•  |
  •  |
  • END

¿Cuál es el futuro de Daniel Ortega? No me refiero a lo que le depara el tiempo una vez que el diez de enero de 2012 tenga que colocar la banda presidencial a su sucesor. Es improbable que al – entonces – ex Presidente Ortega le sea propuesto un alto cargo en la Organización de las Naciones Unidas, como a Michelle Bachelette; tampoco será invitado a impartir conferencias en las más prestigiadas universidades del mundo, como seguramente lo hará Lula.

Me refiero al futuro inmediato y sus posibles acciones políticas precisamente para evitar ese escenario. Ése es el objetivo esencial de todo el quehacer del gobierno ahora, ya. No en balde afirman que están en campaña y que Ortega es el candidato. Es indiscutible que pretenden concretar sus aspiraciones a cualquier costo. Cualquiera es cualquiera.

De otro lado, que la oposición necesita unirse para enfrentar exitosamente tales intenciones, es una verdad incuestionable. Estamos pues, ante las intenciones de un individuo y su grupo, y de otra parte ante una necesidad política.

El hecho de que el despropósito de Ortega sea ilegítimo, ilegal y contrario a la tendencia histórica predominante que se observa en América Latina – con la excepción no casual de los países del ALBA- , no da por sentado que no lo logre. Ciertamente es una posibilidad, pero no fatal.

Una de las armas entre otras tantas, a las que ha recurrido el orteguismo en los últimos años, es a minar la esperanza de que es posible una Nicaragua mejor y sin él. El contenido mesiánico de la propaganda oficial y las intenciones de construir una memoria retorcida de la historia tienen ese objetivo.

Pero en verdad pueden ser mucho mejor las cosas en el país sin Ortega como gobernante y su proyecto. A pesar de él. Pero para el orteguismo esa posibilidad , que es real, habita el territorio de las pesadillas.

¿Qué se puede esperar entonces en el futuro inmediato del Presidente Ortega?
Para lograr sus fines la primera carta de Ortega es reeditar el pacto con Arnoldo Alemán. El pleno control de la Asamblea Nacional y luego del Consejo Supremo Electoral con miembros nuevos o viejos, subordinados todos a la nueva componenda, legalizarían el fraude, revestirían de derecho lo ya abusado y por abusar, y en sus cuentas le asegurarían la continuidad como Presidente. Alemán, por su parte, quedaría como un socio de segunda – que ya lo es -con cuotas de poder disminuidas y bajo la amenaza permanente de ser guillotinado políticamente. Alguna de las causas judiciales pendientes se podría re abrir con cualquier artilugio. En todo caso, Alemán perdería un apoyo sustantivo en sus bases, las que no son pactistas y por el contrario ansían la democracia para el país.

Otra vía de acción y sin excluir la anterior, es negociar por separado con cualquiera de los pequeños partidos vulnerables, para lograr la participación individual de éstos en las elecciones de 2011, a fin de darles un tinte de legitimidad y atomizar el voto a cambio de algunas curules y cargos en el Ejecutivo.

La otra es enfrentar a la mayoría de la oposición articulada en un solo bloque y con candidatos únicos. Con un nuevo y honesto Consejo Supremo Electoral, nueva Ley Electoral y la debida observación nacional e internacional. Es este escenario el más temido por el orteguismo, pero el deseable y necesario para evitar en Nicaragua tragedias mayores a las que hasta ahora ha conocido nuestro país.

En cualesquiera de los casos, el orteguismo intensificará los planes asistencialistas dizque para enfrentar la pobreza, aumentarán las piñatas en los barrios pobres, traerán pistas de hielo para que jueguen los niños, se multiplicarán las purísimas y los rótulos gigantes, el Comandante asistirá a misas y cultos. En fin, se trata de consolidar el voto duro del orteguismo, que en sus cálculos sigue siendo, dicen, el 38 %, como si la voluntad ciudadana fuese inmutable.

Para enfrentar e intimidar a los adversarios recurrirá a la represión, a la amenaza, a los morteros, balines, garrotes y pedradas. Con los débiles continuará empleando el miedo, el chantaje y las prebendas. Ya empezaron.

En estas circunstancias, la oposición verdadera solamente tiene la alternativa de unirse en la que tal vez sea la última oportunidad de enrumbar el país por la vía electoral hacia la senda de la democracia y la modernidad. Unirse alrededor de un programa de acción realista, mínimo y convergente, que trabaje por lograr un proceso electoral limpio y una plataforma de gobierno que reestablezca la democracia, la institucionalidad y siente las bases del bienestar básico para la mayoría de los nicaragüenses. El candidato debe asumirlo, cumplirlo y defenderlo.

En este esfuerzo, en la oposición no podemos vivir el presente retrotrayendo las diferencias de ayer, ni invocar las consabidas diferencias ideológicas como obstáculos. No hay - es claro- coincidencia absoluta entre las fuerzas opositoras sobre mil y un temas, pedestres y divinos. Ni es necesario que la haya. Lo indispensable es un plan de acción y un plan de gobierno concertado. Es no sólo necesario, posible y urgente, sino también una demanda de la mayoría ciudadana que rechaza el proyecto orteguista y su continuidad.

Lograr articular una correlación de fuerzas favorables a la democracia lo interno es lo toral. Ortega trabaja por su re elección. Impedirlo depende de la madurez, valentía y capacidad de la oposición para articularse.

Sólo de esa manera el diez de enero de 2012, Ortega dejará de ser Presidente y se retirará a sus cuarteles de El Carmen, seguramente a seguir conspirando. O tal vez entonces, sí aprende la lección.