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Son espeluznantes las cifras que día a día están saliendo a la palestra pública sobre el drama social de pobreza y extrema pobreza que agobia a miles de nicaragüenses. Por una parte, voceros del gobierno celebran con bombos y platillos la perica victoria cuando aseveran que en tres años el gobierno ha conseguido que el nicaragüense que estaba en la extrema pobreza, pase al nivel de pobreza simple. Recientemente se dio a conocer que en el área centroamericana, nuestro país tiene los mayores porcentajes de hambre con un 21%, esto significa que de seis millones de habitantes, casi millón y medio de conciudadanos padecen hambre.

Otro elemento que alegremente propagan los apologistas del gobierno, es que pese a la crisis económica internacional, la economía nacional en este año captará 2,000 millones de dólares, gracias a que hubo un aumento en las exportaciones, es decir, 500 millones de dólares más que en 2009. No obstante, al halagador panorama económico que pinta el gobierno, la verdad es que el nicaragüense común y corriente no percibe los beneficios de ese crecimiento económico, la cruda realidad es que sectores que antes andaban en el rango de medio rico, pasaron a ser clase media, los de la clase media se convirtieron en pobres y los pobres están pasando a la extrema pobreza.

Existe una evidente contradicción, entre la pobreza y extrema pobreza en que esta sumida la inmensa mayoría de los nicaragüenses y el triunfalismo que propagandiza este gobierno, esa contradicción sólo tiene dos explicaciones. La primera puede ser que las cifras económicas dadas por el gobierno sean una vil y burda mentira, con lo que se quiere incautar a los incautos, haciéndolos creer que este gobierno está trabajando con buen acierto en lo económico.

Sin embargo, los hechos confrontados con la teoría demuestran una verdad irrefutable. A partir que asumió el gobierno don Daniel Ortega, la pobreza y la extrema pobreza en el país, en vez de menguar se explayó en todos los niveles sociales; el hambre se incrementó en el campo y la ciudad; el ejército de desocupados creció como nunca jamás; es una odisea y un lujo para el nicaragüense pobre, llevar a la mesa los tres tiempos de comida; en tres años el costo de la canasta básica aumentó en más de un 50%; mientras que los salarios fueron congelados; miles de pequeños negocios prácticamente cerraron y quebraron; miles de profesionales, por las malas políticas de este gobierno, dejaron colgados sus títulos, muchos trabajan de taxistas, otros están en los mercados como comerciantes.

La otra explicación al fenómeno de la pobreza, podría estar en que exista quizá un crecimiento económico, pero la riqueza que genera el país está siendo acumulado en pocas manos y no está siendo distribuida en forma equitativa. De manera que no es raro leer en los periódicos, que los bancos de este país se hayan convertido en poco tiempo en el mayor capital financiero especulativo, almacenando miles de millones de dólares en sus bóvedas, sin que sean puestos a trabajar en función de crear y generar puestos de trabajo en la producción agrícola e industrial. Es más, el capital financiero que exhibe como un trofeo inmoral la banca privada, ni siquiera paga los impuestos que debería pagar, por tanto en este país la brecha entre ricos y pobres se ensancha sin que nadie pueda hacer nada para parar semejante abominación.

La atrasada y retrógrada clase política de este país, que va desde los gobiernos conservadores y liberales, hasta la actual clase gobernante, que disparatadamente se hace llamar cristiana, socialista y solidaria, sabe que una de las formas más humillante, inhumana y denigrante que se tiene para mantener el control y la dominación de todo un pueblo, es blandiendo el garrote de la pobreza y la extrema pobreza. Un ciudadano desocupado, sin trabajo, sin ingresos económicos, sin posibilidad de garantizar a él y a su familia una adecuada alimentación, educación, vivienda, salud, recreación, será una persona que difícilmente prestará atención a los problemas de su barrio, de su municipio y de su país. Algún filósofo dijo una vez que el hombre primero come, bebe y se viste, y hasta después hace política.

A la actual clase política que ostenta el poder político y económico le favorece mantener en la pobreza y en la extrema pobreza a la mayoría del pueblo nicaragüense, de aquí que sus principales esfuerzos han estado destinados en hacer retroceder los niveles económicos de esta nación. El actual gobernante con premeditación alevosía y ventaja consiguió que la ayuda económica de la comunidad Europea y la Cuenta Reto del Milenio, se ahuyentará del país, con lo cual los más afectados fueron los más pobres. El gobernante de turno ha sacado excelentes notas al profundizar la inseguridad jurídica. Por el mundo corren las noticias de cómo el Presidente de la República, maneja a su antojo al Poder Judicial, de cómo atropella la Constitución Política y leyes, por ello no es casual que en el área centroamericana, Nicaragua sea el país que recibe los menores índices de inversión extranjera. En este año la inversión no llega a los 600 millones de dólares.

Esa actitud del actual gobernante, persigue mantener en la pobreza a los sectores más vulnerables de la población, para manipularlos a favor de sus intereses, pues en la mente ultraconservadora de Ortega, éste piensa que manteniendo económicamente postrado al pueblo, éste no tendrá otra alternativa que por causa del hambre, llegar a postrarse a sus pies, suplicando dádivas con la idea es mantenerlo en cautiverio, sin posibilidad de liberarse de las cadenas del hambre y de la pobreza. Ortega en materia económica aplica a la inversa el principio marxista, que subraya: quien no tiene para comer, beber y vestirse no tendrá capacidad de pensar y ni de hacer política.


*Abogado y Notario Público