que por prepotencia bélica y armamentista el gobierno colombiano quiere hacerse de la vista gorda y robarnos lo que nos pertenece. ¿Quién endulza en su verborrea al gobierno colombiano?
Todos sabemos quien los patrocina, a la par de esa situación está la de su vecino Venezuela, a quien no importándole al gobierno colombiano que son hijos de un mismo latinoamericanismo bolivariano, sirve de puente para entorpecer las relaciones y llevarlas a extremos peligrosos, pues hasta el mismo Ecuador se ha visto enfrentado por políticas expansivas, que no son expresión de nuestros pueblos.

La moral de los nicaragüenses, al igual que de los latinoamericanos, está llena de inclaudicables valores por la paz, la soberanía y el respeto entre las naciones. Nadie que conoce los desastres de la guerra desea enfilarse nuevamente en ella; es necesario, por lo tanto, un beligerante accionar diplomático para que nuestros derechos sean respetados.

*Docente UNI.