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La migración es un fenómeno común. En España, hasta hace pocos años, cada verano era noticia la salida de trenes expresos de vendimiadores españoles a los viñedos franceses, cosa que volverá pronto a los titulares. Pero nadie dice que sea un indicador de subdesarrollo o de miseria.

En Nicaragua se conocía la llegada masiva de temporeros salvadoreños, porque Centroamérica es un corredor de migraciones. En Costa Rica siempre ha habido nicas temporeros o permanentes en los cafetales y en las bananeras, hasta convertirse en figuras de la literatura local. Pero también había nicas entre los mandos medios y altos de las bananeras, propietarios de fincas o de empresas como la aerolínea CARIARI; así como médicos, profesores, administradores, ingenieros y estudiantes que siempre han tenido gran representación, y los literatos nicas se cuentan como la inflación interanual. Los artesanos, como el gremio de zapateros, han tenido un intenso activismo político y sindical desde los años treinta. Según Constantino Láscaris (El Costarricense e Historia de las Ideas en CR), parte de la población del Valle Central viene de nicas enmontañados, automarginados del tráfico colonial. Hasta el aventurerismo de los conservadores de todas las siglas ha tenido ahí sus bases; de los liberales, menos, porque los ticos nunca han sido partidarios de los unionistas.

En el resto de Centroamérica y más al norte, un corredor natural de migraciones de todas las clases sociales con suertes y miserias, se han formado empresarios y profesionales nicas. Sólo que, ahora, el fenómeno migratorio es potenciado por la “globalización” o magnificado por las “comunicaciones”. Sin embargo, algunos quisieran a los nicas encerrados en las fronteras artificiales, aunque contabilizan con gusto sus remesas en las estadísticas del “desarrollo”.

Las migraciones son una forma de desarrollo de individuos y grupos. Por ejemplo, la “mala vida” (categoría sociológica del mundo de la marginalidad) tiene una gran movilidad de ciudad a ciudad, intercambiándose las viviendas. La misma movilidad que, por distintos factores económicos, dio origen a la Managua preterremoto; igual que el poblamiento de las actuales zonas cafetaleras y la frontera agrícola oriental. Además, aparte de los feriantes y temporeros, o las gentes que viajan cada día a las ciudades para comerciar o trabajar, existen grupos que son itinerantes como forma de subsistencia. Son los nicas que caminan toda su vida o viajan en buses, de forma individual o grupal. La capital es cruzada con gran intensidad día a día por una red de senderos y rutas que comunican grupos para la satisfacción de sus necesidades con una economía informal; lo mismo sucede a lo interno de las diferentes comarcas del país, y a escala del Estado. Esto es desarrollo económico.

Este desarrollo no es visible para la Sociología de la “cultura de la pobreza” (Lewis), “informe Moynihano”, “esquina de Tally” (Stack), la “familia matrifocal” (Liebow), y hasta la “Elite del poder” (Mill) que han caído en el fatalismo del pobre o rico; como en la doctrina calvinista de la “predestinación”, o cuando Susanita (de Mafalda) dice que los pobres escogen muebles feos porque tienen mal gusto. Es una mirada de interpretación ideológica, en lugar de analizar las diversas formas del desarrollo, descubrir sus nexos, para exponer en síntesis su proceso.

Mi observación de enfoque económico es que en Nicaragua existen diferentes formas de grupos y “fronteras” étnicas con un sistema de parentesco matrilineal con redes propias de intercambio y distribución (en “Movimiento social en Nicaragua”, “La invención del mestizo”, “Formación de la conciencia política miskita y mayangna” y en “Lo femenino indio en la cultura nicaragüense”, versión de una ponencia del XXIX Congreso del Inst. Intl. de Literatura Iberoamericana; en Actas, Barcelona, 1994, y en el sitio google de Estudios de las Ideas y las Instituciones). El sostenimiento de la vida social de muchos nicaragüenses pasa por formas de intercambio y distribución (mutualidad y trueque) en redes de asociaciones estructuradas por madres y abuelas e hijos, más los compadres y padrinos, amistades y socios de intereses, y algunos tienen gran movilidad por el corredor centroamericano. Entre estas asociaciones se practican normas como el rechazo social del avaro, la obligación de recibir regalos y visitas, alianzas, trueques justos o igualitarios, compraventa sin engaño entre ellos, la colecta asistencial, la fiesta distributiva, el mutualismo laboral y de servicios.

Pero también, en todos los estratos de la sociedad hay sistemas de clanes con jefes varones, cuyos intercambios repiten estas mismas prácticas, siempre de economía informal. Y existen otras formas de adopción de una o varias familias de “madres e hijos” por parte de un terrateniente o empresario urbano, para quien sirven como trabajadores de confianza. En este caso, el empleador establece una relación vertical con esas familias, que pueden vivir en la misma propiedad o no. Y estas familias, a su vez, conectan en relaciones solidarias con otros grupos de su misma clase.

Resulta del mayor interés las formas comunales de “castas indígenas” en tierras ejidales, aún cuando han perdido la propiedad de sus tierras, así como las comunidades indígenas del bosque húmedo del Caribe. Importantes numéricamente, incluso en pueblos y ciudades, viven relativamente bien por sus tradiciones organizativas; aunque la estética de su aspecto y viviendas no sea la occidentalizada de la clase media. Por ejemplo, en la comunidad de Mombachito, cerca de Camoapa, se observa un cierto nivel de vida, gracias a su propia forma de economía, por comparación con grupos que ellos llaman “ladinos”. En la primera mitad de los años 90, el abastecimiento y calidad del agua en Mombachito era muy superior al conjunto de la ciudad de Camoapa, gracias a un pozo comunal con un ingenioso bombeo de mano; y el estado lamentable de todas las escuelas públicas de la ciudad, por el recorte presupuestario del gobierno, contrastaba con el aseo y la conservación óptima del mobiliario y local de la escuela de Mombachito. También en Catarina se registra la distribución comunal, conservando las mismas redes de grupos y familias de generaciones atrás; y hay prácticas como el encargo social del velorio, que el deudo es acompañado y atendido en todas sus necesidades. La expresión más evidente de su organización se observaba, hace sólo 40 años, cuando tenían chozas de paja que la familia propietaria podía cambiar de un solar de alquiler a otro; y bastaba una fiesta de comilona con chicha para reunir al grupo que desenterraba los horcones, y cargaban la choza por la calle hasta depositarla sobre los huecos hechos en otro solar. Todas estas formas grupales implican la migración.