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Ante las controversias que han surgido acerca de si Nicaragua está o no en condiciones de cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2000, conviene recordar cuáles son esos Objetivos con los que Nicaragua se comprometió al estar presente entre los 189 Estados Miembros de las Naciones Unidas que concurrieron a la memorable Asamblea del año 2000.

Los Objetivos de Desarrollo que los Estados se comprometieron a alcanzar antes del año 2015 son los siguientes: Objetivo primero: Erradicar la pobreza extrema y el hambre. El Objetivo no es simplemente disminuir la pobreza extrema y el hambre sino erradicarla. En el mundo una de cada cinco personas sobrevive con menos de un dólar al día. Objetivo segundo: Lograr la enseñanza primaria universal. En estos momentos más de cien millones de niños no asiste a la escuela en el mundo. Nicaragua contribuye con medio millón o más. Pero, además, en Nicaragua solo 40 de cada cien niños que ingresa al primer grado completa los seis grados de enseñanza primaria. De ahí que algunos analistas piensen que Nicaragua no podrá cumplir con este objetivo antes de 2015 y, mucho menos, en el 2011 como propone la nueva Estrategia Educativa del MINED. Se requerirían caudalosas inversiones en educación, que por ahora no existen, pues actualmente se observa más bien una tendencia a la disminución de los recursos. Actualmente se destina a educación tan solo el 2.47% del PIB, el más bajo de Centroamérica, cuyo promedio es de 3.7%. Objetivo tercero: Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer. La presencia de mujeres en el Ejecutivo, la Asamblea Nacional y los otros Poderes del Estado sigue siendo minoritaria. Pero, además, sigue existiendo desigualdad notoria en cuanto al acceso al trabajo, a la propiedad y a salarios iguales por desempeños iguales; Objetivo cuarto: Reducir la mortalidad infantil. Ya vimos que en este aspecto los datos oficiales no coinciden con los que manejan los organismos internacionales y que este gobierno es intolerante cuando se le señalan las discrepancias. Objetivo quinto: Mejorar la salud materna, reto difícil de cumplir en Nicaragua mientras el gobierno mantenga su política de penalizar el aborto terapéutico y el currículo de la enseñanza media no incluya un buen curso de educación de la sexualidad; Objetivo sexto: Combatir el VIH /SIDA, el paludismo y otras enfermedades contagiosas. Los enfermos de SIDA en Nicaragua se quejan de que no reciben atención ni tratamiento adecuado. Este es un reto que requiere mayores esfuerzos de parte del Estado y la sociedad. Objetivo séptimo: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente: Para nuestro país eso significa combatir la proliferación de basura, preservar las fuentes de agua, combatir seriamente la contaminación de nuestros lagos Xolotlán y Cocibolca; proteger el río San Juan frente a proyectos que lo dañarían de manera irreversible, proteger nuestros bosques y reservas de biosfera, etc. ¿Existe una política firme, dotada de los suficientes recursos, que garanticen el cumplimiento de esta meta? Objetivo octavo: Fomentar una Asociación Mundial para el Desarrollo: En lugar del 0.7% del PIB que los países más avanzados debían destinar a la ayuda oficial al desarrollo de los países más pobres, la cifra promedio de estos últimos años no llega al 0,3%.

Varios de los países en desarrollo que se comprometieron con estos objetivos posiblemente no podrán cumplirlos, entre ellos Nicaragua. En algunos casos por falta de gobiernos eficientes y realmente comprometidos con estas metas. En otros, por insuficiencia de recursos. De ahí la propuesta que ha hecho la Red Mundial de Organismos de la Sociedad Civil (Ubuntu), para incrementar los fondos de ayuda al desarrollo y permitir a estos países cumplir con los objetivos previstos para el año 2015.

La propuesta de Ubuntu consiste en la creación de un impuesto internacional sobre las transacciones de divisas de tan sólo un 0,005%. Esto sería suficiente para recaudar una cantidad superior a los 30.000 millones de dólares anuales, que significarían un aporte sustancial para ayudar a los países pobres a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.