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Cuando le comuniqué a un compañero acerca del fallecimiento del padre Guillermo Frenzel, el día 17 de este mes, en Estelí, de inmediato me respondió que escribiera alguna nota sobre su lucha y su personalidad en los primeros años de la década del 70 al lado del Frente Sandinista, ya que algunos miembros del Frente desconocen su trayectoria, tanto en los años del 70 al 74, donde la acumulación de fuerza política en silencio era la estrategia a seguir.

El padre Frenzel fue un colaborador de una magnitud inmensa, es más, se unió a las filas de nuestra organización rompiendo cánones religiosos en los momentos más difíciles a sabiendas de que la lucha sería larga, dura, penosa, como así fue.

El padre Frenzel murió sólo, sin ningún reconocimiento y es más sin la presencia en sus funerales de personas del Frente a la cual él ayudó. El padre Frenzel perteneció a los sacerdotes convencidos del cambio total una vez derrotada la dictadura; nunca nos exigió nada, nunca nos pidió algo para sí, pero eso sí nos manifestó, si ustedes triunfan no traicionen a los campesinos y los que han sido reprimidos por la dictadura. Los principios del Frente, aseguraba, estos son válidos para hoy y quizás para un tiempo determinado, concentrar y hacer servir a la democracia, destruir todo vestigio del somocismo, porque al fin y al cabo yo también expongo mi vida, es el proyecto político y económico con nuevos actores en la vida económica y social lo que hay que defender, nos decía.

El padre Frenzel es un desconocido, para unos, sin embargo, es tan importante su figura y militancia, pues fue un destacado organizador del Frente Sandinista en la época de acumulación de fuerza, y su sacrificio que dio nos compromete a seguir luchando para que en nuestra Patria se restaure una verdadera democracia.

La historia como la nuestra, donde las dictaduras se forman por políticos inexpertos, corruptos, falta de ética, en donde lo que les interesa es salir a la tarima, las fotos en calles y carreteras, el caudillaje reaccionario y la debilidad institucional, donde se demuestra la fragilidad del Estado, contra eso luchó el Padre Guillermo Frenzel, para evitar que se consolidara un nueva dictadura.

Una epopeya como la nuestra no puede ni debe quedar en un establecimiento de una nueva dictadura, lo que sería fatal para nuestra Patria y nuestro mayor homenaje al padre Frenzel y a todos sus discípulos es continuar como una sola fuerza y demostrar que aún son válidos esos principios de antes y después de la dictadura, pues sigue siendo la tarea principal lo que no se pudo conquistar en la revolución.