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¿Ustedes han visto a un hombre derrotado? Yo no lo vi, lo viví en carne propia durante unos días que debieron ser felices. Porque por primera vez en mi vida me dirigía a Europa y visitaba Madrid, París, Helsinki y Estocolmo. Pero fue una terrible desventura. Me hallaba tan deprimido que mi aspecto era terrible, como el de un enfermo terminal que no ha aceptado su mala suerte. Así fue mi primer vuelo al viejo continente y la mayor parte de mi estadía en cuatro países.

Estaba tan turbado que, aunque era el protagonista, no me di cuenta que ocurrió un episodio insólito, y profundamente humano, una expresión de solidaridad extraordinaria de parte de Carlos Núñez Téllez, uno de “Los Nueve”, los todopoderosos Comandantes de la Revolución de los años ochenta, los héroes de la guerra contra Somoza que, una vez tomado el poder, fueron elevados casi a la estatura de semidioses, como algunos despistados lo hacen aún.

Uno de esos semidioses, Carlos Núñez Téllez, el Presidente del entonces Consejo de Estado –similar a un parlamento o una cámara de diputados--, tuvo conmigo un gesto inolvidable para cuya comprensión tuvieron que pasar muchos años. Después que advertí la grandeza de aquel gesto, este hombre, un ex tipógrafo leonés, se ganó mi admiración y agradecimientos eternos, ya no como uno de los jefes principales de la guerrilla, sino simplemente como persona.

Un tozudo luchador antisomocista, el liberal independiente chinandegano Plutarco Anduray Palma, no sólo me recordaría lo ocurrido varios años después, sino que me dio su interpretación sobre ese hecho, y me ayudó a entender la verdadera naturaleza de lo que había acontecido en aquella casa de la embajada de Nicaragua en Estocolmo, donde el embajador Jorge Jenkins y su esposa Egda Vélez , se multiplicaban en atenciones a la numerosa delegación nicaragüense.

“CNT” –como le decíamos al Comandante Núñez los periodistas de BARRICADA— encabezaba una delegación oficial de la Revolución Sandinista que trataba de “venderle” a Europa que el joven gobierno nicaragüense se enrumbaba hacia la institucionalización y la democracia, aprobando una nueva Ley Electoral y fijando la fecha para unos comicios generales en 1984.

Yo estaba tan profundamente abatido que destilaba tristeza hasta por los poros, y toda la delegación tuvo que soportar esa presencia acongojada, esa desolación personalizada que inspiraba más que compasión. Qué hondo que puede sumergirse uno por una pena, por una mala administración de sentimientos desbordados. Y entonces ocurrió.

Casi toda la delegación nicaragüense se encontraba en un amplio corredor de la embajada nica en Estocolmo. Yo estaba desolado en un rincón cuando, sorpresivamente, se me acercó Carlos Núñez, y se sentó a mi lado, en el piso, y de sopetón me preguntó mi opinión sobre el periodismo que se practicaba en Nicaragua. Dije algunas pocas palabras, sorprendido e intimidado, pero él me siguió preguntando y poco a poco me animé.

Me lanzaba una tras otra sus preguntas quién había sido un joven leonés que nunca había ido a un prostíbulo y que cuando lo hizo fue con tan mala suerte que ahí se encontraba de juerga uno de los más temibles asesinos de la GN en Occidente, el llamado “Chele” Aguilera, y el pobre hombre tuvo que salir despavorido con las ganas congeladas.

Ahora de manera incisiva me preguntaba, hasta que me animé, y comencé a hablar hasta por los codos, y ahí estábamos conversando los dos en el piso, en ese rincón, y toda la delegación viéndonos con los ojos desmesurados. Al menos en dos ocasiones CNT hizo volver por sus pasos a quienes lo requirieron, a lo mejor para asuntos importantes. ¿Quién es ese periodista de BARRICADA a quien el Comandante le presta tanta atención?, se preguntarían algunos, genuinamente sorprendidos.

Pero yo no era nadie, era él quien estaba siendo alguien con mayúscula en ese momento. Por eso el doctor Plutarco Anduray me diría tantos años después. “Hombré Guillermo, nosotros te quedábamos viendo con envidia, porque el Comandante Núñez te estaba dedicando tanto tiempo exclusivamente, se había instalado a platicar con vos y hasta corría a los que se atrevían a acercarse”.

Estaba tan infecundo y desamparado, que no me di cuenta del significado del gesto de CNT, y las palabras del Dr. Plutarco Anduray fueron las que comenzaron a hacer la luz en mi cerebro. Yo no tenía nada que Carlos Núñez Téllez necesitara saber, toda esa plática delante de todo el mundo era para levantarme la moral.

El todopoderoso Comandante de la Revolución bajó del Olimpo a la tierra, se quitó sus laureles, se hizo mortal y comenzó a platicar conmigo, sólo por animarme, en medio de una crucial misión política que le había encomendado que cumpliera en Europa la todavía más poderosa Dirección Nacional del FSLN (“Dirección Nacional: ¡Ordene!”).

Hombre, ¡qué gesto el de Carlos Núñez! Yo estaba abrasado por las lenguas de fuego del infierno y él bajó al averno a rescatarme. Alapúshica. No éramos amigos ni nada en particular, sólo nos saludábamos con alguna frecuencia en Barricada, porque él era quien supervisaba el diario del partido por parte de la DN del FSLN. ¿Cómo hizo CNT para abstraerse del personaje tan poderoso que le tocaba jugar, para ser simplemente él mismo, el joven tipógrafo leonés de gran corazón? Sin duda no estaba contaminado por las mieles traicioneras del ejercicio del poder.

Por eso cada año, especialmente cuando se va a cumplir un aniversario de su muerte en estos primeros días de octubre, lo recuerdo con tanta admiración y agradecimiento. Esto era lo que quería contarle a una parienta suya, a una formidable cronista de EL NUEVO DIARIO, cuando la invité a tomar una taza de café, que ella evadió suspicazmente quién sabe por qué. Alguna mala fama debo tener. Debí decirle el motivo. Es lo que quería contarle como primicia a Matilde Córdoba, y que debe saber todo el mundo, para honor de Carlos Núñez Téllez, no importa que se manden a publicar Constituciones hechizas, alcahuetas, antojadizas y convenientes, no empañará su legado nada de lo que hagan otros desde el cargo que él ocupó tan dignamente, contribuyendo a la elaboración de la primera Constitución Política de la Revolución.


*Editor de la Revista Medios y Mensajes
–gocd56@hotmail.com--.