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Latinoamérica envejece. No se trata de un pronóstico, de un deseo o una sentencia. Simplemente es una realidad, algo que sucede en casi todos los países de nuestra región. Con diferentes ritmos y distintos perfiles, a nuestra región también le llegó el momento de pensar en ese fenómeno demográfico.

Algunos países como Uruguay, Argentina y Cuba se adelantaron en el camino, en tanto que otros como Nicaragua, Ecuador o Bolivia apenas inician la travesía. Sin embargo, la mayoría de las naciones están en la ruta. En razón de esto es muy probable que en las próximas dos o tres décadas la demografía latinoamericana cambie en forma radical. Por ejemplo, en la actualidad 1 de cada 20 mexicanos se ubica en el grupo de mayores de 65 años (Adultos Mayores) esperándose que para el 2030 la relación sea de 1 de cada 8 y para el 2050 sea 1 de cada 4. Nicaragua se orienta también en ese orden, con su relatividad, por supuesto.

Apenas se está a tiempo para anticipar la demanda de servicios sociales que con toda probabilidad se va a generar. Será necesario entender que el problema no se reduce a los asuntos sanitarios. En la vejez, la salud, o la falta de ella, no es el único problema ni tampoco la única solución para este grupo de personas. El escenario es más complejo. Algo que es seguro es que los países que no se preparen para enfrentar esta inminente realidad cometerán un error histórico que por desgracia otras generaciones tendrán que pagar.

La vejez no está de moda en los medios de comunicación. En un mundo donde se venera la juventud, la situación y los problemas relacionados con la vejez llegan de manera lenta y progresiva a la conciencia colectiva. Las sociedades contemporáneas se enfrentan a un fenómeno de carácter histórico único. Por primera vez en la historia humana el volumen y la proporción de Adultos Mayores alcanzan tal nivel que están convirtiéndose en un tema de preocupación. Pero, más que eso, debería ser de ocuparnos. El envejecimiento de la población exige definir la sociedad futura deseada y articular las políticas sociales orientadas a conseguir tales fines y colocar a la sociedad en una situación que demanda medidas de política social específicas. La rápida estructuración de este nuevo grupo de edad obliga a buscar nuevos papeles sociales para dar sentido a esta etapa de la vida.

Cómo, cuándo y por qué envejecemos

“Ver en el día o en el año un símbolo de los días del individuo y sus años, convertir el ultraje de los años en una música, un rumor, y un símbolo”. J. L. Borges
El envejecimiento humano es un fenómeno ecológico que refleja influencias de la genética, el ambiente físico y social, así como de la organización de la conducta individual, lo que deja atrás la concepción del envejecimiento meramente cronológico, que lo reduce a un límite de tiempo y a registros convencionales. En la actualidad se prefiere diferenciar o estratificar el envejecimiento en Biológico, Psicológico y Social.

De acuerdo con el punto de vista Biológico, los cambios se engloban desde tres perspectivas: Molecular, Celular y Sistémica, las cuales pueden traducirse en: pérdida celular, declinación fisiológica, y pérdida de la vida. Cada órgano o sistema envejece de manera particular y heterogénea; algunos de estos cambios marcan un umbral muy tenue entre lo normal y lo patológico (enfermo).

La familia: sostén, contención o abandono

La familia se considera una de las instituciones más antiguas y complejas de la organización social; su dinámica se vincula de manera inevitable con los cambios sociales, culturales y económicos de la época, representando un microcosmos de lo que sucede en el mundo exterior y cada uno de sus miembros también se ve afectado por la dinámica interna.

Ante una situación de cambio en su estructura y funcionamiento cabe preguntarse si la familia aún es la fuente habitual de ayuda y apoyo para los ancianos en los tres aspectos tradicionales:

1.- Proporcionar ayuda financiera continua o en situaciones de urgencia.
2.- Proveer cuidados en caso de enfermedad, y
3.- Brindar estima, afecto y gratificación.

En la actualidad diferentes situaciones ponen en peligro el cumplimiento de estas funciones, por ejemplo, los cambios estructurales que la familia ha sufrido en los últimos decenios como consecuencia de los avances tecnológicos y las modificaciones en la esfera social que repercuten en el envejecimiento poblacional o individual.

El ejercicio físico y el deporte de recreación en la vida de las personas de edad madura.

