•  |
  •  |
  • END

Fenómeno semántico fundamental en la comunicación humana, la polisemia (del gr. poli, muchos, y sema, significado) consiste en que un significante tiene varios significados. Jean Dubois, en su Diccionario de lingüística, afirma que es una “propiedad del signo lingüístico” de poseer varios significados.

Tomemos, por caso, la palabra “caliente”, una voz de origen latino (calens, -entis); consultemos el DRAE y registremos unas cuantas acepciones: a) que tiene o produce calor, b) dicho de una disputa, acalorada; c) lujurioso, d) excitado sexualmente, d) dicho del color, dorado o rojizo. La interjección ¡caliente! se usa para hacer saber a alguien que está cerca de encontrar un objeto escondido o de acertar algo. Y la locución adverbial “en caliente” significa: a) inmediatamente, sin ningún retraso que haga perder el interés o vehemencia de la acción, y b) bajo la impresión inmediata de las circunstancias del caso.

Veamos, ahora, en la lengua nicaragüense, un ejemplo de significante, “andarivel”, con sus tres significados: a) aparato con ruedas dispuesto para que los niños se apoyen cuando están aprendiendo a caminar; b) aparato de aluminio, madera u otra materia, con su parte superior dispuesta para que una persona de edad avanzada o con alguna discapacidad se apoye al caminar; y c) cuerda o manila tendida entre dos orillas de un río, cauce o canal colocada como pasamano para cruzar sin riesgos sus aguas profundas, pantanosas o agitadas.

En el habla nicaragüense abundan las palabras y frases polisémicas o de sentido múltiple. Esta pluralidad de significados, lógicamente, es el reflejo de la riqueza de nuestro español, como variante dialectal de la lengua, que no es sólo gramática --como afirma una colega académica de Cuba-- sino comunicación, identidad, conducta individual y social. Tomemos como ejemplo el sustantivo “aire” y los verbos “sacar” y “andar” y sus construcciones fraseológicas.

Aire es una contracción muscular, generalmente dolorosa, producida por el estrés, un movimiento violento u otra causa. “No puedo seguir con la plancha porque tengo un aire en la espalda”, dice una señora; y por eso prefiere darse un respiro o descanso o, como dice ella, coger aire. Necesito, dice ella, un segundo aire, pues no vaya a ser --agrega-- que con este aire y la sopa de frijoles del almuerzo se me vaya a salir un aire.

A un locutor de puro gusto o, como explica él mismo, de puro aire lo despiden del trabajo y por eso nos dice que está en el aire; y no es porque la emisora haya suspendido las transmisiones, es decir, esté fuera del aire. No. La empresa está funcionando, está transmitiendo la voz y está por tanto en el aire.

En una ocasión incurrió en un error sin importancia, y el jefe molesto lo reprendió, le jaló el aire. El patrón adujo razones sin sustancia o fundamento, por lo que el locutor consideró que dichos argumentos eran puro aire. Aun así, lo despidió y, como nos cuenta el afectado, le jaló el aire definitivamente, perdió el empleo y quedó en el aire. Ahora sí, no tiene alternativa o posibilidad y quedó por tanto en el aire. Se trata de un hombre humilde, sin engreimiento alguno y que no tiene, lógicamente, la cabeza llena de aire. Pero no deja de ser supersticioso, porque hasta ha llegado a creer que todo eso que le ha ocurrido es consecuencia de una brujería. Y concluye: “Es un mal aire”.

Una persona puede obtener grandes utilidades de un negocio o trabajo en provecho propio, es decir, sacar el unto; puede incluso sacarse el clavo si se repone de la inversión; pero también le pueden sacar el unto, porque si es empleado lo pueden explotar o utilizar su trabajo en provecho propio y de manera abusiva, entre otras razones, porque el jefe sacó las uñas al mostrar sin proponérselo sus debilidades y malas intenciones. Las cosas no siempre ocurren de la misma manera y si soplan vientos a favor se puede sacar el gordo al obtener un beneficio muy grande o algo mejor que le puede ocurrir; por ejemplo, ir a una barbería, sacarse punta (rasurarse), comprar la lotería y sacarse el gordo. ¡Al fin se lo sacó!, pueden exclamar sus amigos. Pero si dicen ¡Se la sacó! le están diciendo algo muy distinto: recibió sin motivo una reprimenda o llamada de atención.

Un individuo con sus tragos anda medio alegre o medio alegretón, y hasta se puede llegar a convencer de que anda caché (elegante) o lo que es lo mismo ande hecho un pedo, aunque no porte dinero o, como quien dice, ande con una mano adelante y otra atrás o sencillamente ande a verga, y para remate ande ahorcando la perra (con el pantalón metido entre las nalgas), razón quizá por la que ande mal humorado o mejor dicho ande con la regla. Y aunque ande corre que te alcanzo, en apuros o dificultades económicas, o ande coyoteando o ande de garrotero, no es obstáculo en absoluto para que ande con cara de bolo o como reconoce él mismo ande en órbita, ande hasta el bollo, hasta el mambo, hasta el olote o hasta el cereguete. .

Un tipo puede estar fuera de la realidad, es decir, ande en órbita, y en sus pláticas ande por las cuajadas, o sea desorientado en un tema o asunto; pero si anda ebrio, definitivamente anda hasta el tronco, anda hasta donde nues, anda hasta los pretales, anda hasta el boyo, anda hasta la mierda, anda hasta el cerco, anda hasta el culo, anda hasta el virote. Pero eso no impide que ande con alguien, o sea sostenga una relación sentimental; puede ser que ande de huele pedo (en actitud rastrera o servil), o ande culón (fachento). Puede que pierda un poco el juicio por alguna razón conocida o desconocida y por eso ande dando la vía o ande en onda por los efectos de una droga. Y esto tiene sus consecuencias, porque puede andar sin dirección determinada, es decir, ande del timbo al tambo; o ande como zopilote apaleado (desgarbado y maltrecho), como mono lleno de cuita (con las manos sucias) o andar lejos, muy lejos de su casa o, como quien dice, andar por la mierda grande.


rmatuslazo@cablenet.com.ni