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El viernes 10 de septiembre de 2010, en la página Opinión de EL NUEVO DIARIO, se publicó artículo “Atila y los Hunos”, firmado por Ary Neil Pantoja, en el que destacan dos aspectos relevantes; a) Atila como el más brutal de los conquistadores que ha conocido la humanidad, b) en Nicaragua existen un Atila y un Teodosio que en los próximos meses nos podrían recordar la historia con el pago de cierto tributo exigido por Atila. Lo que no hace Ary Neil es determinar quién es Atila y quién Teodosio, pues nos lo deja a la imaginación, aunque comete el error de referir a Teodosio II y luego a Teodosio, personajes distintos en tiempo y calidad humana.

Por lo que nos dicta la historia, Atila no fue un conquistador, pues su papel en la historia fue liderar la resistencia de los pueblos del Asia, Medio Oriente y este de Europa, cansados de las agresiones brutales de los conquistadores romanos. Atila, contrario a los “cristianos”, no quemó un solo libro a su paso, ni asesinó a un solo ciudadano cuando penetró Roma, ni declaró herejes para quemarlos en la hoguera; respetó la autoridad de El Papa-Obispo de Roma, León El Grande, y aceptó retirarse previo pago del tributo proporcional al mal que se evitaba. Los jefes romanos no hicieron lo mismo con Cartago ni resto de pueblos conquistados, y ya teniendo como aliados a los cristianos, permitieron que la “Iglesia de Dios” quemara las bibliotecas de Alejandría, hecho que constituye el peor de todos los crímenes culturales de la historia humana. Conquistador es aquel que toma bajo su mando absoluto cada pueblo que conquista, como hicieron Alejandro Magno, Gengis-Khan y tantos que nos refiere la historia. Atila no conquistó.

Las más notables mujeres cristianas-romanas se enamoraron de caudillos bárbaros, como la princesa Gala Plácida que en 412 y en Narbona, casó con Ataúlfo, líder de los Visigodos, y Honoria, que en 452, estando Atila en Roma, sintió tanta admiración por su carácter y actos, que le envió su anillo de desposada ofreciéndose en legítimo matrimonio.

No se debe desconocer que las denominados “Bárbaros” tenían por concepción religiosa y filosófica al Arrianismo, cuyo representante, Arrio, presbítero de la iglesia de Baucalis de la ciudad de Alejandría, que tenía su principal opositor en Atanasio, también presbítero de la ciudad de Alejandría, profesaba que el Hijo no era de la misma naturaleza del Padre, aunque en verdad sus ideas iban más allá que la simple diferencia sustancial entre El Padre y El Hijo. Esta disputa tuvo su momento álgido en el Concilio de Nicea, convocado por Constantino, emperador de Roma, que inició el 3 de julio de 325 al llegar Constantino, y tuvo como efecto el destierro de Arrio y la imposición de El Credo como resultado ideológico niceano. Constantino y Licinio habían proclamado en 313 el llamado “Edicto de Milán”, declarando la libertad de culto, pero en evidente protección de los cristianos, hasta entonces perseguidos de forma brutal. Constantino, como emperador romano, sabía que el cristianismo había vencido en el plano ideológico al paganismo, por eso le interesaba unirlo como ideología al imperio para darle el vigor perdido. De la unión Cristianismo-Imperio Romano resultaron dos híbridos, un Imperio Cristiano y un Cristianismo Pagano.

De allí que la iglesia católica los llamara Bárbaros en sentido técnico, porque la verdadera conducta de barbarie, en detrimento de la ciencia y de la humanidad, era la que luego, por más de doce siglos, esgrimiría la Iglesia Católica para desgracia del mundo.

Del otro aspecto, según lo que da mi imaginación, no debe preocuparse Ary Neil, pues las urnas estarán abiertas a los votantes, y ganará el que obtenga más votos, como en las pasadas elecciones. Yo votaré por mi candidato, Daniel Ortega, que seguro será reelegido, no por pactos ni pago de tributos, sino porque su gestión de gobierno ha sido muy superior al desgobierno de los 16 años de administración liberal que lo han precedido, y porque la mayoría del pueblo nicaragüense así lo quiere.


*Abogado Penalista
panfiloorozco@gmail.com