Desde un punto de vista estrictamente biológico, la persona de edad madura se caracteriza por un proceso de envejecimiento, proceso biológico que como tal debemos asumirlo como natural, fisiológico y normal. No obstante, la forma de vida actual propicia un buen número de “agresiones” que de forma continuada deteriora insidiosamente el organismo humano, tanto en su aspecto morfológico como funcional, favoreciendo la pérdida precoz de su estado de salud. Estos factores agresivos vienen representados genéricamente por la inadecuada alimentación, el sedentarismo, el stress , el tabaquismo y el abuso de las bebidas alcohólicas, todo esto acompañado por la contaminación del medio ambiente. Juntos estos factores deterioran el organismo llevándolo hacia un envejecimiento precoz o patológico.

La práctica de la actividad física en las personas mayores persigue el dotar de “una mejor vida a los años y no de más años a la vida”. Se debe considerar que cuando se aplican o se inician programas de actividad física en las personas de edad se deben buscar 3 objetivos principales:

A.- Luchar contra el envejecimiento patológico mediante la puesta en marcha de todas las funciones orgánicas y de forma especial las funciones respiratorias, cardiovasculares y de Locomoción.

B.- Hay que procurar no solo el bienestar físico sino también el mental.

C.- Buscar la conservación o consecución de la independencia y autonomía física y síquica, que engloban una mejor dignificación del ser humano.

Consejos prácticos para una mejor condición física:

Debemos basarnos en la premisa de dejar de ser sedentarios y pasar a ser activos.

1.- Antes de iniciar un programa de acondicionamiento físico es conveniente consultar a su médico, sobre todo si sufre de alguna enfermedad o limitación física.

2.- Organice su tiempo de 3 a 5 veces por semana durante una hora en días alternos; será suficiente para realizar las actividades físicas que más le gusten.

3.- Escoja un sitio seguro y camine, trote o monte en bicicleta. Estas actividades mejoraran el funcionamiento de su corazón.

4.- Si va a la playa o al campo no permanezca inmóvil; muévase lo que más pueda: camine, salte, practique cualquier deporte en forma recreativa, aunque no tenga destreza para ello.

5.- Si frecuenta edificios con elevadores NO los use. Utilice las escaleras hasta donde su condición física se lo permita.

6.- Evite subir a un carro o bus para desplazarse a cualquier sitio siempre que pueda hacerlo caminando o en bicicleta.

7.- Si no puede salir de la casa para realizar sus ejercicios, ponga música “movida” y baile por lo menos 30 minutos sin parar.

8.- Salte con una cuerda si no tiene problemas de articulaciones, obesidad, o vejiga, empezando con periodos cortos de 2 minutos y descansando 1, durante 15 minutos por lo menos. Cada semana aumente progresivamente los periodos de salto.

9.- Fabrique una grada de madera (cajón de aproximadamente 40 cms. De ancho por 85 de largo y 15-20 de alto, con hule por encima y debajo para que no resbale). Practique la marcha subiendo y bajando. Ponga música y agregue movimientos con los brazos. Invente usted mismo su coreografía de 20 a 30 minutos de duración. Debe asegurarse colocar todo el pie sobre la superficie del cajón y mantener una postura recta. No agregue brincos ni rebote en sus movimientos.

10.- Aproveche el tiempo que esté sentado, todos los días durante 10 minutos realice ejercicios de estiramiento y flexibilidad. Aunque esto no mejora su resistencia aeróbica, al menos lubricará sus articulaciones y ayudará a la irrigación sanguínea. Realice movimientos laterales del tronco, extensiones del codo, rodillas y tobillos; diferentes movimientos de brazos, muñecas y dedos. Haga 10 veces cada ejercicio.

11.- Antes y después de una sesión fuerte de actividad física realice ejercicios de estiramiento y flexibilidad para calentamiento al inicio y enfriamiento al final, complemente además con alguna gimnasia para darle tonicidad a los músculos.

12.- Recuerde que además de la falta de ejercicio otras causas que ocasionan mala forma física son: el exceso de comida, exceso de bebidas alcohólicas y el tabaco.

En próxima oportunidad hablaremos de otro tipo de ejercicios, los ejercicios neuróbicos, que son para mantener en forma el cerebro para que nos ayude a una mejor memoria y a resistir ese fenómeno diario llamado “stress”.

*Miembro de la Academia de Ciencias de Nicaragua (ACN)

Miembro de Fundación Alzheimer de Nicaragua (FADEN)