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El desarrollo rural encuentra en la educación rural su mejor aliada. Pensar el futuro rural supone trascender políticas de corto alcance, orientadas simplemente a superar la pobreza, pero incapaces de proporcionar bases sólidas y sostenibles al desarrollo humano. La educación rural posee las principales claves, en tanto exige que las políticas superen esa inmediatez, proporcionando cimientos firmes que sostengan su desarrollo.

Nuestra historia muestra un radical desencuentro entre la perspectiva de desarrollo y la lógica de la educación. Recordar algunas de las Escuelas Normales Rurales de la década de los 60 nos retrotrae a una formación de maestros de Primaria en la modalidad de multigrado, que tuvieron impactos relevantes en la sociedad rural y el país. En décadas posteriores, tales iniciativas fueron devaluadas, de manera que, si bien el multigrado tuvo gran significación y relevancia, al pasar del tiempo ha visto desdibujado su identidad y dinamismo. Luchar contra la pobreza en perspectiva de desarrollo rural demanda relanzar la educación rural como la política por excelencia que, en sinergia con otras políticas públicas, genere capacidades para alentar un desarrollo auténtico. Actualmente se estima que existen en todo el país 6,534 escuelas de multigrado, atendidas por 9,908 docentes, con una matrícula estimada de 292,556 niños y niñas. Un potencial dormido que necesita despertar.

Con mucha razón se mencionan múltiples problemas relevantes de la escuela rural multigrado, producto de varias décadas. Estos hunden sus raíces en la combinación de factores políticos, socioculturales, económicos, geográficos, curriculares y pedagógicos, tales como: Inexistencia de políticas e intencionalidades efectivas, el currículum ha tenido y aún tiene un peso orientado más a la modalidad regular de Primaria que a la específica multigrado, la educación rural es poco pertinente, evidencia desconexión entre la escuela y la comunidad, la complejidad geográfica rural ha influenciado la realidad educativa, el ámbito rural posee los mayores niveles de pobreza del país, la formación y apoyo a los maestros rurales ha sido deficitaria, y el apoyo recibido es débil e insuficiente.

Esta situación hace necesario avanzar en estrategias de formación docente de las escuelas multigrado de los núcleos educativos que presentan bajos indicadores de retención y aprobación. En los últimos años, la institución educativa realiza esfuerzos importantes en este orden en zonas donde las escuelas tuvieron resultados educativos más deficitarios, ofertando un curso dirigido a 1000 docentes de escuelas multigrados de municipios priorizados de los departamentos de Estelí, Madriz, Nueva Segovia, Matagalpa, Jinotega, Chinandega, Rivas, Sector Minero y Río San Juan. Es de esperar que tal esfuerzo sea también acompañado por una transformación profunda de las Escuelas Normales y de sus Currículos de Formación, preparando también maestros y maestras con especialización en Educación Multigrado.

El país demanda especial atención a la formación de estos maestros rurales, esperando de ellos que sean artífices de un nuevo modelo de escuela rural, amiga y saludable, con un enfoque de inclusión y derechos, centrada en el estudiante, que respete su diversidad cultural y socio-económica; educadores rurales comprometidos, motivados y motivadores, que tengan autodisciplina, que sean ciudadanos éticos y productivos, practiquen y enseñen la armonía con el medio ambiente y con el territorio rural; agentes de cambio, siendo motores de desarrollo comunal; desarrollen las competencias básicas con las cuales enseñen con calidad procurando que los niños y niñas aprendan con significado y utilidad para su entorno; comprendan la fundamentación teórica y psicopedagógica que subyace en la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación de la matemática y las competencias lectoras; practiquen variados enfoques metodológicos y estrategias de enseñanza, aprendizaje y evaluación; dominen y apliquen el currículo y la metodología de multigrado con elevado nivel de calidad; contextualicen el currículum de acuerdo con las necesidades de sus estudiantes y el entorno rural; aprecien la diversidad de retos que presenta la escuela multigrado y la necesidad de su formación permanente; y actúen positivamente en los factores de eficacia y eficiencia interna (retención y aprobación escolar).

Los contactos sistemáticos que he sostenido con estos maestros en formación permanente, ponen al descubierto cuatro grandes virtudes que no he encontrado en zonas urbanas, y que es preciso aprovecharlas: Sentido de pertinencia y pertenencia que les invita a luchar por y desde lo rural, sencillez y creatividad para inventar una educación situada y hacer mucho con muy poco, hambre insaciable de saber científico y pedagógico; y capacidad de sacrificio, entrega y solidaridad. Este caudal significa el principal valor agregado que posee nuestra educación, y un sólido resorte y reservorio de valores, frente a los cuales, el país y la institución educativa tienen una deuda histórica pendiente: reconocer, apoyar e impulsar la educación rural y a sus actores claves, con visiones, contenidos y métodos situados y enriquecedores y los recursos necesarios. Estos resortes han permanecido estáticos, hoy es preciso tensarlos al máximo y aprovechar su elevado nivel energético para dinamizar la educación y el desarrollo.