Jorge Eduardo Arellano
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Miembros de diferentes sectores nacionales: diputados, académicos, dirigentes de sectores de la sociedad civil, rectores, estudiantes, nos han hecho llegar sus parabienes -por el artículo “La Hora de la Paz” (END 7-02-08); otros sectores nos han manifestado sus inquietudes con ánimos de conocer más a fondo la perspectiva de la cultura de paz sobre los conflictos que se vienen generando entre Colombia, Venezuela y Nicaragua, y las declaraciones de los presidentes Ortega y Chávez sobre la creación de un eje militar de defensa conformado por cuatro países.

I.

Me permito comenzar aclarando que la cultura de paz no plantea la indefensión de un pueblo ante la amenaza real a su soberanía o su autodeterminación, la cultura de paz no niega el recurso de las armas, tal como lo establecen las Naciones Unidas en caso de defensa de la soberanía o en contra de tiranías y dictaduras. De allí que organizaciones como el congreso nacional africano CNA, la OLP, la SWAPO, tuvieran asiento en las Naciones Unidas, aun años antes de ser gobierno.

Sin embargo, consideramos que siempre ante los conflictos existirán dos caminos para abordarlos y acaso superarlos: La opción pacífica y creativa, el diálogo político, la negociación, la concertación, el arbitraje, el derecho internacional y los organismos internacionales creados para tal fin. Y está el recurso a la fuerza, la guerra con todas sus implicancias.

Creemos que aún cuando Nicaragua se prepare en el terreno que considere más adecuado para la defensa de su soberanía:
a) No se han implementado las vías políticas de diálogo, por ejemplo una cumbre entre los dos mandatarios. Tengo entendido que Colombia después del fallo de La Haya que marcó la no definición aun del paralelo 82, como límite marítimo entre los dos países, planteó la necesidad de diálogo con Nicaragua. No sabemos cuáles fueron las consideraciones de la Cancillería o del Presidente Ortega sobre aquel planteamiento u oportunidad.

b) Nicaragua no ha hecho uso de la OEA, aun cuando se dice que el mapa político continental ha cambiado, y no está conformada en su mayoría por gobiernos dóciles como antaño, sino por gobiernos de vocación unitaria, concertadora y de política exterior propia.

c) No se ha acudido al Movimiento de Países No-Alineados que hoy por hoy es un movimiento político que podría jugar un importante rol internacional.

II.

Nicaragua como Centroamérica están llamados por sus propios intereses a compartir su experiencia de construcción de la paz con toda la autoridad moral que comporta después de haber vivido y superado una cruenta guerra civil. Confiando siempre en los cambios operados en América Latina, Nicaragua y Centroamérica pueden impulsar la concertación regional y nacional para presionar al gobierno Colombiano y la guerrilla a abrirse a un diálogo político, sincero, que busque el fin de la guerra y el establecimiento de la paz con justicia; esta concertación pasa por devolver a las FARC su estatus de fuerza beligerante.

Existen países limítrofes con Colombia, como Brasil, Ecuador, Venezuela, que tienen intereses particulares de establecer estabilidad y seguridad en sus zonas fronterizas o evitar procesos migratorios masivos en caso de escalada interna del conflicto. Ya Venezuela habla de fuerzas paramilitares que operan en su territorio.

Un esquema como Contadora y Esquipulas, con el respaldo de la región, puede plantearse para Colombia aun con la complejidad del conflicto de ese país: poder de los militares, poder del narcotráfico, poder de los paramilitares, poder de la guerrilla y un gobierno reacio al diálogo y la paz. América Latina debe realizar sus mejores esfuerzos para ayudar a superar el primero y último país con una crisis de violencia política de medio siglo.

Nicaragua y Centroamérica deben también estimular el diálogo y la negociación entre Colombia y Venezuela, pues una conflagración entre ambos países dividiría y debilitaría a América Latina, echando por la borda los procesos genuinos y autónomos de unidad y concertación latinoamericana.

III.

Los conflictos también pueden abordarse y “superarse” recurriendo a la fuerza de las armas, pero la solución por esta vía no siempre garantizaron una paz estable y duradera, aparte de las secuelas de la guerra en todos los órdenes.

No dudamos de la heroicidad y celo de nuestro pueblo y de sus fuerzas armadas en términos de le defensa irrestricta de nuestra soberanía y autodeterminación, más aún cuando Colombia y en su momento Costa Rica y Honduras pretendieron convertirnos en país tapón por el Atlántico, pero como se decía en los ochentas, la mejor guerra es la que se puede evitar. Entrar en una carrera armamentista y una confrontación bélica con Colombia involucionaría a nuestro país nuevamente por muchos años.

Hasta ahora no se ha demostrado, en este caso, la derrota de la política y la vía jurídica, pero también hay que decir que no se ha acudido a ella con toda la capacidad creadora e imaginativa que requiere. Talvez el conflicto sin que se escale nos ayude en el fallo definitivo y posterior de la Corte. Nuevamente démosle una oportunidad a la paz, a la diplomacia, a la política y al derecho internacional, al fallo de la CIJ.

IV.

Nicaragua internamente necesita la concertación, como dice el General Ortega, y como hemos planteado en nuestros artículos y pronunciamientos como Instituto “Martin Luther King”, aun antes de la asunción del nuevo gobierno. La mejor situación que un gobierno debe buscar ante una amenaza externa es la férrea unidad nacional interna, conciente y libre, pero ésta se logra no sólo con la arenga patriotera, sino con una unidad y verdadera Reconciliación que refleje la atención del gobierno a los intereses de los diversos sectores nacionales y que se base en consensos reales en torno a los grandes desafíos nacionales que la crisis mundial y la globalización imponen.

V.

Finalmente debemos llamar la atención del gobierno a la propuesta de convertir a “Centroamérica en Zona de Paz, Cooperación y Seguridad Democrática”, promovida por el Instituto “Martin Luther King” de la Upoli y el Parlacén. Es una propuesta que incluso contempla la unidad centroamericana en la defensa de uno de sus países miembros ante una amenaza extranjera. Los Presidentes de Centroamérica la tienen en sus manos, sólo les hace falta instruir a sus Cancillerías para introducir el proyecto de resolución en este próximo 63 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU. Las condiciones están dadas, más aun cuando parece inminente que el próximo Presidente de la Asamblea General será el Padre D´ Escoto, lo cual es otro factor para una Nicaragua que promueva la paz mundial con justicia, la reconciliación y la defensa de la tierra. La humanidad está esperando sabiduría en sus gobernantes ante la crisis planetaria que enfrentamos.

*Director Instituto “Martin Luther King”

Upoli