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¿Cuándo reconoció la madre patria a Nicaragua, una de sus hijas emancipadas políticamente el 15 de septiembre de 1821, como nación independiente? La respuesta puede consultarse en un documento difundido en el tomo 69 (abril, 2010) de nuestra Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (RGHN), procedente de la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano (RCPC), número 70, julio, 1966, pp 1-52.

Fuentes
El documento corresponde al Tratado de Paz y Amistad entre Nicaragua y España, celebrado en Madrid el 25 de julio de 1850, es decir, hace 160 años. Gobernaba entonces la nación Europea Isabel II y regía como director supremo de nuestro país el leones Norberto Ramírez. Don Andrés Vega Bolaños, historiador y diplomático, logró rescatar dicho documento, copiándolo de su original en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, en Madrid; pero anteriormente, ya en el siglo XIX, se había publicado en varios números de la Gaceta Oficial de Nicaragua, comenzando con el diez del sábado 21de enero de 1852. También fue incluido en la colección de Leyes y resoluciones de los años 1851-1852, emitida por el Poder Legislativo de Nicaragua.

Además, con la perspectiva nota del canje y del decreto que lo mandaba a publicar, figura en la obra Derechos de gentes positivo de la República de Nicaragua (Managua, Tipografía de Managua, 1885); de esta obra tomó Vega Bolaños el texto reproducido en la RCPC, agregando al final la razón por la que el Gobierno Español lo hizo circular impreso.

Así, en el tratado impreso oficialmente en España, se lee : “El Director de la Republica de Nicaragua ratificó el Tratado que precede en 20 de marzo de 1851 y Su Majestad católica en 22 de julio, habiéndose verificado el canje de ratificaciones en Madrid el 24 del mismo entre el Excelentísimo señor Márquez de Miraflores, Ministro de Estado, Plenipotenciario de Su Majestad, y el señor Don Juan Luciano Bales, comisionado al efecto por el gobierno de Nicaragua”.

Contexto y contenido
Ignoro al señor Bales, pero conozco muy bien la trayectoria de José de Marcoleta (1802-1881) -quien ya tenía algunos años de actuar en el escenario internacional-, firmante del Tratado por Nicaragua (había adquirido nuestra nacionalidad desde 1846) y entonces Encargado de Negocios cerca de las Cortes de Bélgica y Países Bajos, Cerdeña, Estados Unidos y Francia. El signatario por España fue Pedro José Pidal.

Pues bien, tras haberse comunicado sus Plenos Poderes y de haberlos hallado en buena y debida forma, convinieron en diecisiete artículos, siendo el primero y el segundo los más importantes. Por el primero, Isabel II renunciaba a “la Soberanía, derechos y acciones que le corresponde sobre el territorio americano, situado entre el mar atlántico y el pacifico, con sus islas adyacentes, conocidos antes bajo la denominación de Provincia de Nicaragua” y por el segundo, consecuentemente, reconocía “como Nación libre, soberana e independiente a la República de Nicaragua, con todos los territorios que le pertenecen de mar a mar, y que en lo sucesivo le pertenecieren”.

Con la ratificación y canje del tratado, Nicaragua se convertía en heredera de los derechos de España sobre la Mosquitia, derivados de sus tratados con Inglaterra de 1763 y 1786. De esta manera, nuestro país se constituía legalmente en total dueño del territorio donde se planeaba realizar la comunicación interoceánica, de acuerdo con el contrato celebrado el 27 de agosto de 1849 con una compañía privada de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, el Reino de España contrarrestaba las pretensiones inglesas sobre nuestro territorio.

Por lo demás, el tratado de Paz y Amistad tenía de sustentación jurídica el Decreto de las Cortes españolas, dado en Madrid el 4 de diciembre de 1836, autorizando al gobierno de Su Majestad suscribir tratados de Paz y Amistad con los nuevos Estados de América, a base de su independencia.

El artículo tercero se refería al “total olvido de lo pasado” y a “una amnistía general y completa para todos los súbditos de Su Majestad y ciudadanos de Nicaragua” durante el proceso independentista; y el noveno (“para borrar de una vez todo vestigio de división entre los súbditos de ambos países, tan unidos por los vínculos de origen, religión, lengua, costumbres y afectos”) al hecho de que españoles que hubiesen adoptado la nacionalidad nicaragüense podrían “recobrar las suyas si así les conviniese”.

El undécimo estipulaba que tantos los españoles en Nicaragua como los nicaragüenses en España estarían “exentos de toda carga o contribución forzosa o préstamo forzosos, y en los impuestos ordinarios que satisfagan por razones de sus industrias, comercio o propiedades serán tratados como los súbditos o ciudadanos de la Nación más favorecida”. Por su parte, el artículo del decimo tercero establecía la protección y neutralidad del Reino de España para garantizar el canal a través de Nicaragua. Además, “la bandera y las mercaderías españolas, disfrutan en el tránsito de las demás ventajas y excepciones otorgadas a las naciones más favorecidas.

Desde Londrés, el 14 de septiembre de 1850, Marcoleta comunicó al Primer Secretario de Estado y del Despacho del gobierno de España, señor Marqués de Pidal, que el Tratado había producido “tiernas emociones en todas las clases de la sociedad nicaragüense, con solo la esperanza de ser renovadas con los hermanos españoles unas relaciones que únicamente califican como las solas verdaderas, leales y amistosas”.

Por su lado, el periódico Correo del Itsmo (núm. 51) registró las fiestas en León celebrando las suscripción del Tratado de Independencia, según el decreto gubernativo dictado en la misma ciudad capital el 30 de septiembre de 1850. Así, el 2 de octubre, el Supremo Gobierno y el pueblo leonés manifestaron su regocijo con una misa de acción de gracia en Catedral, salvas de artillería, repiques de campanas y discursos en el Salón del Palacio Nacional, pronunciados por el Director Supremo Norberto Ramírez, el Comandante de las Armas general Jose Trinidad Muñoz, el licenciado Gregorio Juárez, el Ministro de Relaciones Exteriores Sebastián Salinas y el Ministro de la Guerra licenciado Pablo Buitrago. Este afirmó “que aplaudía la nobleza e imparcialidad del Gabinete de Madrid de marcación de límites, y en la protección otorgada a la empresa del canal”.

También el 19 de octubre de 1850 los ciudadanos norteamericanos establecidos en Chinandega Francisco Amay, Edwing S. Lane, Gillat Morton y Charles Lande expresaron al Prefecto del distrito su congratulación, extensiva al Gobierno del Estado, “por el feliz reconocimiento de la independencia del Estado de Nicaragua por la España, cuyo suceso es y será muy grato a los hijos de este fértil y hermoso país (Correo del Istmo, núm. 57).