Jorge Eduardo Arellano
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Parafraseando a Paulo Freire, no podemos perder la batalla por el desarrollo, mucho menos la batalla por la humanización del hombre y la mujer. El Consejo Universitario de la UNAN-Managua aprobó recientemente una normativa, ex profeso, que viola el convenio colectivo de las profesoras y los profesores afiliados al Sindicato de Trabajadores Docentes (ATD) de nuestra Alma Máter. Este hecho ha sido considerado execrable y deleznable, porque menoscaba la pertinencia de un aprendizaje significativo, en tanto trabajamos con estudiantes críticos a los cuales nos debemos para garantizarles tanto el crecimiento espiritual como el intelectual.

Debido a lo anterior, hemos protestado y nos hemos manifestado, porque se les ha olvidado que la comunidad docente requiere de dos horas de preparación por cada hora de clase impartida diariamente y si ese profesor tiene tres o cuatro asignaturas requerirá de seis a ocho horas diarias de preparación, a las que debe sumarse corrección de trabajos extraclase: clases prácticas, exámenes, ensayos, comentarios de libros, prácticas de campo, etc. Además, si tiene bajo su responsabilidad coordinación de asignaturas, dirección de monografías y tesis ¿a qué hora revisará? Claramente en la noche y hasta en la madrugada. ¿Y la relación en familia? Por supuesto, queda anulada.

Vale también mencionar que el documento completo aprobado por el Consejo Universitario el 5 de febrero del año en curso carece de una estrategia dirigida al incremento de la investigación científica, del quehacer humanístico y de la optimización del postgrado que asegure grupos interdisciplinarios e interinstitucionales, cuya eficiencia sea la mejora de la calidad total que nos exige el estudiante en el siglo XXI.

En este contexto, es triste que un dirigente estudiantil haya declarado, ante un medio de comunicación, que las normativas “van” y que la dirigencia de UNEN es la que supervisará si un profesor o profesora llega temprano a clase o no. ¿Quién le arrogó tal derecho? Este señor no debe olvidar que tiene 20 años de estar gozando de los privilegios de ser dirigente de UNEN y que lamentablemente no goza de un arrastre popular. Habría que preguntarse cómo ha hecho para estar en el poder tanto tiempo. Tampoco es el indicado para hablar de control, porque son las unidades académicas y los directores de Departamento y de Centro los que tienen que visitar, no “supervisar”, a los maestros en las aulas, tampoco debe olvidar este señor que algunos de sus pseudos dirigentes no llegan a clase, firman sólo los exámenes y no se les aplica ningún reglamento. ¿Es eso correcto? Debe ser un principio ético guardar respeto por los profesores de la UNAN-Managua, porque ningún dirigente estudiantil tiene que opinar por una lucha que es justa e inclaudicable. Los maestros no estamos quemando vehículos, ni tampoco destruyendo la propiedad que paga el pueblo con su sudor. Estamos defendiendo nuestros derechos laborales y gremiales, la calidad de la que nos sentimos orgullosas y orgullosos, porque la UNAN-Managua y su personal docente tienen un prestigio ganado con la investigación, la participación en congresos nacionales e internacionales, simposios, foros de educación, presentaciones de libros y otras actividades netamente académicas.

Los docentes de la UNAN-Managua hemos mantenido siempre excelentes relaciones con los alumnos cumplidores, disciplinados, estudiosos y respetuosos. Nuestra admiración por todos esos jóvenes que llegan a aprender y que en ese proceso nosotros también aprendemos con humildad, porque recalcamos que los maestros hacemos vigilancia epistemológica en el aula, somos mediadores del proceso de cognición y metacognición. De ahí que respetamos lo que dice Bowen y Hobson que la educación se emplea como medio de influencia, porque la evaluación de la teoría y la práctica educativa es una tarea indispensable.

El punto crítico de estas normativas inconsultas con las bases debe solventarse a través de un diálogo conciliador, congruente, académico y racional. La cabeza debe usarse para pensar y no para confrontar. Hago un llamado a nuestras autoridades para que pensemos que la mejora de la calidad se logra no con medidas ortodoxas y mentalidad feudal de ajustes “economicistas”, sino optimizando y valorando el desempeño laboral, aumentando sustancialmente la investigación, la ciencia, la tecnología, la innovación y la transferencia, todo ello ha quedado escrito en el Plan Nacional de Educación.

No retrocedamos a la “escuelita” de solo impartir clase. Se trata de formar alumnos emprendedores, en donde el proceso de reconstrucción del conocimiento sea transdisciplinar e interdisciplinar. Esto hará de nuestra universidad una Institución más respetada, tanto a nivel nacional como regional. No olvidemos que la educación crítica está ligada, en palabras de Freire, a la “mentalidad democrática”. Por eso, hagamos de nuestra Casa de Estudio un centro de debate para una educación por competencia y de calidad.

(PhD. en Filología Hispánica y Msc. en Ciencias de la Educación. Docente UNAN-Managua)