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En el año dos mil siete me retiré de ejercer, en Nicaragua, la profesión de Abogado y Notario. Razones personales y las irregularidades del Sistema Judicial nicaragüense, adelantaron mi retiro. Vendí el inmueble, los muebles, en la que estaban localizadas mis oficinas, e hice entregue a otros colegas con el consentimiento de los clientes, de los expedientes, que aun se estaban tramitando.

A mí siempre me han gustado el campo y la naturaleza. Con los ahorros que tenía, invertí una suma considerable de dólares y dos años y seis meses de trabajo físico y duro en una sociedad de hecho en un proyecto de ganadería y agricultura. No puedo negar que mi tiempo físico y mental invertido en ese proyecto lo disfruté al máximo. Desgraciadamente, por carecer de moral y palabra, mis socios de hecho, estoy en la actualidad, involucrado nuevamente en la profesión de abogacía. Resulta que mis socios de hecho quieren despojarme de mis ahorros y trabajo. Por tal razón tramito cuatro casos judiciales encaminados a recuperar mis ahorros y el trabajo invertido.

Los demandados, además de ser parte de mi familia consanguínea, se jactan de tener influencia política y corporativa en este país. Así lo han expresado en público reiteradamente y, al parecer, deben de tener algún padrino político, pues los cuatro casos que tramito en contra de ellos, después de casi dos años de haberse iniciado, no caminan. Inútiles han sido mis argumentos escritos, de jurisprudencia y doctrina, las innumerables audiencias personales sostenidas, por lo menos, tres veces al mes, en los últimos dieciocho meses, con el Juez Civil de Distrito y con los secretarios de actuaciones que conoce los casos.

Cansado y aburrido de la retardación de justicia, he iniciado, quijotescamente, un recurso/queja por retardación de justicia ante el Tribunal de Apelaciones competente. He preparado, estudiado y elaborado, creo yo, una buena presentación al cuerpo colegiado, solicitando la corrección de las omisiones y las fallas del inferior jerárquico.

Solicité audiencias con los magistrados que están conociendo el recurso, y para mi sorpresa, dos de ellos, después de escuchar seriamente mi exposición con buena voluntad y honestidad de su parte, me hicieron la siguiente pregunta: “¿Doctor ya tocó usted arriba?”.

Tengo que reconocer que la pregunta hecha no debió sorprenderme, pues una de las razones por las que me retire de la profesión fue, casualmente, por las anomalías que existen en el sistema de justicia en este país.

Me tomo una fracción de segundo para volver a comprender la triste realidad que vivo. Con todo el respeto que los señores magistrados se merecían, de inmediato les contesté: ¿a caso no hubo en este país una revolución, debido a la corrupción que se le ha achacado a los Liberales Nacionalista y a la familia Somoza?

¿Por qué debo yo, o cualquier ciudadano nicaragüense, convertirme cuando menos en cómplice o coautor de los delitos de Extorsión Artículo 228 Código Penal; Tráfico de Influencias, Artículo 450 Pn.; Negociaciones Prohibidas a los Funcionarios y Empleado Público Artículo 456 Pn.; Obstrucción de Funciones Artículo 460 Pn.; Prevaricato, Artículo 463 Pn.; Denegación de Justicia, Artículo 464 Pn.; Retardación Malicioso Artículo 465 Pn.; Encubrimiento, Artículo 470 Pn.; Perjurio Artículo 474 Pn.; Obstrucción de Justicia, Artículo 480 Pn.- ; junto con los funcionarios del Poder Judicial del país?

¿De qué sirvieron las muertes de más de cincuenta mil jóvenes nicaragüenses; la destrucción de la economía, y el exilio obligatorio de más de un millón de personas? ¿De qué han servido las expropiaciones y las supuestas indeminizaciones de los bienes ilegalmente confiscados? ¿Cuál es el estado de derecho que a diario argumentan que existen en este país los líderes políticos? Aún más, el Artículo 8 de la Ley No. 260, Ley Orgánica del Poder Judicial, cuyo texto creo es importante leer, ordena, y transcribo textualmente: “Los Magistrados y Jueces, en su actividad jurisdiccional, son independientes en todas sus actuaciones y solo deben obediencia a la Constitución Política y la Ley. No pueden los magistrados, jueces, o tribunales, actuando individual o colectivamente, dictar instrucciones o formular recomendaciones dirigidas a sus inferiores acerca de la aplicación o interpretación del orden jurídico en asuntos sometidos a su conocimiento…Los magistrados o jueces que se vean inquietados o perturbados en su independencia, deben ponerlo en conocimiento de la autoridad prevista en la presente ley.” Aunque nuestra Constitución Política es ley muerta, insto al lector que, lea los siguientes Artículos 5, 7, 25, 27, 48, 98, 99, 105, 129, 130, 131, 158, 160, 182, 183, y 184 de la Constitución Política.

Tocar arriba, significa en nuestra realidad jurídica, que el ciudadano nicaragüense para obtener justicia, debe de pedir favores o pertenecer a la misma organización políticas de la cúpula de los funcionario del poder judicial, a de un político prominente, o del juez, para que la justicia no sea tardía y, no sea parcializada.

La revolución solidaria, cristiana y socialista que la actual administración anuncia a todo loa ancho y largo del país, no ha podido cambiar los males, por los que supuestamente, lucho para alcanzar el poder político. Por el contrario, por lo menos en lo que yo he tenido que lidiar, los males de la corrupción, retardación de justicia, violación de los derechos individuales de las partes en los trámites judiciales, es una verdad innegable. El caos y la anarquía dentro del sistema judicial, impera en todo el ámbito del territorio con impunidad y descaro.

¿De qué sirve al ciudadano común, reclamar los derechos consignados en la Constitución Política, leyes generales y especiales en este país? ¿Cuál es el precio que la ciudadanía debe pagar para poder vivir en realidad en una democracia? ¿Hasta dónde nos llevarán los partidos políticos, sus dirigentes y la administración pública?

Será, me pregunto yo, que se necesita de otra confrontación armada para resolver todos los problemas que crean los políticos y los partidos políticos. Todas estas interrogantes, estoy seguro, que la gran mayoría del ciudadano nicaragüense, se las repite todos los días.

De continuar en este sendero, no solo perderemos el Guanacaste y el Territorio en Litigio, sino que no me sorprendería que esta “Nación de Nicaragua”, eventualmente esté en peligro de desintegrarse. Costa Rica, Colombia, Honduras y El Salvador, podrían anexar físicamente parte de nuestro territorio. De dársele la oportunidad a los departamentos colindantes con los países centroamericanos, y a la Costa Atlántica, estos podrían escoger democráticamente ser parte de aquellos y no de Nicaragua. Ya existen antecedentes históricos y grito e intentos de independencia de la Costa Atlántica.

Tocar Arriba, es para mí, tocar abajo. Es contribuir y ser parte de la corrupción. Yo no estoy dispuesto a pagar ese precio.