Jorge Eduardo Arellano
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Recientemente me levanté temprano y salí con Evita, una de mis estudiantes, hacia el Hotel Las Mercedes, donde se estaban alojando cooperantes correspondientes a la organización estadounidense Thousand Hills Mission.

Estos cooperantes, desde hace cinco años, llegan dos veces por año a Nicaragua, con medicinas y equipos, y junto a docentes y estudiantes nuestros se dirigen a comunidades pobres del norte de León, en la montaña y atienden de dos mil a tres mil animales de los campesinos que habitan en la zona…. Caballos, burros, machos, vacas, bueyes, cerdos, gallinas, todos son atendidos, desparasitados, vitaminados, vacunados, sin gastar un peso.

Para estos campesinos es un alivio, un gran aporte, saber de que alguien vela por la salud de sus animales, animales indispensables para el trabajo, para cargar leña, para sacar café, leche y granos básicos de las finquitas al mercado, para transportar los niños a la escuela, para sacar enfermos al hospital, para traer insumos necesarios, son la vida de las comunidades.

Una obra altruista y necesaria en un país tan pobre… como ellos, llegan también otras organizaciones, como Christian Veterinary Mission, People Protecting Animals and Their Habitat, World Society for Protection of Animals, etc., siempre aportando medicinas y equipos, y yendo a las comunidades más pobres del país a atender los animales.

Cuando llego al Hotel, la desazón estaba pintada en los rostros de los cooperantes, la noche anterior, al arribar al aeropuerto de Managua, en la aduana le habían quitado todos sus pertrechos, sintiéndose frustrados porque no iban a poder colaborar con los campesinos como hacían siempre.

Como pudimos, les armamos un botiquín de nuestras existencias, como para que atendieran a unos mil animales, y así marcharon contentos hacia El Sauce.

Pero éste no es el hecho, el hecho grave es que viene gente con donaciones para los pobres, para las comunidades necesitadas de este país, y en la aduana les roban la oportunidad de acceder a la asistencia veterinaria, les quitan las medicinas, los equipos, los insumos, impidiendo que la ayuda llegue a quienes la precisan.

De alguna manera hay que evitar que esto vuelva a pasar, porque los cooperantes se van a cansar y pueden decidir no venir más, y entonces, ¿qué hacemos?
Espero que todos aportemos nuestro grano de arena para solucionar este problema.

*Decano
Facultad de Ciencias Agrarias
Universidad de Ciencias Comerciales
erimbaud@gmail.com
enrique.rimbaud@ucc.edu.ni