• |
  • |
  • END

Les encuentro en las calles, comunidades rurales, envejecidos, enfermos o alcohólicos, relatando sus hazañas y amarguras, o en sus pequeños comercios tratando de superarse enfrentando las injusticias del sistema excluyente y de oportunistas, o buscando cómo adquirir capital con el cual vencer la pobreza.

Transitan de oficina en oficina partidarias y gubernamentales “buscando respuesta” para satisfacer necesidades básicas, veinte años después de haber dejado las armas que dispararon combatiendo a Somoza y defendiendo la Revolución Popular Sandinista, por la cual arriesgaron vida, abandonaron familia, venciendo calamidades durante la guerra y “la democracia”.

Las batallas les marcaron cicatrices en el cuerpo, en la memoria quedó el orgullo épico tras cientos de enfrentamientos. Unos pocos recibieron ciertos bienes, cientos están olvidados y andan solicitando sus derechos: pensión vitalicia, salud, vivienda, tierras productivas, dinero para invertir.

Un reducido grupo de combatientes, y otros que no lo fueron, “reciben beneficios”, comercian buen capital en el engranaje oficial que les facilita enriquecerse. Otro pequeño grupo, la mayoría no combatientes, decide en el partido y el gobierno, y también acumulan cuentas bancarias y propiedades.

Después de salir del Ejército, la vida civil democrática no les produjo prosperidad. Los gobiernos incumplieron acuerdos, y el Frente Sandinista les ofreció resolverles cuando Daniel Ortega volviera a la presidencia. Acompañaron a Ortega todo el tiempo, garantizaron su seguridad, y todas las veces votaron por él, hasta que lo retornaron a la presidencia participando en las campañas y el tendido electoral.

Daniel Ortega los bolea

Desde la presidencia, Ortega no les cumple, infiltra las organizaciones, les pone trabas burocráticas, les envía operadores políticos a que los mediaticen, entrega buenas regalías a ciertos directivos y chucherías a los otros, les miente.

Entre no pocos combatientes impera el descontento no sólo con Daniel, también con la Comandancia General del Ejército, pues se quejan de que les han borrado de la lista de retirados de la institución, no tienen “un papel que diga que fueron militares”. Por tanto no pueden reclamar sus derechos.

“El carnet del Ejército no vale, fui borrado de la lista de retirados”, me dijo Cruz Cresencio Cisneros Artola, un teniente del Ejército, con cincuenta años, siete cicatrices en su cuerpo producto de las balas “y la columna deschincacada”.

Tampoco pueden conseguir empleo, “a un viejo no le dan trabajo ni en la empresa privada ni en el gobierno, menos si está enfermo”. “Más bien le están resolviendo a los de la Resistencia y a nosotros nos dejan a un lado”.

Viejos y enfermos, pelones o panzones, desde Matagalpa iniciaron una marcha, recorriendo ciento treinta y dos kilómetros, para llegar a Managua hasta la residencia oficina partidaria presidencial de Daniel Ortega, pero “los bolearon”, les dijeron que se regresaran y les resolverían. En Matagalpa les ofrecieron cinco manzanas de tierra. Comparan la cantidad de tierras y propiedades que poseen algunos directivos del partido, y reaccionan indignados. Persiste la injusticia y el menosprecio a su heroica entrega para “que otros gocen de poder y prebendas”.

No seguirán votando por corruptos

La mayoría con quienes conversé siguen siendo sandinistas, y me pidieron no mencionarlos, temen represalias, pues aunque les duela no van a continuar apoyando a Ortega ni a la elite de oportunistas que le rodean. Les van a dar una lección.

El danielismo ha creído que los combatientes, por la consciencia sandinista firme, van a seguir votando por ellos, pero es la misma consciencia la que los lleva a reflexionar “cuando reciben desprecio y son víctimas de la desigualdad.”

Ellos y ellas se armaron para derrotar la dictadura, defender la revolución y cambiar el sistema de privilegios para unos pocos y represión y pobreza para la mayoría. Pero ahora se encuentran con que los cambios no han sido sustanciales, continúa el oportunismo que produce corrupción, nepotismo, exclusión.

En Matagalpa, como en otros sitios, “vemos a antiguos somocistas que siguen siendo somocistas con sus actitudes” en puestos importantes en el partido y el gobierno, y “descaradamente mienten… hasta dicen que combatieron o que fueron víctimas de la guardia”. “Esos son los aduladores que se han hecho millonarios y tienen a toda su familia en los puestos del gobierno.”

En el Frente Sandinista no hay elecciones para cargos partidarios, son nombradas personas que en su mayoría no son representativas ni están forjadas en la lucha revolucionaria, obstaculizan que los combatientes asuman el liderazgo sandinista y respondan a sus intereses de clase.

Sin embargo, los viejos combatientes no se resignan, aún viejos y enfermos, seguirán la lucha cívica por sus derechos que le costaron sangre y sacrificios. Continuarán su marcha, evitando enfrentamientos bélicos. No desean más guerra… pero las contradicciones y los vejámenes pueden cambiar el rumbo de sus demandas.

Daniel Ortega tiene la solución en sus manos, si acaso aún decide, aunque no lo creo pues es pieza del sistema que él y su grupo ha creado pensando en la eternidad del poder absoluto y enriquecedor.