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Siempre me ha fascinado ver la emoción con la que los perros corren a toda prisa lanzando desesperados ladridos en una sórdida persecución de los carros que pasan a toda prisa por las calles de Managua. De niño me gustaba sacar a mi perro a la calle y verlo correr tras cada carro pensando, me imagino yo, que algún día con sus ladridos iba a lograr detener la marcha de esos vehículos.

El símil es más que una alegoría completamente equiparable con la actitud que han tomado a través del tiempo los innumerables detractores de Mario Vargas Llosa. Escritorcillos de gaceta oficialista, los más; cuando no simples escribas de actitud reptil y de inspiración entrecortada que al servicio de dictadores populistas en Nicaragua, Cuba, Venezuela o Bolivia se han entregado con mucho afán a atacar al Nobel de literatura 2010.

Entre estos criticastros está un vetusto dirigente guerrillero del partido FSLN de Nicaragua, quien detenta un importante cargo diplomático -la palabra dignísimo que acompaña habitualmente a estos cargos ya la han vuelto inutilizable - y cuya mentalidad e ideología enmohecida le han conducido a emprender una campaña de ataques sin sentido en contra de Vargas Llosa. Son innumerables los escritos que este “dirigente” histórico del sandinismo ha publicado en Sudamérica y otros países pretendiendo, según él, provocar un enfrentamiento ideológico con el notable escritor peruano.

Sin duda alguna, el premio Nobel de literatura 2010 otorgado a Vargas Llosa les cayó como balde de agua fría a los envilecidos pseudoideólogos de Managua, de Caracas, de La Habana o de La Paz; puesto que esta honorable distinción inscribe con letras doradas en la historia de la literatura universal el nombre de un escritor que ha destacado y dado realce a la literatura hispanoamericana.

Para quienes no tenemos el espíritu carcomido por el veneno del populismo dogmático esta distinción nos llena de alegría y de orgullo por nuestra lengua, el español, que es patrimonio nuestro y parte integrante de nuestra cultura e identidad. Este reconocimiento a Vargas Llosa es un reconocimiento a la literatura hispanoamericana y a la exquisitez y productiva creación de nuestros escritores que le viene a dar renovados brillos a nuestras identidades culturales como hispanohablantes.

Si pudiéramos verlos desde lo alto del más honorable pedestal de la historia de la literatura universal a todos estos criticastros de poca monta, qué ridículos se verían todos ellos; detractores por oficio que con su ponzoñosa ideología reaccionaria y las medianías de sus complicados e inútiles razonamientos tratan de ensuciar de alguna manera la gloria conquistada por el escritor peruano.

Que ridículo resultan los retos que lanzara el dictador bolivariano, a través de su emporio mediático Telesur, llamando a un debate racional y de altura académica a Vargas Llosa; emplazándolo a aceptar sentarse en una mesa redonda a debatir con sus mayordomos ideológicos que cual entrenados canes de cacería solo esperan una señal para lanzarse en pos de su presa. ¿Habrase visto tal necedad? ¿Desde cuándo los primates tienen la capacidad para discutir racionalmente y con altura académica?
Otros, sin embargo, no desisten de sus necias actitudes y siguen tratando de desvirtuar la calidad de Vargas Llosa con ridículos argumentos que propaga el emporio mediático bolivariano esperando, sin suerte para desgracia de ellos mismos, que el magnífico escritor peruano se digne en reprimir sus necedades con un puntapié que les de notoriedad.

Lástima por estos señores, no han comprendido, y ya no lo harán es evidente, que la altísima dignidad de un Nobel de Literatura no se logra escribiendo parodias como “La paciente impaciencia”. Algunos de sus allegados deberían recomendarle a este señor comenzar a escribir otro libro que se llame “La necia necedad”.


*El autor es Especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública.