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Según el Informe Pastrán: Infolatam, que basa su reportaje en una entrevista de “Confidencial” al creador de Pancho Madrigal, resalta como hecho histórico la declinación de Eduardo Montealegre y sus aspiraciones presidenciales para endosar a Gadea Mantilla… Pero la circunstancia de “hecho histórico” no es como dicen, pues Montealegre no renunció por reconocer que existe un mejor candidato, eso es difícil para un carácter como Eduardo. Eduardo renunció porque Arnoldo Alemán no le aceptó que fuera candidato único de la oposición con el respaldo del PLC, y no le quedó más remedio que buscar alguien que de alguna forma tuviera alguna posibilidad con dependencia suya y de su grupo de influencia.

No fiscalizamos la persona de Fabio Gadea, que merece respeto. Pero se ha metido al juego político como aspirante a candidato presidencial de un país sumamente complejo como Nicaragua, y es en ese campo como personaje público escogido por él voluntariamente donde creemos que es necesario analizarlo, pues es requisito, ante la problemática nacional de la cual depende el destino de toda la nación.

Para conocer el carácter político de una persona, hay que tomar en consideración lo que dice, porque eso representa el sentir interno que será al final de cuentas la brújula sentimental que guiará sus acciones de conseguir su meta, y sus acciones como dirigente, en el cual será depositada la confianza de la mayoría electoral, indudablemente afectarán, no solo a quienes lo voten para la presidencia sino a quienes no voten por él.

La propuesta de su candidatura no fue acto espontáneo popular porque los sentimientos del pueblo lo consideraron la persona indicada, sino que fue el resultado “accidental” de una “salida” de Eduardo Montealegre. Antes que Montealegre lo propusiera su posibilidad política nunca fue “vox populi”. Su participación opositora nunca fue militante en la calle ni cara a cara frente a las arbitrariedades, no ha sido un Enrique Lacayo Farfán ni un Fernando Agüero, mucho menos un Pedro Joaquín Chamorro, su actividad, si se le puede llamar política, tímida, desde la comodidad familiar de una diputación otorgada sin conocidos méritos participando hasta el día que fue propuesto de los hechos y deshechos del PLC. Una vez que la propuesta de Montealegre ha salido a luz, de pronto han empezado a atribuirle aptitudes y condiciones políticas que nunca ha demostrado tener, y hasta cierto punto han inflado el globo más allá de lo que dicen las instrucciones.

La forma de expresarse del precandidato lo que demuestra es cierta imprudencia e inhabilidad política y más bien da lugar a ponerse alerta sobre si este es lo que necesita Nicaragua.

Causa recelo cuando prepotente dice: “No obedezco más que a Dios y a mi criterio…” O cuando dice sin modestia: “Me reclaman miles de dedos que me señalan, dedos del sur, norte, este, oeste, de todas partes, de Camoapa, de Comalapa, San Isidro, La Trinidad, de Rivas, de Moyogalpa, ahí están los dedos que me están marcando… los dedos que me reclaman…” O la forma como en una entrevista suya en La Prensa llamó idiotas a los que no están con él...

De políticos que dicen que solo escuchan a Dios está llena la historia de los grandes errores políticos de la humanidad, o como dice en un comentario sobre el candidato publicado en Confidencial Andrés Pérez Baltodano, una persona como Fabio, con su forma de pensar providencialista da la impresión de un discurso decimonónico que nos retrotrae.

Los nicaragüenses continúan erradamente poniendo sus esperanzas en “un hombre” o en Dios, en vez de asumir su responsabilidad. No vemos cambio. Un cuento que escuché en un curso de marketing de Real Estate. Una persona iba todos los días a la iglesia a rezarle a Dios para que se sacara la lotería pues necesitaba dinero. Así por varios días hasta que Dios cansado le contestó: Está bien hijo mío, pero que te parece si para empezar te compras un billete de lotería.

Hablando de cuentos de tierra adentro y la política sui generis que practicamos en Nicaragua. Un cuento que escuché a don Juan Olmedo un viejo de Santo Domingo, Chontales:
Hubo una vez un perro viejo, que por viejo tuvo mucha experiencia, en el pueblecito de Quebrada Alegre, poblado solo por perros y gatos, allí no había gentes porque una maldición por haber matado un obispo hizo que la gente se fuera y solo quedaron perros y gatos, algunos se hicieron políticos, y nombraron alcalde, policías, magistrados, jueces.

Una vez hubo una reunión de los cuatro gatos que querían apoderarse de la alcaldía, cuando pasó por el lugar el perro viejo del cuento. Viendo el perro los gatos ensimismados, hablando entre sí, y que no advertían su presencia, se detuvo a escuchar lo que decían.

Se levantó, grave y circunspecto uno de los gatos. Observó a sus compañeros y empezó a discursear para ofrecerles la prosperidad que tendrían si lo elegían a él, y dijo:
“Hermanos gatos, la patria nos necesita, pero tenemos que rezar, que implorar a Dios, y nos lloverán ratones del cielo, porque nuestra esperanza está en los ratones salvadores. Sin ratones no somos nada”.

El perro viejo escuchó los discursos y todo lo que decían, pues era el candidato de los perros para la alcaldía de Quebrada Alegre.

Al oír al gato, poniendo sus esperanzas en los ratones, el perro viejo rió para sus adentros, y se alejó seguro de sí mismo diciendo: “¡Babosos, dundos, insensatos felinos! ¿No es sabido, y lo hemos sabido siempre, y nuestros antepasados antes que nosotros, que lo que llueve cuando elevamos al Cielo súplicas y plegarias son huesos, y no ratones?”