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El lunes 4 de octubre me detuve en un canal de televisión en que despotricaba el diputado Enrique Quiñónez. Me llenó de indignación la manipulación sin escrúpulos y las cínicas mentiras sobre una iniciativa de Ley firmada por 25 diputados(as) que hemos dejado a un lado nuestras diferencias políticas e ideológicas para ponernos al lado de la vida. La iniciativa de Ley en cuestión trata de la Reforma al Código Penal y pretende despenalizar la interrupción del embarazo cuando éste se realiza para salvar la vida de la mujer.

El diputado en cuestión – ahora bajo las instrucciones del Presidente Ortega - acusaba a los firmantes de esa iniciativa, en especial a los del PLC, de criminales que querían matar a los niños en los vientres de sus madres, mientras pasaba en vídeo, repetidamente, imágenes de fetos ensangrentados. Mintió repetidamente, omitiendo que esta iniciativa está orientada exclusivamente a casos en los que la vida de la madre corre peligro y en que previa prescripción de tres facultativos se le explicaría a la mujer para que ella decida si quiere interrumpir o continuar su embarazo a riesgo de su propia vida.

Cuando se criminalizó el aborto terapéutico (2006 y 2007) los jefes de las principales bancadas en el parlamento dieron órdenes a sus integrantes de votar en esa dirección, aún en contra de la íntima convicción de sus integrantes. En esos momentos por órdenes partidarias ni siquiera se deberían escuchar argumentos en contra.

La gravedad de esos hechos y la fuerza de la moral han hecho posible que diputadas que no estamos integradas a ninguna fracción parlamentaria y diputados del PLC, de la Bancada Democrática, del MRS nos hayamos puesto de acuerdo para que en estas bancadas se adopte la línea del respeto a la libertad de conciencia y libertad de voto, cuando se trata de estos temas tan delicados.

Sin duda es meritorio reconocer la justeza de la posición, que cuando se trata de temas de esta naturaleza, es imperativo que las bancadas permitan que sus integrantes puedan decidir basados en la libertad de conciencia, de principios y en sus convicciones más íntimas, excluyéndolos de la obligatoriedad de los rejuegos politiqueros, la manipulación y la mentira.

Por su parte, la bancada oficialista bajo el yugo de las órdenes de la pareja presidencial –pues ni siquiera se trata de una línea partidaria- continúan prohibiendo cualquier tentativa de querer abrir la discusión sobre el tema. Por ello, esta nueva iniciativa de Ley se mantiene encadenada, sin que se pase a debate a la comisión correspondiente, a pesar de que sabemos que una buena parte de los diputados del FSLN están convencidos de que el aborto terapéutico es un derecho humano esencial de las mujeres, y que su penalización es una violación al principio universal del derecho a la vida.

El diputado Quiñónez anunciaba que la bancada de ALN cerrará filas con esta posición de la pareja presidencial, y desde ese momento se ponía a la vanguardia para hacer el trabajo sucio que los mismos gobiernistas - todavía con un mínimo de vergüenza - se cuidan muy bien de no hacer.

Aunque de Quiñónez nada nos puede sorprender, no hace bien a la sociedad nicaragüense, la inescrupulosa manipulación de sentimientos religiosos, la falta de información científica, el artificial y oportunista apego a una sectaria posición fundamentalista, desoyendo a los organismos mundiales de derechos humanos, al Comité de las Naciones Unidas contra la tortura, al Colegio de Gineco-obstetras, y a miles de mujeres y hombres de Nicaragua que demandamos despenalizar el aborto terapéutico.

Mientras la Moral, la Razón, la Justicia y la Vida continúan demandando una pronta rectificación, más mujeres mueren ofrecidas todos los días en el altar de los intereses de los políticos que buscan votos en el atraso milenario. Por nuestra parte seguiremos demandando que cese la manipulación y no se siga jugando con lo más sagrado, la vida.