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NUEVA DELHI

Dos “grandes juegos” se desarrollan actualmente en el sur de Asia. Al occidente, Afganistán -y los “yihadistas islamistas”, como los llama Henry Kissinger- desafían el orden internacional. Al oriente, un gran número de tropas chinas han penetrado en los territorios pakistaníes, en lo alto de las intrincadas montañas del Karakórum de Cachemira, que se encuentran en la pintoresca región de Gilgit-Baltistán, no lejos del helado campo de batalla de Siachen, donde India y Pakistán se enfrentan.

Senge Hasan Sering, de Skardu, dirigente del Congreso Nacional de Gilgit-Baltistán, piensa que el número de tropas del Ejército Popular de Liberación chino ahora presentes “podría superar los 11,000,” pues también se ha desplegado “cuerpo de ingenieros de dicho ejército.” Es aquí donde China está invirtiendo “miles de millones de dólares en megaproyectos como autopistas, túneles y oleoductos y gasoductos.” “Indudablemente”, señala Sering, “no se debe a un altruismo desbordante.”

Los chinos dicen que algunas de sus tropas están presentes en Pakistán por otro tipo de “desbordamientos”, que han sido numerosos en esta parte de Cachemira y en el resto de Pakistán. Las fuertes lluvias monzónicas de este año han causado grandes estragos en la región: interrupción de las comunicaciones terrestres, derrumbe de puentes y destrucción de las viviendas de medio millón de personas en estas montañas – se han quedado sin “casas, tierras, bienes muebles,” o incluso “cementerios.” Esto supera y se agrega a las miles de personas que en enero perdieron todo debido a las fuertes lluvias en la región de Hunza, que arrasaron varios poblados y crearon un lago artificial muy inestable.

El antiguo “Gran Juego” de Rudyard Kipling ahora tiene nuevos concursantes. En lugar de un imperio expansionista ruso enfrentándose al imperio británico, actualmente es China, hambrienta de tierras, agua y materias primas, la que está flexionando sus músculos e invadiendo gradualmente los reductos himalayos y desafiando directamente a la India.

La incursión de China reafirma el antiguo axioma estratégico de que “la geografía es el verdadero determinante de la historia” –y, en consecuencia, también de la política exterior y de seguridad. Robert Kaplan señala acertadamente que “la geografía india es la historia de invasiones desde el noroeste,” y “los desafíos estratégicos de la India todavía son inherentes a este hecho,” razón por la cual Afganistán, a los ojos indios, está vinculado a la historia del subcontinente, y por consiguiente a nuestro futuro.

También es la razón de que exista una “conexión orgánica entre India y Asia Central”. La clave de ese vínculo se encuentra en el Himalaya, que es donde se centra actualmente la rivalidad entre la India y China. Afortunadamente, al menos por el momento, esta rivalidad es mucho menos impulsiva que las relaciones entre la India y Pakistán, puesto que no se deriva de diferencias históricas.

El deseo de China es liberarse de las limitaciones de su historia y, por lo tanto, de su geografía. Aparentemente, una China segura de sí misma y relativamente estable tiene que expandirse para que las presiones internas contenidas no la desgarren. Por el otro lado, una India fuerte y estable siempre será una potencia del status quo.

Con estos antecedentes debe evaluarse la disputa más reciente entre la India y China. Varios miles de efectivos del Ejército Popular de Liberación están destacados sin oposición en el Paso del Kunjerab en la frontera con Xinjiang para proteger la autopista de Karakórum, que también reparan en varios tramos. Después de todo, la carretera es un vínculo vital para la búsqueda de China de un acceso directo al Mar Arábigo. No obstante, esto también es territorio indio, y ahí yace el problema, porque la región está siendo víctima de la progresiva codicia de China, con el consentimiento de Pakistán como cómplice más que dispuesto.

A pesar de las reivindicaciones históricamente establecidas de la India en esta región, China se refiere a ella como territorio “en disputa”, descripción que ha comenzado a ampliar a todo el estado indio de Jammu y Cachemira. Esta clase de trucos verbales para ocultar un objetivo estratégico ya se han utilizado anteriormente. En efecto, hace algunos años, una visita del comandante de la región militar de Lanzhou del Ejército Popular de Liberación al Ladak indio se canceló debido a que Pakistán había protestado –lo que insinuaba que Pakistán tenía una reivindicación legítima sobre la región.

Sería un error suponer que la gran expansión de comercio entre la India y China, que actualmente se eleva a más de 60 mil millones de dólares anuales (y por el que China se ha convertido en el mayor socio comercial de la India) debe conducir a mejorar las relaciones bilaterales. A pesar de la expansión del comercio, China está intentando encerrar a la India en fronteras terrestres y marítimas muy reducidas mediante su llamada política del “collar de perlas”.

Este esfuerzo para rodear a la India por mar con estaciones navales estratégicamente ubicadas desde Hainán en el este hasta Gwadar en el oeste, y por tierra mediante el apoyo a las reivindicaciones falsas de Pakistán que socavan la integridad territorial de la India, llevan el “Gran Juego” a un nivel nuevo y más peligroso. En efecto, la tenaza de Afganistán y Gilgit/Baltistán plantea el desafío más grave a la condición de Estado de la India desde su independencia.

Más aún, la lucha que se libra ahora en la cima del mundo bien podría determinar si este será un “siglo asiático” o un “siglo chino”.


Jaswant Singh, ex ministro de Asuntos Exteriores, de Finanzas y de Defensa de la India, es miembro de la oposición en el Parlamento indio.


Copyright: Project Syndicate, 2010.

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