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El 8 de septiembre de 2000 es una fecha memorable. Ese día la ONU aprobó por unanimidad (189 países) los objetivos a alcanzar en los próximos años para hacer un mundo mejor. Para resolver los problemas más ingentes de la humanidad doliente. Cuando los enunciaron hubo dondequiera una explosión de alegría. Un rayo de esperanza iluminó la tierra. Sin embargo, una gran cantidad de personas continuó sin saber de qué se trataba. Incluidos algunos gobernantes que firman cualquier cosa que se les ponga enfrente.

Una vez más voy a mencionar aunque sea grosso modo esos loables propósitos. 1: Erradicación de la extrema pobreza y el hambre, 2: Lograr una educación primaria universal, 3: Alcanzar la igualdad de género y la autonomía de la mujer, 4: Reducción de la mortalidad infantil, 5: Lograr la mejora de la salud materna, 6: Combatir el SIDA, el paludismo y otras enfermedades, 7: Garantizar la sostenibilidad medioambiental, 8: Fomentar una asociación mundial para lograr el desarrollo.

Cada uno de ellos se desmembró en metas y actividades programadas en secuencia para cumplir en los países. El cuadro estaba rayado, solo faltaba que los jugadores se dispusieran a comenzar el partido. Se sobreentendía que cada gobernante tomaría todas las medidas necesarias para lograrlos en su país.

Pero han pasado 10 años y los avances son escuálidos. En muchos países no se dispone siquiera de información, ni de estadísticas. En otros hay información contradictoria, como es nuestro caso, que se dan unas cifras ante los acarreados a la plaza y se les dan otras muy diferentes a los sesudos funcionarios del FMI. Los economistas se vuelven locos tratando de hallar lo real. Escarban el grano entre el montón de paja. Quizás la primerísima meta que debió establecerse era la de información veraz, transparente y objetiva.

En lo internacional se han hecho grandes esfuerzos por parte de los organismos internacionales en relación con el tema de la pobreza Mundial. El FMI y el Banco Mundial solo han reflejado una ineficacia en sus políticas relacionadas con estos temas. De manera que nos encontramos con una serie de buenas intenciones de erradicar la pobreza. Debemos hacer el soberano esfuerzo en analizar los puntos propuestos por las naciones para llegar a las metas. Y cada día más gente se pregunta: ¿Será posible conseguir las bellísimas propuestas cuando las naciones caen en la indolencia? ¿Se lograrán bajar los niveles de pobreza a los niveles propuestos por la declaración del Milenio? o solo quedaran como una declaración bien intencionada con muy poco o casi nulo efecto.

Es claro que se necesita una inversión millonaria para reducir la pobreza, el hambre, promover la equidad de hombres y mujeres y cuidar el medio ambiente. Pero también es cierto que los recursos se dilapidan miserablemente. Se gastan en campañas electoreras clientelistas. Sin embargo, la prueba del tiempo y los retos por superar permanecen y con frecuencia en vez de avanzar retroceden. Para que nuestro país se coloque en la vía del desarrollo no sólo en lo económico sino también en lo social, tendremos que estar pisándole los talones al Gobierno porque hay que cumplirlos antes del 2015.

Por ahora la calificación de la asignatura es de aplazada. Les queda la oportunidad de la segunda convocatoria. El 8 de septiembre no habrá nada que celebrar.