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Es una desgracia y un deshonor saber que somos el segundo país más pobre de América Latina, solo nos supera el país que la naturaleza terminó de desintegrar: Haití.

Cuando uno observa nuestra propia historia, pareciéramos estar condenados a seguir siendo lo que somos, o peor aún, hacia lo que vamos. Hemos heredado una cultura ancestral de codicia, de confrontación, de intolerancia, de machismo, de guerrerismo, de sumisión frente al extranjero, y despotismo frente a los propios, de hipocresía, cinismo, demagogia política y religiosa; nuestros grupos económicos rentistas y prebendarios, en su mayoría enriquecidos al amparo del Estado, elegantemente agremiados en sus Cámaras, Institutos y Consejos de Empresarios, al igual que los Peninsulares y los Criollos que se repartieron las encomiendas, les vemos junto a los nuevos encomenderos, disque, timbucos, calandracas, conservadores, liberales, somocistas, sandinistas, arnoldistas, orteguistas, todos se han repartido el poder y con ello las riquezas del país, con la consecuente pobreza de las grandes mayorías.

Todos los argumentos se han esgrimido, todos han sido válidos para ellos para el reparto del Estado-botín; y con el poder del Estado se han repartido a manos llenas. Desde esta perspectiva nada diferencia a los primeros que vinieron de Europa como a los últimos gobernantes. Vinieron como conquistadores y colonizadores y terminamos esclavizados; otros llegaron como libertadores, como es el caso de Ortega, y ha terminado como opresor; otros enarbolaron banderas contra los oligarcas y han terminado oligarcas ellos mismos. Mientras tanto, la pobreza campea en el país, y no ha habido fuerza humana ni técnica, de izquierda o derecha, que nos haya podido sacar de la pobreza. Todos lo han sabido, y los de ahora también lo saben, los pueblos claman vindicta, y tarde o temprano se cobran.

Contrariamente, a lo largo de la misma historia, hemos visto al pueblo nicaragüense, altivo, irredento, rebelde y digno, con humor y con poesía, luchando por lo más preciado, sus vidas, sus derechos y sus libertades fundamentales; luchando desde lo cultural, lo musical y lo religioso, logrando un sincretismo para impedir que se borren sus propias huellas, generando una cultura Guegüense, en su mejor sentido, para enfrentar a los poderosos; luchando con flechas frente a la cruz, la espada y los arcabuces; negándose nuestras mujeres aborígenes a parir hijos de invasores, o lanzándose los hombres desde el precipicio de las montañas para no ser esclavos. Luchando con muñecos de zacate frente a los modernos imperios, venciéndoles. Con pistolitas, rifles 22 y escopetas cuapes, contra las tanquetas, las fuerzas especiales y la moderna aviación, con bombas de contacto y otras producidas por el ingenio inagotable de nuestro pueblo. Siempre el pueblo ha vencido, siempre el pueblo ha confiado, para que después de cada gesta, emprendiéramos el camino para la verdadera paz, reconciliación, justicia y paz social.

Hoy nuevamente las cúpulas políticas en el poder, Orteguistas y Arnoldistas, desde arriba y desde abajo, con argumentos de que “el pueblo no tiene memoria histórica de largo plazo”, quieren repetir la triste historia antes señalada, aprovechándose de la ignorancia y las necesidades del pueblo.

El orteguismo y su colaborador necesario, Alemán, con sus respectivas cúpulas de corruptos, han desarrollado una lógica hegemónica de poder, basada nuevamente en la demagogia y el cinismo, la mentira y el engaño, el oportunismo y la codicia, para imponernos “mas de lo mismo”. No les ha preocupado en absoluto que los huracanes nos azoten, que el país se desmorone y se derrumbe a pedazos, que los mas pobres queden anegados hasta el cuello, que los caminos y carreteras desaparezcan, que las calles de las ciudades vuelvan a ser zanjones, que la producción sea destruida, que los derechos se vuelvan dádivas, que la soberanía ciudadana sea pisoteada, nada de eso les importa, solamente les vemos y escuchamos en la tercia partidaria por el poder, por la reelección, por el continuismo, por el control y reparto del Estado.

Hay quienes dicen “a este pueblo le vale v… lo que pase”, “el pueblo está apático”, “al pueblo solamente le interesa la hartazca”, otros dicen que “este pueblo es tan ignorante, que le compran su dignidad por un chancho o una gallina”, estas palabras aunque parecieran ser verdad, encierran la indignación y la premura de muchos porque hagamos algo ya, para cambiar las cosas. Pero no es cierto que el pueblo esté apático, y que no le interese más que solamente comer, este pueblo ya se ha venido expresando cívicamente frente al actual sistema político, lo ha hecho en las elecciones, pues somos un país que tiene un alto porcentaje de participación en votaciones, porque cansado de las recientes guerras que hemos vivido, ha escogido el voto como un de los instrumentos de cambios.

Los ciudadanos expresaron su cansancio del bipartidismo que se había impuesto en los años noventa, pero los caudillos traidores asestaron el artero golpe con el “Pacto” del dos mil; a pesar de ello, en las votaciones de 2006, donde Ortega se erige dudosamente como presidente, la población busca la ruptura del Pacto, y da su voto a Montealegre, ubicándolos en un segundo lugar, lo que significó un golpe al pacto, pues el pacto esta hecho para dos y no para tres; también observamos cómo el mismo pueblo buscando el cambio en la correlación de fuerzas electorales, dio su voto a otras fuerzas emergentes como el Movimiento MRS y el Partido Conservador; pero los pactistas Alemán y Ortega, retorciendo las instituciones, las leyes y la Constitución, despojan a Montealegre de de la casilla de ALN y se la entregan a prostituidos diputados, subordinándosela a los designios de ortega, también despojan de la personalidad jurídica al MRS y PC. Sin embargo, la ciudadanía, no queriendo abandonar su opción cívica, va y vota en las elecciones municipales de 2008, siendo no solamente un ejercicio del sufragio universal, sino su rechazo al uso de otras formas violentas de expresarse, y nuevamente el Pacto vuelve a violentar la voluntad popular con el fraude de las municipales.

El pacto político, en su lógica hegemónica, a cuatro años del gobierno de Ortega, no ha podido lograr su ansiada obsesión, como es la reelección con “legalidad y legitimidad” necesaria, y ha venido utilizando todos los argumentos perversos, como el Parlamentarismo, tentativas de reforma a la Constitución para la reelección en su segundo año de mandato, fraude electoral, nueva tentativa de reforma en el tercer año. Éste es su último año para alzarse con la candidatura de su partido para las próximas elecciones, se le acaba el tiempo; es por eso que vemos intentos desesperados para volver a ser el candidato, pues ya tiene a lo largo y ancho de todo el país la propaganda y promoción del culto a la personalidad, es por lo tanto un imperativo para Ortega y el pacto, lograrlo, y para ello no han reparado ni escatimado esfuerzos, aunque ello signifique violentar todo lo que sea necesario. La reelección a cualquier costo, es así que hemos visto todos los argumentos antijurídicos, tales como la Sentencia 504 de la espuria Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), luego el famoso e inconstitucional decretazo presidencial 3-2010, la resurrección del Arto 201 de la Constitución de 1987, y finalmente como expresión de la desesperación dictatorial, ha pretendido la burda e ilegal integración de Conjueces en la CSJ.

El que no haya alcanzado su obsesión enfermiza de la reelección, es una victoria del pueblo. Los ciudadanos no podemos perder el ánimo, apelamos al ingenio popular y sobre todo a la juventud, para que impidamos la instauración de una dictadura institucional.