• |
  • |
  • END

Algunos de mis radioescuchas --en el programa “El pulso de la semana, con Mundo Jarquín”, que se trasmite los sábados por Radio Corporación-- me escribieron o llamaron diciendo que me extendiera sobre un comentario que hice la semana pasada.

Dije entonces que el Presidente Ortega, aprovechando su comparecencia sobre los sucesos del Ecuador, había derivado a comentar de manera grosera e irrespetuosa lo que algunos miembros de la jerarquía Católica habían dicho en cuanto a la necesidad de que el pueblo se manifestara reclamando sus derechos.

El derecho a la rebelión, cuando se enfrentan situaciones de privación de las libertades e injusticia, ha sido legitimado desde hace mucho tiempo, por la Doctrina Social de la Iglesia Católica incluso, y fue el que reclamó el propio FSLN frente a la dictadura de Somoza.

Desde luego, en las condiciones de la Nicaragua actual, no se trata de rebelión armada, pero hay muchas otras modalidades de rebelión, a veces más efectivas que la rebelión armada. A esas otras modalidades -el pueblo ocupando las calles, por ejemplo- se refirió Ortega -que por cierto las teme, y mucho- cuando amenazó con sacar sus turbas, y en una bravuconada, porque nunca se le ha visto al frente de las mismas, dijo que las encabezaría.

Es en el contexto de esa perspectiva indeseable, el pueblo enfrentándose en las calles, pero lamentablemente inevitable si Ortega insiste en cerrar el cauce principal de expresión pacífica que son elecciones democráticas, libres y creíbles, que dije una verdad que Ortega había omitido cuando indicó, y con razón, que en Nicaragua no había, por los orígenes y naturaleza profesional e institucional de las fuerzas armadas y de policía, condiciones para un golpe de Estado: que tampoco habían condiciones, por las mismas características del Ejército y la Policía, para que dispararan contra el pueblo si este se manifestaba, como se va a manifestar más temprano que tarde, reclamando sus derechos.

Sería bueno, por aquello que vale más prevenir que lamentar, que Ortega tome conciencia de lo anterior, o se le haga tomar conciencia.