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“¿Qué ha sido de Dios? Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado ¡Busco a Dios! Allí había muchos ateos y no dejaron de reírse” de esa forma no cejaba de gritar el loco en la obra de Nietzsche, La gaya ciencia, descrita en el aforismo 125 dejándonos huérfanos de ideas y preguntando si el vacío dejado por la muerte de Dios no debería ser llenado de alguna forma. Más de un siglo después Stephen Hawking, eminente astrofísico de Oxford y escritor de Una breve historia del tiempo y El Gran Diseño (The Grand Design), ha retomado este relevo filosófico en sus manos científicas y ha deseado colmar este vacío con su último libro.

¿La ciencia ha matado a Dios? ¿Esta vez si? Richard Dawkins se pregunta en su obsesivo enfrentamiento entre fe y ciencia ¿Podemos ahora sepultar científicamente a Dios? En teoría suena un poco factible, pero en la realidad hasta 1997 la revista Nature afirmaba que el 40% de los científicos creían en un Dios con el que se puede interactuar y las cifras actuales reflejan pocas variaciones. En días recientes se está hablando de la caída y desprestigio inminente del psicobiólogo evolucionista Marc Hauser de Harvard, autor de Moral Mind y gurú del origen evolutivo de la mente y moral humanas que descartarían a Dios del cerebro del hombre vía microcósmica, ¿motivos?, fraude y manipulación científica de sus estudios, por lo que cabe preguntarse qué pasa cuando los científicos ocupan en la sociedad el papel de sacerdotes o por qué lo que afirma Hawking debe quedar grabado en piedra.

En verdad la opinión de un científico en relación a este tema no tiene porqué ser a priori más interesante que la de cualquier otra persona. Sería infantil crear una iglesia de científicos no creyentes. Las intenciones de Hawking de expulsar a Dios de la creación del Universo obedecen a una filosofía personal ya que los argumentos de la verdadera ciencia no le ayudaban en nada. En este sentido sus propuestas apuntan a confeccionar un modelo matemático que haga innecesario a Dios desacreditando la teoría del Big Bang, que requiere de un acto creador inicial descrito por la Biblia en Génesis 1:3.

Los pecados en que incurren las nuevas teorías de Hawking se manifiestan en cientificismo materialista, mediocre filosofía, escasa exégesis e información teológica que están basadas en una falacia ya que mezcla los niveles físico y metafísico sin aclarar a cual de los dos se está analizando. La idea que el hombre posee acerca del origen del universo es tan importante que determina toda su filosofía de vida, y Hawking no logra escapar a tales conjeturas ¿Por qué existe algo en vez de nada?¿Cómo es que el orden puede salir del caos?¿Es científica la cuestión de creación a partir de la nada absoluta? Sus respuestas son constataciones de hecho y no razones reales al referirse a los experimentos de mecánica cuántica de ciertas partículas o quarks que parecen salir de la nada. ¿Qué se entiende por nada?¿Es esta nada la misma nada original? La muerte del caos sugiere que por alguna razón desconocida las condiciones originales de nuestro universo pertenecen a un conjunto único de leyes que comenzaron a expandirse en forma perfectamente simétrica.

Por lo tanto, ¿qué precedió al acontecimiento que conocemos como Big Bang? Ésta fue en realidad una singularidad universal del espacio-tiempo que delineó una franja absoluta a todo el Universo y la respuesta a nuestra pregunta es sencilla: nada. Pero si esta nada cuántica la mezclamos a propósito con la nada primigenia metafísica a partir de la cual Dios creó el cosmos. ¿Cuál es el resultado? La nada es más infinita que la realidad cósmica y esto obliga a Hawking hablar de Dios con una ingenuidad que raya en lo pediátrico al preguntar quien creó a Dios negándose a sí mismo la respuesta que pretende afirmar por qué.

La razón es simple, mencionar la palabra Dios implica referirse a una causa no creada, pues si tuvo un creador anterior ya no sería Dios. Se puede creer o no en la existencia de Dios, pero quien acepta tal hipótesis no puede preguntarse por su origen sin caer en contradicción. Si Dios no es una realidad personal, inteligente y libre, entonces el mundo es naturaleza en vez de creación. Una naturaleza que se habría originado como una emanación de la totalidad de lo real y estaría sometida al imperio de la necesidad. Esta parece ser la idea de Dios que tiene Hawking.

En conclusión la falacia más visible que deja entrever El Gran Diseño “es la idea de un universo autocreado” que no tiene base científica sólida, porque se basa en la aplicación de la teoría cuántica que fue desarrollada sólo para partículas ultramicroscópicas por lo que generaría inconvenientes matemáticos porque si se descubre que las leyes de la física como hoy las imaginamos se encuentran alteradas cuando volvamos a verlas la semana próxima se estaría creando una ley temporalmente espuria y experimentalmente” refutada. ¿Qué teoría servirá para justificarla? ¿Cuál es la razón que se ocultaría detrás de las leyes científicas del Universo? ¿De dónde hubieran surgido esas leyes tan perfectas?¿Quién las habría diseñado? Entonces Dios no ha muerto.

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