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Van a cumplirse 43 años de que Ernesto Guevara muriera asesinado en Bolivia, el 8 de octubre de 1967. Muchos jóvenes se ponen camisetas con su efigie sin comprender su grandeza. Algunos intelectuales lo ven como un pensador utópico del socialismo cuyos escritos no estaban a la altura de su práctica revolucionaria. Sin embargo, para honrar su memoria conviene releer sus escritos para valorar en la justa medida la profundidad de su pensamiento.

El Che no fue solamente un extraordinario guerrillero, que entregó su vida heroicamente por la liberación de los pueblos de América Latina. Fue gran amigo de la lucha del pueblo nicaragüense. Fue un dirigente revolucionario que dejó todos sus cargos para retomar el fusil contra el imperialismo. Un hecho sin precedentes en la historia. Además fue un pensador, un hombre de reflexión, que nunca dejó de leer ni de escribir. Aprovechando cualquier pausa entre combates tomaba la pluma y el papel. Resultado de lo cual son sus libros. La guerra de guerrillas (1960) Pasajes de la guerra revolucionaria (1963) Contra el burocratismo.(1964). Sobre el sistema presupuestario de financiamiento.(1965) El socialismo y el hombre en Cuba (1965). Diario de campaña en Bolivia (1966-1967)

Les invito a releer un fragmento del libro Pasajes de la guerra revolucionaria, donde relata su experiencia en el desembarco del Granma y las referencias literarias a partir de las cuales respondió a la posibilidad de morir, luego de ser herido. “Inmediatamente me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en el que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte, por congelación, en las zonas heladas de Alaska. Es la única imagen que recuerdo.”

Lejos de interpretar este pasaje como una anécdota literaria en un contexto de acción política y militar, que a cada momento estaba presente el riesgo de perder la vida, hay que verlo como un momento de gran condensación cultural, el modelo de una muerte representada en la ficción literaria que el Che evoca a través de su memoria para enfrentar con dignidad su propia muerte, y que al mismo tiempo sella la fusión entre ideología y literatura que se produce en un momento culminante de su vida. En el momento que se percata que la muerte está a la vuelta de la esquina, condensa lo que busca como lector de ficciones. Encuentra en una vieja lectura, un modelo de conducta, la forma pura de enfrentar traumática experiencia.

El Che fue Presidente del Banco Central y Ministro de Industria. Para cumplir bien estas funciones debió leer una gran cantidad de libros de economía. Adicional a su gran ansia de incrementar su cultura ya de por si basta. Paso entonces largas noches de desvelo. En la madrugada podía verse encendida la luz de su despacho.

Es preciso aludir a la intensa actividad del Che como escritor. Esta actividad no sólo está en el centro de las transfiguraciones del Che como revolucionario, también permiten comprender el tipo de pensamiento que se va configurando en su escritura y sobre todo, define la dialéctica que se produce entre sus identidades de escritor y de político.

Su asesinato en una escuela de Valle Grande también ha sido visto como un símbolo. El último acto de su vida se da en un templo de la enseñanza.

De manera que si queremos realmente rendirle homenaje, les recomiendo retomar sus escritos y aprender de sus reflexiones.