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“Ningún país del mundo ha salido de la pobreza
sino después de invertir en serio en educación”.
Fernando Cardenal S.J.

Con profunda serenidad, respeto y agradecimiento he leído las dos partes de “¿Por qué espero ir al Paraíso después de mi muerte?”, reflexiones de incalculable valor espiritual y humano que nos hace Fernando Cardenal, ante todo un gran ser humano, servidor sencillo y fraterno. Por la gran importancia que Fernando ha asignado con su testimonio a la juventud y a la educación, quisiera detenerme en uno de los temas relevantes que nos invita a reflexionar y mantener en alta vigilancia y trabajo, como es el de “invertir en serio en educación”.

Creo honrar las palabras del Padre Fernando Cardenal al decir que invertir en serio en educación es:
1. Considerarla una palanca del desarrollo. No un mero gasto social. Es lo que significa una inversión: dedicar recursos ahora, sabiendo que su retorno no es a lo inmediato, sino que poco a poco, con la seguridad que entre otros dan el bono demográfico y la misma educación, lo que se haya destinado será como la semilla sembrada en buena tierra que da fruto al diez, al cincuenta y al ciento por uno.

2. Es tener siempre conciencia de que es un derecho de todos y todas. No un derecho retórico, sino una realidad constituida de docentes bien calificados y restituidos en su nivel de vida y prestigio social; con centros educativos adecuados a las demandas sociales, culturales y económicas de todas las comunidades; y garantizados los materiales educativos para las aulas y los estudiantes durante todo el año escolar.

3. Invertir en serio en educación es hacer que vivamos el sueño, no mañana sino hoy. Ir haciendo y viendo que la sociedad modifica sus valores, sus normas de conducta y actitudes –hoy todavía con referentes de violencia y corrupción- por comportamientos cívicos, solidarios, cultos, educados, dignos, respetuosos, capaces de manejar los conflictos con el diálogo y el intercambio siempre enriquecedor como seres humanos.

4. Invertir en serio en educación es promover estrategias y una currícula para una vida integral. Que el sistema educativo principalmente trabaje para que los y las estudiantes fortalezcan el tejido de sus familias y comunidades; para que sean eficientes y eficaces en la vida productiva y laboral que demanda el país y la región; que vayan cambiando el concepto de la política por un enfoque de servicio público honesto; que su conciencia y sus relaciones con el medio ambiente lo preserven y enriquezcan; y para que lleven una vida cultural rica y creativa.

5. Es que no hayan exclusiones insensatas al asignar recursos para educación, como es el caso de la educación técnica, una necesidad de mayúscula importancia para sacar de la pobreza al país y colocarlo rápidamente en la senda del desarrollo. Hoy apenas la asignación gubernamental a este nivel educativo es de 0.02 por ciento del PIB, y agregando los aportes del 2 por ciento de las empresas privadas llega a ser solamente de 0.4 por ciento del PIB; es decir, menos de la décima parte de lo que se destina a la educación general.

La gran pregunta es si el país cuenta con los recursos para este tipo de inversiones. La respuesta de expertos en economía es que sí. Solamente debe consensuarse y desarrollar la estrategia de inversión para el mediano y largo plazo. Para ello, quiero concluir sumándome al llamado de asignar el 7 por ciento del PIB para Educación con algunas pistas que he planteado para lograr este punto de partida de nuestro desarrollo.

1. Asignar del 3 al 5 por ciento a Educación del 15 por ciento del IVA. Hay iniciativas engavetadas para reducirlo al 12 o al 10 por ciento. Quienes lo pagamos tendremos el consuelo de que esta parte se destinará a la Educación.

2. Establecer un impuesto específico a favor de la Educación, que se aplique a licores, tabaco y bienes suntuarios de consumo.

3. Incluir en la ley de inversión extranjera un aporte a la educación nacional. Esta ley es muy generosa con el extranjero, especialmente en el caso de las zonas francas, las cuales está autorizadas para repatriar capitales casi al cien por ciento, sin dejar valor agregado ni capacidad desarrollada al país.

4. Reasignar a Educación un monto promedio anual estimado de las sub-ejecuciones del Estado en los últimos diez años (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral). Al final del año muchas instituciones sub-ejecutan menos parte de lo asignado por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público y se les vuelve a asignar.

5. Orientar los fondos todavía no percibidos a causa de exoneraciones. Muchas de las actuales exoneraciones no se justifican y el aporte de las organizaciones implicadas será significativo para la educación nacional. De hacerse una reforma tributaria, entre las primeras consideraciones debe estar la asignación de recursos al sistema educativo nacional.

Infinitas gracias Fernando, por tus reflexiones y tu ejemplo.