•   Segunda Parte  |
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Cuando me llegue la hora de irme de esta vida, me iré muy feliz y muy agradecido con Dios por la vida que me ha tocado vivir. Agradecido a mi familia, a mis compañeros jesuitas y sobre todo por la felicidad que me han proporcionado mis maravillosos amigos y mis hermanos que los considero un verdadero regalo de Dios. Ante lo que ha sido mi vida: alegría y agradecimiento.

Pero también me iré con grandes tristezas: Tristeza de que todavía cerca de la mitad de la población de Nicaragua vive en pobreza. Seguimos siendo el país más pobre del Continente Latinoamericano. Pero además, mientras se invierta tan poco dinero en la educación nacional, no saldremos nunca de esa pobreza. No nos engañemos tontamente, ni engañemos a nuestro pueblo. Muchos países han comenzado a invertir en serio en la educación desde finales del siglo XIX, entre ellos Costa Rica, y nosotros en Nicaragua en el siglo XXI no hemos comenzado todavía a invertir en serio en la educación. Ningún país del mundo ha salido de la pobreza sino después de invertir en serio en educación. Eso lo dicen los Organismos Internacionales. Peor aún, recientemente el Ejecutivo ha enviado a la Asamblea Nacional una reforma del Presupuesto Nacional, con “trámite de urgencia” y allí le quitan al Ministerio de Educación más de 54 y medio millones de córdobas. ¡Qué pena! En vez de avanzar, vamos para atrás.

Le escuché decir al anterior Ministro de Educación, Miguel de Castilla, que en Nicaragua había medio millón de niños fuera del Sistema Educativo y medio millón más con acceso a modalidades educativas de baja calidad. Es decir, un millón con un futuro muy incierto. Es mucho para un país que tiene un poco más de 5 millones de habitantes. Esto es una bomba de tiempo que va a estallar, no lo dudemos. Para muchos de esos jóvenes puede ser que no les quede otra oportunidad para sobrevivir que caer en la delincuencia. Todos nos debiéramos interesar por que en Nicaragua se invierta en serio en educación, sobre todo el Estado, que es el principal responsable de la educación en el país. Si en alguno no hay interés en respetar el derecho inalienable a una educación de calidad que tiene todo niño y niña al nacer en esta su patria, por lo menos que lo haga por miedo, por su seguridad personal. Veámonos en el espejo de las “maras” de Guatemala, Honduras y El Salvador. Los diversos organismos que trabajamos en educación en Nicaragua firmamos que por ahora la meta es que se invierta el 7% del Producto Interno Bruto en la educación no superior. Ahora se invierte solamente el 3.8 %. Los economistas nos dicen que el 7% es posible, solamente falta una decisión política.

También me da tristeza ver la profunda y amplia corrupción en la vida política del país. Y más me entristece que algunos altos dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional participen de esta corrupción, con lo que frustraron las esperanzas que el pueblo había puesto en ellos para conseguir su liberación. Me entristece profundamente la falta de respeto y la repetida violación a la Constitución de la República, y también la falta de respeto a la Institucionalidad del país.

Tristeza de tanta violencia familiar contra las mujeres, y tantas horrendas y criminales violaciones de niñas y niños.

También me entristece el permanente extermino de nuestros bosques. Están asesinando nuestro medio ambiente y poniendo en peligro la vida futura de nuestro pueblo.

Tengo más motivos de tristeza, pero creo que no es éste el lugar para hacer una lista más profunda y más completa de ella.

A pesar de todas estas tristezas, soy un hombre de esperanza. El último capítulo de mis Memorias publicado hace dos años se llama: ESPERANZA. Para mí lo fundamental de ella es que creo profundamente en los jóvenes. Trabajamos juntos en la lucha contra la Dictadura Somocista desde el Movimiento Cristiano Revolucionario. Entonces fui testigo directo de su entrega, su mística, su valor ante el peligro de ser asesinados (14 perdieron la vida). Luego fui también testigo directo de las maravillas de valor y compromiso, en algunos caso hasta el heroísmo, de los 60.000 jóvenes voluntarios que se fueron a las montañas en la Cruzada Nacional de Alfabetización. Y después trabajé 5 años con la Juventud Sandinista, la juventud de la revolución. En estos tres escenarios encontré que los jóvenes tenían una fuerza interior muy grande y una entrega sin límites para trabajar en todas las tareas en beneficio del pueblo. A mí no me cuentan cuentos. Yo estuve con ellos y ellas. Ellos son mi esperanza. Sólo hace falta que la sociedad les ofrezca una causa grande, noble, bella, si es difícil, mejor, y que al frente de ella haya personas con autoridad moral. “Yo espero que los jóvenes regresen a las calles a hacer historia”.

Finalmente quiero dejar dos recomendaciones a mis Superiores de la Compañía de Jesús y a mis familiares:
a) Si por casualidad fuere yo secuestrado, les pido desde ahora que no den un solo centavo de rescate por mi vida. Que se ocupe ese dinero en trabajos importantes para extender el Reino de Dios.

b) Si llego a enfrentar una enfermedad en que la condición de mi vida sea inhumana e irreversible, les pido desde ahora que me desconecten de tubos y aparatos y me dejen morir en paz.


f.cardenalsj@yahoo.com