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El 4 de octubre se celebra el Día Mundial de los Animales, día de San Francisco de Asís, quien los llamaba “hermanos menores”. Y los humanos, hermanos mayores, tenemos el deber de protegerlos. Además, todo lo que existe es interdependiente, nos necesitamos unos a otros.

Recuerdo una vez en Estelí, estaba donde una hermana. Habían salido a una actividad cultural, sólo quedamos mi mamá y yo. Y los perros. Ya entrada la noche, sintieron la ausencia y comenzaron a llorar. Sí, no ladraban, lloraban. Daban lástima. Sólo faltaba que los llamaran por sus nombres. Me dio cierto temor, pensé que algo pasaba y quise salir al patio, entonces mi mamá me dijo: dejalos, siempre se ponen así cuando regresan noche. Al rato llegaron y los perros estallaron en alegría. Ya se me había ido el sueño y me quedé pensando. Cuando lo comenté al día siguiente, mi sobrino Harley me dijo: eso no es nada, cuando falleció un señor, aquí cerca, al día siguiente se murieron dos chocoyitos que tenía. Realmente los animales son parte de la familia. Seres que sienten, por tanto no deberíamos maltratarlos ni verlos como objetos.

En el Día Mundial de los Animales esperamos la aprobación de la Ley que los proteja, y que seguramente tendrá opiniones en contra. Hay varios puntos por los cuales es necesaria: son seres vivos que sienten y sufren, necesitan atenciones y protección ante tanto abuso. Igual que los humanos son parte del ambiente y tienen su razón y su derecho a existir. Además, si les damos condiciones, si están sanos, también nos protegemos.

Y aunque la ley tenga sus contradicciones y vacíos, vendrá a dar algunas respuestas. Por ejemplo, los dueños deberán velar por su alimentación, salud y condiciones de vida adecuadas; criar el número de animales que puedan atender y controlar, para no ocasionar molestias a terceros, ni poner en peligro la salud pública; según el Proyecto ya dictaminado.

Entonces, las personas que tienen animales domésticos y no los atienden, ya pueden ir creando condiciones. Por ejemplo, los que sacan a los perros a hacer sus necesidades a la calle, sin importarles la contaminación ambiental y sin el mínimo respeto por los vecinos y transeúntes. O cuando los dejan hacer sus necesidades en el mismo sitio donde están encadenados; donde, además, comen, por lo cual sufren más maltrato: estar aislados, amarrados y en medio de la suciedad. Dicen los entendidos, que si se les deja libres no hacen pupú donde comen. A veces los golpean o regañan porque sienten miedo por sonidos intensos y se corren o comienzan a ladrar. A los niños les causa gracia y hacen ruido para que se alboroten. Si ladran, si se corren, es por algo. Ellos tienen el sentido de la audición más sensible que los humanos.

Por supuesto, hay animales muy bien cuidados, bien alimentados y bañados con champú especial para que el pelaje brille, como los caballos de raza. A los cholompos igual les brilla, por el sudor de la jornada. Y hay personas que no tienen lo mínimo ni para ellas, por lo que a amo pobre, caballo y perro pobre. Comparten las limitaciones, pero es mejor que dejarlos abandonados, como sucede con los perros que pasan rompiendo las bolsas de la basura y terminan quemados con agua caliente o aplastados por los vehículos. Por mucha pobreza que haya en una casa, no faltará un cartón y un plástico para crearles condiciones.

Entre las contradicciones del Proyecto de Ley está la relación entre algunos artículos y los principios. Uno de éstos es que “Ningún animal debe ser explotado para esparcimiento del hombre. Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de animales son incompatibles con la dignidad del animal.” Sin embargo, se permiten las corridas de toros y las peleas de gallos. También dice que “todo acto que implique la muerte del animal sin necesidad, es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.” Pero la misma ley permitirá el biocidio y no establece sanciones al respecto. ¿O se aplicará el Código Penal de acuerdo con lo disposición del artículo 79 del Proyecto? Y hay un problemita en lo que se refiere a las denuncias, que pueden ser de forma oral o escrita, pero cuando cita los requisitos para hacerla, dice que debe ser escrita.

Y dentro de las obligaciones del dueño del animal está responsabilizarse de sus restos en caso de muerte. Seguramente el Reglamento establecerá las condiciones. Y así no habrá animales muertos en basureros, carreteras, caminos y patios vacíos. Y ya no se les mandará a botar cuando están enfermos, viejos o moribundos, como también se manda a botar a los humanos que ya no son rentables. Por eso me ha gustado ver que en los traslados de las familias afectadas por las lluvias, lleven consigo sus mascotas. Seguro no hay las mejores condiciones ni para la gente, pero también es seguro que se sienten bien al estar con sus amigos incondicionales, en vez de dejarlos abandonados. Ojalá que todos pronto puedan tener nuevamente su casita. Y que también algún veterinario los asista.