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A Paul y Álvaro, mis amigos chilenos

El rescate de los mineros en Chile es causa de conmoción en todo el mundo. Una cohesión, sin tintes partidarios ni mediocridades, imagen país impecable. Una fe poderosa en ello/as mismo/as. “Chile adelante, Chile todo lo puede, Chile grande, Chile fuerte, Chile trabajador, Chile se levanta de las cenizas, Chile unido” ¿Qué país no prospera con semejante conciencia de fuerza y poder?
“Me siento orgulloso de ser chileno”, estas fueron las palabras de Luis Urzúa, el último minero en ser rescatado, después de estar 69 días atrapado a 622 metros de profundidad en la mina de oro y cobre San José, al norte de Chile. Los primeros 17 días estuvieron en absoluto silencio, al punto que el 12 de agosto - 7 días después del accidente - el Ministro de Minería señaló que las probabilidades de encontrarlos con vida eran muy bajas. Este accidente minero, es el peor en más de medio siglo en Chile y el rescate es también la mayor operación de toda la historia de la minería.

A partir del 22 de agosto - 17 días después de estar atrapados en un refugio que llamaron “el infierno” - se tuvo conocimiento del estado de los mineros y se inició un contacto constante con ellos, tras recibir esa nota que estremecería al mundo: “Estamos bien en el refugio los 33”. 17 millones de chilenos paralizados, pendientes de todo cuanto acontecía al interior de la mina.

El accidente en la mina y el rescate de los mineros ha generado una gran controversia, mil millones de personas alrededor de todo el mundo sintonizados. Sin embargo, lo que más me ha impresionado son las muestras de solidaridad, optimismo y energía del pueblo chileno. El discurso colectivo en torno a la situación de los mineros y los esfuerzos conjuntos del gobierno para rescatarlos. Las expresiones de los mineros y de la gente en general al verlos salir de la cápsula Fénix 2, eran de euforia, felicidad y con evocaciones constantes a la bandera chilena. En las comparecencias ante los medios, el Presidente Sebastián Piñera – sin pertenecer a la Concertación que lideró Chile por 17 años – al evocar el pasado lo hacía refiriéndose a un país en crecimiento, de un Chile unido frente a las calamidades sin tintes partidarios ni pleitos políticos. El mensaje era claro: “Chile creciendo”.

La bandera que han ondeado los chilenos, no ha sido una bandera partidaria, ha sido su bandera nacional, misma que ondean los cienes de familiares, amigos, funcionarios y compatriotas que seguían paso a paso la operación. No hubo ni una sola referencia partidaria en ninguno de los escenarios donde se vivió esta experiencia. Muestra de madurez y respeto, que ciertamente nos falta por aprender. Decía Mark Twain que el patriotismo, al igual que las religiones, si no se ejercita con conciencia crítica es negativo. Los chilenos tampoco caen en este exceso.

La proeza está en su madurez política, no únicamente en su patriotismo. Las labores de la mina San José se habían suspendido en el año 2007 por considerarse insegura. Se ha discutido que el Servicio Nacional de Geología y Minería Chilena es muy reducido para regular la actividad minera del país. Esta “justificación” no ha evitado que el Presidente Piñera solicitara la renuncia de tres altos cargos de dicho centro. La mina San José es privada, pero el Estado es el encargado de controlar la seguridad. El presidente también indicó que se cerrarían operaciones no únicamente en esta mina, sino en todas las que (con una nueva evaluación) se consideren riesgosas. Por tanto, más allá del esfuerzo por rescatar a los mineros, desde hace 65 días se incorporó la problemática de la seguridad de las minas en la agenda nacional de una forma seria y responsable. Se hizo todo lo humanamente posible por rescatarlos y también hubo consecuencias para los que debieron garantizar la seguridad previamente y efectos a futuro cerrando las labores de la mina y centrando su atención en la seguridad de los trabajadores mineros en general.

El Presidente, su gabinete y la gente en general, siempre hacen referencia a un Chile victorioso, asumiendo responsabilidad por su crecimiento como país y por su más reciente victoria con la “Operación San Lorenzo”, como un logro de nación en donde participaron directamente cienes de personas. “Lo hicimos a la Chilena, lo hicimos bien”, fueron las palabras de su presidente.

La tolerancia por la ineficiencia estatal de nuestros amigos chilenos es mínima, basta recordar el tremendo escándalo cuando el servicio de transporte “Transantiago” dejó de ser eficiente para sus usuarios. No obstante las múltiples expresiones religiosas, sin caer en la demagogia y la falacia, los discursos oficialistas se han basado en la unidad nacional y en la entereza de los chilenos para sobrellevar las dificultades. ¿Currículo invisible? Poderoso y efectivo.

El contraste con el ambiente en Nicaragua es desolador. Un país sin esperanza a futuro, se percibe una falta de energía, de fe y de confianza que las cosas algún día cambiarán. Nos tomamos nuestras desgracias en broma; “El país de las maravillas”, “El paisito”; “Nicaragua, donde todo es posible.” Vivimos en una Nicaragua sumida en una depresión colectiva que tiene paralizada nuestras mentes - y lo que es peor – nuestra voluntad de esfuerzo y trabajo.

El empoderamiento y la certeza de un futuro mejor frente a las calamidades traen transformaciones profundas en las sociedades. El milagro económico Alemán y el Milagro Japonés, son claros ejemplos. El principal factor de la recuperación de Alemania después de la Segunda Guerra mundial es fruto del trabajo de los propios alemanes, quienes reconstruyeron con sus propias manos sus ciudades. Un ejemplo aún más loable, la reunificación de Alemania después de la caída del muro de Berlín. El milagro japonés, después de sufrir el lanzamiento de dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki y la ocupación militar, es también un ejemplo extraordinario de empoderamiento civil.

Hay ejemplos de países que progresan social, económica y políticamente, que viven en un ambiente político de responsabilidad y madurez, Costa Rica, Chile, Uruguay y Brasil son dignos ejemplos en América Latina. ¿Algún día será nuestro turno? Hoy por hoy, debemos alegrarnos que en Chile, los finales felices son posibles.


*jasminmaria@hotmail.com