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Si recuerdan la semana pasada tratamos de apoyar a María, quien en medio de su angustia trata de acompañar a su hija que sufrió abuso sexual a la edad de ocho años. En este artículo trataremos de brindarle a esta mamá, algunas pautas para entender que pasa con una persona que ha vivido abuso.

Dice María:“Mi hija no quiere ni tomar terapia dice que le duele demasiado hablar de eso, pero ahora, me doy cuenta que tiene inclinaciones lésbicas ya que se ha besado con amigas y yo creo que esto es una forma de hacerse daño ella misma, de torturarse, de autoflagelarse, ella sufre mucho siempre está como ida, con una mirada extraña, con las lágrimas a flor de piel, ¿...cómo la ayudo?
María, hasta ahora sólo has mencionado que tu hija se ha besado con amigas. En realidad esto no determina que tenga tendencias lésbicas. Es importante tomar en cuenta otros aspectos de su sexualidad que permitan identificar la profundidad de la secuela que le dejó el abuso sexual. Por ejemplo: si expresa miedo a los hombres, rechazo a la cercanía de estos, si no ha tenido un novio en todo este tiempo. En realidad el lesbianismo o el homosexualismo es una opción sexual para todas y todos y por lo tanto no necesariamente está de por medio el hecho de haber vivido abuso sexual.

Para conocer las secuelas que deja el abuso en la sexualidad de las niñas/os, los padres y madres tenemos que aprender a ser más observadores e identificar hasta qué punto rechaza los aspectos vinculados con la sexualidad; porque a una muchacha que ha vivido abuso sexual, que la enamoren o que le tomen la mano, la acaricien o la besen, muchas veces le genera la evocación del abuso; y si fue cometido por una mujer le lleva a sentir vergüenza, angustia, tristeza, sentimiento de ser diferente, por otro lado puede generarle repulsión, asco y dolor, porque también le puede hacer evocar y sentir el contacto vivido con el abuso.

La secuela traumática contempla diversas expresiones en las sobrevivientes de abuso sexual, por eso lo relacionado con la opción sexual no debe ser la prioridad a valorar; pero sí otras expresiones en su sexualidad que le llevan a sentirse inválida, diferente y rara, sola, sucia, con un cuerpo culpable, etc. Precisamente, las expresiones que ha presentado la hija de María en su cuerpo son una forma de castigar ese cuerpo que inconscientemente considera culpable por el abuso sexual.

En éste y en todos los momentos, el apoyo de la madre o un familiar cercano, siempre es importante. Y toda persona que acompañe a un niña/o y adolescente que ha vivido abuso sexual debe estar muy informada. Revestirse de mucha ternura, paciencia y cuidado para acompañar y apoyar a las/os sobrevivientes.

Recordar siempre que el abuso sexual es una intromisión en el espacio vital de la niña/o, que le impide crecer con confianza, despertar su cuerpo con naturalidad, abrirse a su propia sensualidad, a sus sentidos y a su disfrute.

Tener claro que el abuso sexual contempla estimulación del abusador y reacción fisiológica en la/el niña/o cuando su cuerpo aún no está preparado para ese proceso, para esas sensaciones. Cuando no entiende lo que le están haciendo, ni lo que está pasando con el adulto, no entiende el proceder del adulto. Las secuelas, como decía María, pueden ser desde el fracaso escolar, la indefensión o la baja autoestima, hasta la depresión, el alcoholismo, la drogadicción, las huidas de casa, las autolesiones e incluso el suicidio.

Como la perversidad del abuso sexual alcanza también para que la secuela del mismo sea tan diversa, es probable que una niña/o y adolescente presente otras características como: los excesos sexuales, la promiscuidad sexual, la desinhibición total, la confusión afectiva hacia el abusador a quien asume que puede amar y por quien se siente “protegida”. Todas estas también son manifestaciones de su sexualidad.

María, alimentá tu paciencia siempre, porque para sanar el abuso sexual hay un camino largo, y para eso se requiere del apoyo que tu hija encuentre en su familia. La confianza que ella pueda sentir con tu acompañamiento va a ser determinante en su proceso de reconstrucción de vida.

Si buscás los recursos necesarios vos podés aprender más y darle a tu hija un apoyo más efectivo; además que se hace necesario también trabajar el propio dolor de madre, la autoculpabilización que sé podés vivir por el abuso de tu hija, por sentir que “no cumpliste” tu papel de madre protectora, la angustia e impotencia que sentís por no saber qué hacer para apoyarla, y por otro lado, sentir la necesidad que todo esto acabe pronto para que tu hija ya no sufra.

Uno de estos recursos es precisamente esta columna que trata de darte información, también podés buscar ayuda profesional y sobre todo podés preguntarle a tu hija si ella quiere tu acompañamiento y cómo quisiera ella que la acompañaras en su proceso.

hablemosde.abusosexual@gmail.com