• |
  • |
  • END

Una persona que tiene un amor tan inconmensurable por una dama encantadora y noble como lo es Nicaragua –tanto así que le ha escrito Cartas de Amor ininterrumpidamente a lo largo de casi 26 años –creemos que es digno de ser tomado en cuenta muy seriamente a la hora de escoger su amada con quién se va a comprometer durante los próximos 5 años.

Nos referimos a la propuesta que hiciera en días recientes el Lic. Eduardo Montealegre Rivas, en el sentido de plantear la candidatura presidencial de don Fabio Gadea Mantilla, conocido empresario radial nicaragüense, quien ha sido dechado de virtudes patrióticas y culturales durante las últimas décadas en nuestro país. Haciendo gala de una madurez política y un desprendimiento personal dignos de encomio, ha reconocido don Eduardo que lo que Nicaragua necesita en estos tiempos de crisis –considerando que estamos ante el nacimiento de una dictadura autocrática cuya simbología pareciera estar inspirada en la parafernalia del propio Joseph Goebbels–, es invocar un liderazgo aglutinante que está más allá del fraccionamiento que aún domina las filas liberales, fenómeno que dividió el voto demócrata en las elecciones presidenciales de 2006, lo que dio como resultado la victoria de un candidato con apenas el 38% de los votos.

Como es lógico, al ser tan pronta y abrumadoramente aceptada la propuesta de candidatura de don Fabio por parte de amplios sectores de la ciudadanía (de acuerdo con la reciente encuesta realizada por M&R Consultores a nivel nacional), no tendría sentido la realización de unas primarias interpartidarias previstas a desarrollarse en marzo de 2011.

El problema resultante, sin embargo, es que algunos líderes políticos se han quejado de ello en vista de que tal nominación se hizo, precisamente, adelantándose a las mencionadas primarias. Así, hemos observado a un PLC señalando con el dedo acusador tanto la iniciativa del Lic. Montealegre como la aceptación de don Fabio. No obstante, creemos sinceramente que los lamentos del PLC son dignos de mejor causa. Basta recordar cómo allá por el año de 1995, en vista de que el sentir popular y las encuestas pronosticaban como el claro ganador de la silla presidencial al entonces Alcalde de Managua, el Dr. Arnoldo Alemán Lacayo, las negociaciones políticas de la época condujeron a su designación, sin primarias ni ningún otro método de pre-selección popular, como el candidato de consenso que presentaría la Alianza Liberal.

Ahora, casi quince años luego de aquella carrera presidencial –y aunque el mismo don Arnoldo desea aspirar nuevamente–, esta vez es Fabio Gadea Mantilla el líder que las encuestas y el sentir popular señalan claramente como el favorito para representar el voto no-orteguista. Hoy en día, el creador del personaje de Pancho Madrigal pareciera erguirse, debido a una integridad moral que nadie ha osado poner en duda, como el candidato de consenso que unificaría el electorado demócrata para derrotar lo que sería la sexta –e inconstitucional– candidatura de Daniel Ortega Saavedra.

Ahora bien, debemos reconocer con toda franqueza que lo ideal sería que la tradición electoral de un país evolucione hacia el uso de unos mecanismos de selección de candidatos que sean más democráticos y participativos. Sin embargo, creemos que no debe anteponerse lo que es deseable a aquello que es vital. Es decir, cuando la democracia está en peligro de muerte –como sucede en Nicaragua desde que don Arnoldo, a cambio de que se le concedieran una diputación por mandato constitucional y su consecuente inmunidad parlamentaria, negociara con el FSLN disminuir hasta el 35% el umbral de votos necesarios para ganar una elección presidencial–, opinamos que es totalmente legítimo y se justifica sobremanera recurrir a medidas pragmáticas como la nominación de un candidato de consenso que unifique el voto antiorteguista, el cual se ha comprobado reiteradamente que ronda el 60% del electorado. Y debemos estar claros que quienes niegan esta realidad están coqueteando peligrosamente o acaso hasta promoviendo la consolidación de la dictadura Ortega-Murillo.

Precisamente en consideración de lo anterior es que reconocemos el verdadero patriotismo mostrado por el Lic. Montealegre, quien sorprendió con una alternativa tan brillante como audaz –y que en nada lo beneficia en lo personal a él–, la que al final los sondeos de opinión están sugiriendo fue la correcta. Por ello, acaso el verdadero reconocimiento que a don Eduardo le corresponderá en la posteridad es el de haber sido quien desbarrancara de una vez y para siempre el pacto Alemán-Ortega, esfuerzo titánico que también deberá continuar el nuevo gobierno no aceptando chantajes de ningún tipo y erradicando las bancadas caudillistas que el pacto nombró en unas instituciones que debían representar a toda la ciudadanía y no ser meras cajas de resonancia de sus respectivas sedes partidarias.

Porque creemos de manera firme que no es cierto que nuestro país esté destinado por siempre a ser el eterno objeto de kupia-kumis, revoluciones, piñatas, asonadas, protocolos de transición, más asonadas, pactos y repactos que lo mantengan postrado como el más pobre de Centroamérica, cuando en realidad es el que cuenta con más territorio y abundancia de recursos naturales.

Pensamos que sólo así –y acaso con el valor y la sabiduría de su eterno enamorado– esa bella dama, la Nicaragua que todos amamos, volverá a ser República.