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El presidente ciudadano Daniel Ortega ha mostrado una serie de fotos en calles y carreteras a la par de Andrés Castro, Rubén Darío y Sandino, sin dejar de usar la televisión y otros medios como propagada electoral, sepultando a Carlos Fonseca Amador. Hay que tomar en cuenta varias cosas, en primer lugar, ésta es una concepción anti-frente y en cierta medida anti Carlos Fonseca, por no decir anti-histórica; y lo que afirman según los actuales dirigentes del Frente y del gobierno donde aprecian la perspectiva de dar continuación a la revolución de julio de 1979 perdida en las elecciones de febrero de 1990, como primer periodo. Luego viene el segundo, según ellos, parten de la victoria electoral obtenida por Daniel Ortega del 7 de noviembre de 2006, para la presidencia, donde pone de manifiesto la segunda etapa de la revolución y han montado una propaganda en beneficio del actual dirigente del Frente llamado el danielismo o el orteguismo como estrategia y táctica de la reelección consecutiva, violando todo el espíritu de las leyes constitucionales y las reglas institucionales que en cierta manera emanan de la revolución del 19 de julio de 1979.

Hoy, a veinte años de las elecciones de 1990 en las que salió vencedora la UNO y el Frente Sandinista resultó derrotado, a pesar de ello, no se ha hecho un estudio a fondo de tal derrota, sin embargo, a mi modo de ver, en esas elecciones se puso término a la revolución sandinista, es decir, las urnas le dieron a la UNO la victoria electoral y por tanto el fin de la revolución sandinista. Si este concepto está equivocado no sería demás que los presentes dirigentes del danielismo o el orteguismo expusieran sus argumentos para aclarar el fenómeno de la revolución sandinista. Que está inconcluso.

La crisis no solo es de estructura política sino una crisis de Estado y Nación y a la vez se relaciona con países cooperantes amigos y otros.

Los acontecimientos recientes obligan a revisar la historia del 80 y posterior a la derrota electoral del mes de febrero del año 90, es decir la estructura económica, política y social que la revolución destruyó y el nuevo sistema del orteguismo que rescata algunas formas del antiguo régimen, desde luego la reelección forma parte del pasado dinástico, esto no lo ha borrado ni entendido el gobernante llamado sandinista.

Daniel Ortega y su grupo creen que la revolución se presenta por otros medios, no es así. La revolución del 19 de julio de 1979 fue progresiva ya que en América Latina no se había conocido hasta entonces tamaña dimensión, por tal razón Nicaragua se convirtió en el eslabón antiimperialista del continente latinoamericano desde la izquierda; no lo supimos aprovechar. El antiimperialismo formó parte del programa del Frente redactado en 1967, pero este principio no significaba el fin del sistema capitalista norteamericano. A veces la historia se burla de los revolucionarios creyendo que defienden un proyecto de cambio y transformación social y económica sin darse cuenta que la democracia puede estar reprensentada por una fuerza social llamada democrática que puede ser derrotada para que prevalezca la democracia.

No trataré de comentar los artículos de la Constitución que han sido violentados por los actuales mandatarios, pues ya algunos expertos en esta materia lo han interpretado fielmente, en todo caso mi idea estará argumentada acerca de la crisis de Estado. Pienso que todo el poder estatal está en bancarrota; no se guían por ninguna expresión constitucional, por el contrario la desprecian y la someten en la práctica a la crítica contra los poderes del Estado. Toda la estructura del poder estatal ha sido sustituida por un grupo de personas que se convirtieron en los nuevos ricos después de la derrota electoral de 1990, desafiando la estructura económica, reduciéndola a simple marioneta del los gobernantes.

El Poder Judicial forma parte de la crisis legal e institucional; el Consejo Supremo Electoral no escapa a la servidumbre del orteguismo pues es un golpe al proceso electoral del próximo año; la Asamblea Nacional, hemos visto desde que se firmó el Pacto Ortega-Alemán, en 1999, ha vuelto la espalda y en grandes ocasiones decisivas no tratan por defender el orden constitucional, contra el Poder Ejecutivo, es en todo caso, otro monigote del poder; aún la Policía y el Ejército.

La Asamblea Nacional perdió todo el poder que le confiaba la Constitución al apoyar indirectamente las medidas proclamadas por el Ejecutivo, ahora los diputados luchan por motivos salariales, por los beneficios que le otorga el Parlamento y el Ejecutivo para aumentar su riqueza individual. Cuando se dan estos fenómenos significa que los nuevos ricos han perdido el rumbo de gobernar y no les queda más remedio que gobernar ursupando el Parlamento contra el pueblo y el poder constitucional para mantener la riqueza mal habida y aumentarla como la ayuda que proporciona el gobierno de Venezuela.

Toda esta ilegalidad no es más que por el afán de reelegir al presidente Ortega, al presidente no le interesa la estructura social, ni sabe cómo se administra. Ha sustituido la Constitución por sus ambiciones reeleccionistas, pretende destituir, y destituirá, a todo el que se le oponga enfrente, sin piedad, ya sea normas legales o personas.