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Los elementos asignados a la identidad de la mujer se forman desde una construcción social de las identidades de género. Como bases constructoras que definen estas asignaciones al género se encuentran: la familia, las instituciones sociales, la ciencia, la religión, el lenguaje, los sistemas de pensamientos; en fin, la cultura.

La imagen social que se construye en el imaginario de los grupos, que incluyen tanto a hombres como mujeres, de lo que la mujer debe ser; siempre ha contenido una suma de creencias, expectativas, funciones sociales, necesidades sociales, posiciones socioeconómicas resultado del devenir histórico, percepciones y exigencias que han progresivamente calado en la autopercepción de la mujer misma, desde la formulación social hasta pasar a ser parte inalienable de su identidad.

Si en las culturas primitivas se contaba con la tradición oral, el mito y los rituales para definir las posiciones y estatus que ocupaban hombre y mujeres en los clanes o tribus; en la actualidad partiendo de la cosmovisión y marco de pensamiento occidental se cuenta con herramientas de reciente invención pero de rápida complejización, que cumplen una función de esparcir ideas, de globalizar conceptos y de definir las pautas de comportamiento y percepción social entre hombre y mujeres, entre otras cosas.

En el caso del televisor, del cual los primeros avances para la invención de este aparato receptor y reproductor de imágenes datan de los años 1880, es en la actualidad el instrumento clave de la globalización y oferta de ideas. A través de las campañas de publicidad, novelas, programas televisivos, noticieros y otros, se definen las identidades de ciudadanos que desde un papel meramente de receptores, inconscientemente lo van asimilando como parte de su marco de pensamiento, que al mismo tiempo influye en las decisiones que toman en la vida cotidiana y en como se ven a sí mismos, a sí mismas.

En la televisión nacional contamos con una serie de programas televisivos que al analizarlos desde la perspectiva de género para lo que sirven en la mayoría de casos es para revalidar, reforzar y dar continuidad a una serie de creencias, patrones de funcionamiento, vicios y percepciones sesgadas en lo relacionado con el tema de las relaciones de género.

Primer ejemplo. En el caso de los programas matutinos, contamos con muestras de esto en los transmitidos por los canales nacionales 2, 4, 8 y 10. En estos si se les analiza encontramos en primer lugar que las mujeres encargadas de ser presentadoras de los programas son por sí mismas una revalidación de lo que una mujer debe ser. Cuando hacen “casting” de presentadoras en los diversos canales para estos programas, buscan a un tipo de mujer jovial, de buena “figura”, que esté siempre presentable (maquillada, con un determinado tipo de ropa, tacones altos) y que siempre sonría.

Esto último resulta chocante pues las presentadoras del noticiero “Acción 10”, al presentar una noticia sobre algún accidente automovilístico, abuso sexual a un menor o el maltrato de un hombre a su pareja mujer, al ser enfocadas por la cámara luego de haber trasmitido las imágenes de la noticia, nos muestran su amplia sonrisa como si se tratase de algo ameno y divertido lo que acaban de transmitir.

En otros noticieros la imagen de la mujer es lo que cuenta y no tanto lo que dice, por lo que en algunos casos se nota que leen y aun así se equivocan, pero siempre lo primordial y bien cuidado es mantener la sonrisa de oreja a oreja. Esto contrario a los periodistas hombres que por designaciones de género no se desviven tanto por su apariencia y no sonríen cada inicio y final de una noticia.

Segundo ejemplo. El contenido de los programas de entretenimiento matutino. Es variado, es algo que hay que reconocerle a estos programas, pero en los diferentes canales que transmiten este tipo de revistas matutinas; cuando se habla de mujer, se puede ver un sesgo de temáticas que van desde cómo lucir bella y radiante, ocupaciones “femeninas” relacionadas con la casa, los niños y el ahorro y las enfermedades de las que padecen las mujeres.

Es típico de estos programas que hablen de cuál sería la mejor opción de vestido para una cena, o cómo preparar tu cuerpo para el verano, cómo cuidar tu peso, qué tipo de dietas son las ideales para mantener “la figura”, cómo seducir, cómo manejar los celos, y en casos absurdos, el tema de los piropos, como algo que si no contiene una ofensa, es siempre bienvenido.

Ojo, las mujeres en los programas de televisión son simplificadas a unas cuantas funciones: estar siempre atractiva y sonriente, como quien es un producto en una vitrina y mientras te “mantengas” permaneces en el mercado, a la venta. No se va ver a una presentadora sin el exceso de maquillaje que sobresalta los labios y deja a millas de distancia la apariencia natural de la mujer en cuestión.

Los segmentos de entretenimiento de estos programas el 90% de las veces se trata de mujeres jóvenes con poca ropa, bailando de forma “sensual” y “provocativa”; cuando no están vestidas con minifalda, top que le ciñe los bustos hasta casi reventar, amén de un par de botas. Están las que bailan folklore, otra imagen estereotipada de la mujer sumisa que responde positivamente al cortejo del hombre con una sonrisa y con actitud de recato y timidez.

Por ahora estos son algunos elementos a revisar en la televisión nacional, eso que aún no se introducen aquí las telenovelas, en las que la mayoría de mujeres nicaragüenses, madres y “amas de casa” invierten su tiempo “libre” y se “entretienen”. Cabe decir que si de los programas televisivos nacionales dependieran las relaciones de género, seguirán como están, sin cambios ni transformaciones.

Sin embargo, demuestran lo que existe en el imaginario de hombres y mujeres de distintas clases sociales y económicas sobre roles de género.


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