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La Hermana Chantal, o Sor Chantal Marie GOURDON, mejor conocida en Nicaragua como “la Chantal” no tuvo el mejor de los reconocimientos durante los funerales en su país natal, la France. Se habló de ella como la monja que llevó el mensaje de Cristo a través de más de 60 años con dedicación, lo cual es cierto. También se habló de su entrega por los pobres pero desde el ángulo de benevolencia clerical, lo cual es cierto. Pero no se dijo de la Chantal que no permitía que la llamaran Hermana o Sor o monja para no poner barreras entre ella y la gente.

Tampoco se dijo que Chantal en Nicaragua no vivía metida en la iglesia pero sí se metía al barrio San Judas donde vivió primero, alfabetizando y capacitando alfabetizadores desde 1984 que llegó a Nicaragua, ni se le mencionó metida en las comarcas y comunidades de Cinco Pinos desde finales del 84 hasta el año 2005, que se mantuvo como miembro fundadora y activa de la asociación civil sin fines de lucro denominada Coder, en este San Juan de Cinco Pinos que tiene sus huellas de alfabetización, de organizadora, de gestora y ejecutora de proyectos, de formadora de cuadros civiles municipales que ahora son parte del esfuerzo de Cinco Pinos para salir de la eterna pobreza de los pueblos del norte de Chinandega.

Bueno, ni allá ni aquí se habló tampoco de su firme carácter acompañado de una buena dosis de terquedad y empecinamiento por hacer las cosas bien y de forma ordenada. La Chantal nunca pudo asimilar la impuntualidad de los nicas, eje retroactivo del desarrollo, pero la entendía sin dejar de luchar para superarla. Chantal sufría en silencio, como sufren ahora sus herederos del trabajo de solidaridad en Francia, de nuestra pereza para informar con exactitud en tiempo y forma, acto tonto que puede hacer perder un pequeño pero importante proyecto al trabajo que todavía se realiza en la CODER.

Mucha gente, alumnas, amigas, colaboradoras, gestores y acompañadores en facilitar proyectos pequeños con Chantal, saben que su genio con clara tendencia a la arrechura era un signo de movimiento, de generar contradicciones con efectos positivos. En su país natal, que ahora guarda sus restos mortales, poca gente sabe que la Chantal, Sor Chantal allá, tuvo un papel importante en la lucha de las religiosas por obtener el beneficio del seguro social en los ’60, pero saben que tenía 82 años al partir.

Además, aquí todos y todas sepamos ahora que Chantal se enamoró de la Revolución Popular Sandinista, la vivió y sufrió con nosotros y se quedó después de los 90 para compartir los años de vacas flacas, siendo conocedora de la transformación de un bello proceso revolucionario en la carrera de sálvese quien pueda a costillas de ingenuos y simpatía de oportunistas. También ese dolor se lo llevó consigo el día que partió, hace tres años.

Pero no es tiempo de llorar, sólo se permite una lágrima por cada año de su ausencia física, pues su presencia moral está en las comarcas y comunidades de Cinco Pinos y en nuestros corazones de forma permanente, con tanta fuerza que llegan sus vientos de sonrisas -que también prodigaba sin dificultad- hasta mis ojos envejecidos pero alegres de recordarla como es.


A bientôt, Chantal.


genlosa@yahoo.es