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Cuando el periodista Adolfo Pastrán solicitó mis comentarios sobre las recientes encuestas que ponen al FSLN con ventaja electoral y, además, revelan un crecimiento en las opiniones favorables que recoge el Presidente Ortega, comenté que había que separar dos cosas. Por un lado, la simpatía e intención de voto del FSLN, y por otro la favorabilidad de Ortega.

En cuanto al FSLN las encuestas lo que indican es que está volviendo a su techo histórico, quizá unas décimas más, pero no mucho más. Lo mismo ha ocurrido en el pasado, en que a medida que se acercan las elecciones, el FSLN comienza a recuperar su techo histórico, que ha oscilado, en las cuatro elecciones que hemos tenido entre 1990 y el 2006, entre el 38% y el 42%.

En cuanto a Ortega se aprecia un innegable crecimiento de su favorabilidad, y no se trata de cuestionar las encuestas pues caeríamos en la posición oficialista que las cifras gustan cuando favorecen y se descartan cuando no favorecen.

Pero la favorabilidad es como la fama, volátil, y muchas veces efímera, por lo que cabe preguntarse si hay, más allá de fenómenos pasajeros como la amplia exposición de Ortega a los medios de comunicación por la emergencia de las lluvias, y las entregas de materiales y suministros a los damnificados, razones de fondo que sustenten y, sobre todo, sostengan ese crecimiento de la favorabilidad de Ortega. Yo no los veo, y por eso no me preocupo, porque no creo haya un endoso de respaldo sostenible a su gobierno, una vez que la repartidera de la emergencia termine. Cuando la misma pase, y las entregas de ayuda de emergencia terminen, la gente volverá a su realidad, y en Nicaragua ni está creciendo el salario real ni están creciendo los empleos, que son las cosas que más importan. No tengo, por ejemplo, la menor duda, que si en este momento, después del rescate de los mineros chilenos, se mide la popularidad del Presidente Piñera, la misma se ha ido a los cielos, como en una situación diferente y en otro contexto ocurrió con el Presidente Bush después de la tragedia de las Torres Gemelas.

Finalmente, le dije a Pastrán, la política es como un juego de espejos, y ante el desastre de imagen de la oposición con su fraccionalismo, y magistrados y diputados que van y vienen de una a otra posición política, sin duda que eso repercute en que Ortega y su partido se vean mejor. Es como solía decir a los muchachas de mi pueblo, el Ocotal, cuando era joven, “vení, ponete a mi lado, que como soy feo te vas a ver más hermosa”, y más de una mordió el anzuelo.