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Hace poco me encontré con un viejo amigo y compañero de trabajo, extranjero, pero muy buen conocedor de Nicaragua por haber vivido aquí varios años, en períodos históricos diferentes y poseer la experiencia de tomarle el pulso socio-económico, cultural y político en sus frecuentes pasos por nuestro país. Como es natural el tema fue Nicaragua, su realidad actual viva y su educación siempre en movimiento.

Después de la alternancia de análisis, opiniones, afirmaciones y sentimientos, mi compañero me externó la percepción de que Nicaragua le parece ser como un “milagro de la subsistencia”. Me llamó la atención dicha percepción. En torno a ella continuó nuestro recorrido analítico sobre nuestra Nicaragua ¿por qué milagro de la subsistencia? Explícame. Porque es una excepción a las leyes de la naturaleza, (milagro), que Nicaragua tenga vida y vida relativamente abundante en su accionar económico, social, cultural y político de cada día. Mirá, me dijo, a juzgar por lo que leemos y vemos en los medios cotidianos de comunicación social, Nicaragua parece un desastre y, sin embargo, Nicaragua funciona, Nicaragua sigue adelante, en medio de precariedades visibles, florece la alegría, el chiste, el buen humor, la fiesta; a pesar de las desigualdades la gente encuentra para su nivel variedad de mercados, pulperías, etc. donde abastecerse, según su capacidad económica; centros comerciales donde divertirse y degustar variedad de comida; impera la ingeniosidad sorprendente y el trabajo esforzado de la gente para superar sus necesidades, nada detiene la fuerza de las mujeres trabajadoras; todas las mañanas miles de estudiantes caminan hacia la escuela; la energía eléctrica es permanente; sigue siendo el país más seguro, al menos de Centroamérica; etc. Mi amigo no salía de su asombro, porque fuera, por las noticias que recibe y dentro por el mensaje de nuestros medios, la lógica lo llevaba a la conclusión de que Nicaragua es efectivamente invivible y sin embargo funciona, aunque sin satisfacer plenamente los indicadores usuales del desarrollo, evidenciando cierta inconsistencia de las instituciones y espacios donde habita más la política de escasa armonía entre los poderes del Estado.

Mi amigo me pregunta cómo se explica esto. Por ejemplo, el que alguien me diga que no hay libertad de expresión y yo la constato en los medios que leo y veo. Es muy difícil encontrar respuestas objetivas basadas en criterios económicos, sociales y políticos tradicionales, más allá de la fuerza, el temple y la creatividad histórica del pueblo nicaragüense o más allá de la inteligencia sutil y penetrante del Güegüense. La verdad es que Nicaragua está viva y se enfrenta al presente desde una perspectiva atractiva de futuro. El contraste es parte de su personalidad.

Ahora bien, pregunto al educador, me dice el compañero, ¿cómo procede el proceso educativo cuando esta Nicaragua con señales publicitadas de infuncionalidad, se adentra en las aulas del sistema educativo y en la vivencia de nuestros niños y jóvenes? No creo que lo que tú entiendes por milagro sea un referente educativo ideal, pero si es un referente real y positivo al que está acostumbrado nuestra gente y nuestro pueblo. Así se explican hechos extraordinarios con raíces de pueblo como el derrocamiento de la dictadura somocista, la Cruzada Nacional de Alfabetización de los 80 y su réplica posterior siendo sus protagonistas los jóvenes. Sin embargo, es necesario reconocer que junto a esos hechos significativos, los mismos jóvenes estudiantes han protagonizado hechos de violencia no recomendables. Es una combinación inesperada de libertad y participación que reclama la necesidad de apuntalar una educación seria para la convivencia ciudadana, para crear verdadera ciudadanía, es indispensable hacer de los jóvenes sujetos democratizadores constructores de ciudadanía.

Se trata de un proceso educativo muy complejo por cuanto en el campo abierto de la educación caben todos, no sobra nadie y es necesario conjugar los distintos autores que confluyen en el hecho educativo, lo que aumenta su complejidad y su dificultad. El recordado P. Xabier Gorostiaga planteaba la necesidad de un “pacto social por la educación”, y en algún autor he leído la propuesta de una “movilización educativa de la sociedad”, apelando al concepto de la sociedad educadora, dado que todos, personas, instituciones, medios de comunicación, etc. de una u otra manera, educamos.

Lo que sí considero clave e imprescindible es aceptar y actuar en consecuencia, es decir, potenciar las fuentes de la educación de nuestros niños y jóvenes: la familia, el Estado, la sociedad y ellos mismos como los verdaderos poseedores del derecho fundamental a educarse y como sujetos de su propio desarrollo educativo. Cada uno de estos cuatro autores del proceso educativo posee una función y potencial educativos significativos, pero ninguno de ellos tiene todos los elementos para lograrlo, ninguno es absoluto pero los cuatro son indispensables. El problema está en cómo cohesionar e integrar sus aportes específicos para ir construyendo y desarrollando una educación para el desarrollo de Nicaragua y el bienestar de toda nuestra gente fortaleciendo y consolidando las dos grandes columnas del desarrollo de un pueblo: la educación y la ciudadanía sobre las cuales se genera el desarrollo.